domingo, 20 de abril de 2014

EL LINAJE DEL HOMÍNIDO ACTUAL EN EUROPA



La historia del origen del hombre moderno se complica. En nuestro genoma hay herencias de cuatro especies humanas diferentes.  JOSÉ MANUEL NIEVES

viernes, 18 de abril de 2014

DE SANTOS Y PAGANOS

La celebración de la Semana Santa en los países católicos entronca, como muchas otras festividades que se suceden a lo largo del año, con las antiguas celebraciones milenarias que la Iglesia Católica intentó cubrir con su manto de religiosidad. Que se celebre en la primera luna llena posterior al equinoccio de primavera no es una invención del Evangelio, sino el mantenimiento de ubicación de la celebración de la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, más o menos, conforme al calendario de la Pascua Judía. Y quede en el olvido cuándo fue tal Pascua en el año 33 de nuestro particular cómputo temporal.


Se trata así, de manera sencilla, de la asunción de festividades que encauzaban en otro tiempo la fiesta y la algarabía pagana hacia el redil de la Iglesia, en este caso la Católica, y que toma forma definitiva en Andalucía a partir del Concilio de Trento de 1545 y la defensa del Dogma Mariano.

A partir de ese juego temporal –esa luna llena posterior a la primavera que otro Concilio, el de Nicea de 325 se empeñó en aclarar y distinguir del cómputo judaico-, se anteponen las fechas de la Cuaresma y el Carnaval, y con posterioridad, el Pentecostés y el Corpus Christi. En el año litúrgico de los católicos, en lo esencial, es el tiempo de adviento y la Navidad quienes se mantienen firmes en el calendario, inamovibles en su evocación de las celebraciones seculares del dios Sol alrededor del solsticio de invierno.


El vaivén de fechas coloca la Semana Santa un año en un mes, otro en otro, variando entre marzo y abril, donde al zarandeo de la luna llena provoca que un viernes santo pueda celebrarse con una distancia de un año y 28 días respecto del anterior. El proceso se llama computus, y tiene su miga. Provoca así la perplejidad, tan asumida, de que de un año para otro, no tenemos la constancia de cuándo será Semana Santa –o Carnaval, o Pentecostés- sin estar atentos al calendario lunar y a los cálculos realizados con el algoritmo de Butcher. Curiosa esclavitud, y muy antigua, la de estar atentos a los ciclos de la luna.

En las celebraciones andaluzas de Semana Santa causa también cierta sorpresa que políticos de izquierda, artistas comprometidos y revolucionarios de salón participen y disfruten de los desfiles procesionales. Quizá porque hayan encontrado la vena folclórica, antropólogica, tradicional o ancestral que coloca en la calle pasos de flores y perfuma las ciudades y pueblos, recrea el martirio de la muerte y el triunfo de la vida, como una primavera de renacimiento. Puede ser. Como puede ser que en tales celebraciones se den la mano el empeño cristiano de emulación del ejemplo de vida y muerte de Jesús de Nazaret, para expiación y penitencia, con el anhelo de celebración primaveral, que en otras latitudes ha engendrado la caza de gnomos en Finlandia, una especie de Halloween sueco, huevos decorados, conejos de pascua y monas de chocolate, con denominación de origen musulmán, por ejemplo.

La colisión entre Iglesia y celebración pagana, sabemos, tuvo a la primera como triunfadora y el panorama de la celebración, su texto podríamos decir, sigue la iconografía del Nuevo Testamento y todas las aportaciones que con posterioridad se han ido añadiendo, que tuvieron en la interpretación católica del siglo XVI, la Contrarreforma, su definitiva cristalización. De ahí la devoción mariana y el desfile procesional de muerte y resurrección –que tan bien entroncaría con las celebraciones de vírgenes mediterráneas y el culto a Atis, a Astarté o la entrada de Osiris en la luna- y su asentamiento en las cofradías medievales, de gremios y oficios, adscritas a santos patrones que pronto sustituirían por advocaciones religiosas.


La identificación entre ideología y celebración salta por los aires: tiene algo como de polémica sobre tauromaquia, de placer estético por lo ancestral que choca frontalmente con los cánones del derecho a la vida o el laicismo, por ejemplo, que los programas de la Ilustración establecen en la izquierda racional. Por eso la identificación con el adoctrinamiento religioso de menores, proclamadas cíclicamente por representantes públicos en pos de la libertad, soslaya el significado más profundo de la fiesta y se queda en el más epidérmico de la religión. De la misma manera habría que identificar como función adoctrinadora religiosa a los niños que tocan la zambomba y cantan villancicos rijosos, como la intervención de menores tirando petardos en cualquier fiesta de pueblo que tenga por motivo la celebración de un santo patrón. Ni lo uno ni lo otro. Tras todo patrón, tras toda advocación, hubo un trozo de madera, un leño venerado, y las prácticas de origen religioso católico hay que observarlas con distancia. Todo lo demás son simplificaciones que intenta igualar las religiones con los comportamientos populares, sin mirar más allá.

Por eso la defensa a ultranza de la religiosidad de la Semana Santa, para sus detractores y para sus defensores, es una batalla perdida en el tiempo, que como todo, quedará como lágrimas entre la lluvia.


Es pues, la fiesta primaveral tamizada con intento de apropiación indebida de la Iglesia, con un vaivén histórico que a lo largo del tiempo ha proporcionado momentos gloria y momentos de olvido, manifestaciones anquilosadas y fosilizadas frente a inclusión de innovaciones con aire tradicional. Junto a ella, la organización grupal en cofradías mantienen una doble vertiente: la religiosa, afincada en el trabajo grupal a lo largo del año que presta atención a la liturgia religiosa, a los mandatos eclesiales que producen acciones pías, triduos, recolecta de dádivas y se empeñan en el cumplimiento de las bienaventuranzas; y la festiva, colorista y sensual representación de un teatro callejero e interactivo, donde no se exige credencial de creyente para participar. Y donde no todos los que están creen en la Iglesia de Jesucristo a pie juntillas, ni todos los que no están son ateos practicantes. Ni siquiera es posible una correlación en cuanto a la estructura social. No en vano, gran parte de los participantes en la Semana Santa andaluza no provienen de las capas altas de la estructura social, pues estas aprovechan esas fechas para disfrutar de vacaciones en paraísos más o menos cercanos de playa o montaña. Las bases de la Semana Santa andaluza se asientan tanto en los trabajadores como en las clases medias. De ahí posiblemente la apariencia de contradicciones ideológicas.

Pero como indica el catedrático de sociología aragonés Antonio Ariño, en referencia a las fiestas populares, “en las sociedades multiculturales, terciarias, del capitalismo avanzado, globalizadas, las condiciones y consecuencias de esa producción de comunidad han cambiado, pero no han desaparecido”. Así que la fiesta sigue ahí, y a poco que se escarbe aparecerán ancestrales motivaciones que soportan los puntales de la fiesta primaveral.


Los motivos del auge han residido históricamente en la reafirmación de los valores religiosos, nacionales o populares en tiempos pasados, tanto como en la actualidad se apoyan en sentidos económicos como el turismo -estupenda coartada ideológica para los poderes que apoyan el incremento y mejora de la fiesta- como en el valor alcista de los conceptos populares y tradicionales, frente a los racionales y la modernidad. El sentimiento frente a la razón, la búsqueda nostálgica y orgullosa de la raíz frente a la desbandada del progreso y la uniformización: todo muy propio del siglo XXI donde se ensalza lo lúdico y se vive en la contradicción.

Frente a lo uniforme en la globalización, el mimetismo provoca que el concepto andaluz se reinvente generando sucursales de producción, ya sea de la Semana Santa sevillana, el Carnaval gaditano o de la Romería del Rocío, en cualquier rincón del Sur; o bien recuperando y actualizando tradiciones propias rastreadas en los anales, recuperadas de la tradición oral, tal y como si fuesen seña de identidad.

Lo que no impide que la Semana Santa sea a fin de cuentas un largo periodo vacacional en el despunte de la primavera: la celebración del renacer de la flor tras el duro invierno. Podríamos cambiar el envoltorio, menguar la algarabía, transformar los sentidos. Pero habría fiesta primaveral. Y ahora es esta: con ruido y ocupación callejera que enturbia el descanso del vecino y en tanto el agua primaveral no empape el desfile.



Alfonso Salazar


jueves, 17 de abril de 2014

TUSITALAS: TALLER PRÁCTICO DE RELATO

Un nuevo curso para la primavera


¿Existe la muerte o es una ilusión?

¿Es la muerte una ilusión?
Las evidencias sugieren que la muerte no es el fin
Robert Lanza (trad. A. S.)

Tras la muerte de un viejo amigo, Albert Einstein dijo: “Ahora Besso se ha ido de este extraño mundo que tengo ante mí. Eso no significa nada. Las personas como nosotros sabemos que la diferencia entre pasado, presente y futuro es solo una ilusión obstinada y persistente”.

Nuestras evidencias sugieren que Einstein tenía razón: la muerte es una ilusión.



Nuestra forma clásica de pensar se basa en la creencia de que el mundo tiene una existencia independiente de la del observador objetivo. Pero una larga lista de experimentos demuestra todo lo contrario. Creemos que la vida es solamente una actividad del carbono y una mezcla de moléculas, que vivimos un tiempo y luego nos descomponemos en el suelo.

Creemos en la muerte porque nos han enseñado que morimos. También, por supuesto, porque nos asociamos con nuestro cuerpo y sabemos que los cuerpos mueren. Fin de la historia. Pero el biocentrismo -una nueva teoría sobre el todo- nos dice que la muerte no puede ser el evento final que solemos pensar. Sorprendentemente, si se agrega Vida y Conciencia a la ecuación, se puede explicar uno de los mayores enigmas de la ciencia. Por ejemplo, está claro que el espacio y el tiempo -e incluso las propiedades de la materia en sí- dependen del observador. También está claro que las leyes, fuerzas y constantes del universo parecen estar tan exquisitamente afinadas para la existencia de vida.

Hasta que no reconozcamos que el universo está en nuestra mente, los intentos de comprender la realidad seguirán siendo un camino que lleva a ninguna parte.

Considere el tiempo "desde fuera": Usted ve un cielo azul, pero las células de su cerebro podrían cambiarlo, y el cielo lo vería de color verde o rojo. De hecho, con un poco de ingeniería genética probablemente se podría modificar todo lo rojo vibrase o hiciese ruido, o que tuviese ganas de sexo, como le sucede a algunas aves. ¿Usted cree que algo es brillante? Sus circuitos cerebrales podrían ser modificado para verlo oscuro. ¿Se siente usted caliente y húmedo? Pero si fuese una rana tropical se sentiría fría y seca. Esta lógica se puede aplicar prácticamente a todo. En resumen: lo que ve no está presente sin su toma de conciencia.

En verdad, no se puede ver a través de los huesos que rodean el cerebro. Sus ojos no son portales al mundo. Todo lo que vemos y experimentamos en este momento -incluido su cuerpo- es un torbellino de información que se produce en su mente. De acuerdo con el biocentrismo, el espacio y el tiempo no son los objetos duros y fríos que pensamos. Mueva su mano en el aire y tome distancia, ¿qué queda? Nada. Lo mismo puede aplicar al tiempo. Espacio y tiempo son simplemente instrumentos para presentar todo conjuntamente.

Consideremos el famoso experimento de la doble rendija. Cuando los científicos observan una partícula que pasa a través de dos ranuras de una barrera, la partícula va como una bala y pasa a través de una ranura o de la otra. Pero si no se tiene cuidado, actúa como una onda y puede pasar a través de las dos rendijas a la vez. Pero, ¿cómo puede cambiar una partícula su comportamiento en función de si lo ves o no? La respuesta es simple: la realidad es un proceso que involucra a la conciencia.

O considere el famoso principio de incertidumbre de Heisenberg. Si realmente hay un mundo con partículas rebotando alrededor, deberíamos ser capaces de medir todas sus propiedades. Pero no se puede. Por ejemplo, la ubicación exacta de una partícula y el momento exacto no pueden ser conocidos al mismo tiempo. Así que ¿por qué debería importarle a una partícula lo que se decida medir? ¿Y cómo pueden los pares de partículas entrelazadas conectarse instantáneamente en lados opuestos de la galaxia como si no existiesen el espacio y el tiempo? Una vez más la respuesta es simple: porque no están sólo "ahí fuera, el espacio y el tiempo son simplemente herramientas de nuestra mente.

La muerte no existe en un mundo sin espacio atemporal. La inmortalidad no significa una existencia perpetua en el tiempo, pues se encuentra fuera del tiempo, completamente.

Nuestra manera lineal de pensar en el tiempo también es incompatible con otra serie de experimentos recientes. En 2002 los científicos demostraron que las partículas de fotones ligeros “conocían” de antemano lo que sus gemelos distantes harían en un futuro. Sometieron a prueba la comunicación entre pares de fotones. Permitieron a un fotón terminar su viaje –en el cual debió decidir si ser una onda, o bien, una partícula. Los investigadores estiraron la distancia que el otro fotón tomó hasta llegar a su propio detector. Además, se podía añadir un codificador para evitar que colapsase en una partícula. De alguna manera, la primera partícula sabía lo que el investigador iba a hacer antes de que sucediera -y en distancias instantáneas, como si no hubiera ni espacio ni tiempo entre los fotones. Un fotón decidió no convertirse en partícula en tanto su gemelo aún se encontraba en el codificador. No importa cómo se haga el experimento. Mente y conocimiento son lo único que determinan la forma en que se comportan. Los experimentos confirman, de manera consistente, que los efectos dependen del observador.

¿Extraño? Consideremos otro experimento que fue publicado recientemente en la prestigiosa revista científica Science (Jacques et al , 315, 966, 2007) . Científicos franceses lanzaron fotones en un aparato y demostraron que, lo que hicieron, con carácter retroactivo podría cambiar algo que ya había sucedido, en el pasado. Como los fotones pasan por un tenedor en el aparato, tuvieron que decidir si se comportarían como partículas u ondas cuando se toparan con el divisor del haz. Más tarde -mucho después de que los fotones pasasen por el “tenedor”- el experimentador podría cambiar aleatoriamente un segundo divisor de haz encendiéndolo o desactivándolo. Resultó que lo que el observador decidió en ese momento y determinó en realidad lo que hizo el fotón en el tenedor, en el pasado. En ese momento, el investigador eligió el pasado.



Por supuesto, vivimos en el mismo mundo. Aunque los críticos afirman que este comportamiento se limita al mundo microscópico. Pero este punto de vista "de dos mundos" (es decir, un conjunto de leyes físicas para objetos pequeños, y otro para el resto del universo, incluidos nosotros) no tiene ninguna base en la razón y está siendo desafiada en los laboratorios de todo el mundo. Hace un par de años, unos investigadores publicaron un artículo en la revista Nature (Jost et al, 459, 683, 2009) que demuestra que el comportamiento cuántico se extiende a la esfera cotidiana. Unos pares de vibrantes iones se entrelazaron y mantuvieron unidos sus propiedades físicas, aunque estaban separados por grandes distancias (Einstein lo llamó, la "acción fantasmal a distancia"). Otros experimentos con grandes moléculas denominadas "buckyballs" muestran también que la realidad cuántica se extiende más allá del mundo microscópico. Y en 2005, los cristales KHC03 exhibieron crestas de entrelazamiento de 1,27 centímetros de alto: el comportamiento cuántico entra poco a poco en el mundo ordinario de los objetos a escala humana.

Solemos rechazar los múltiples universos de Star Trek como una ficción, pero no es más que un pedazo de verdad científica en un género popular. Un aspecto bien conocido de la física cuántica es que las observaciones no se pueden predecir en absoluto. En su lugar hay una gama de posibles observaciones, cada una con una probabilidad distinta. Una explicación preeminente es la interpretación de que existen "muchos mundos", la que afirma que cada una de estas posibles observaciones corresponde a un universo diferente (el "multiverso"). Hay un número infinito de universos y todo lo que podría suceder, ocurre en algún universo. La muerte no existe en ningún sentido real en estos escenarios. Existen todos los universos posibles, simultáneamente, independientemente de lo que ocurre en cualquiera de ellos.

La vida es una aventura que trasciende nuestra ordinaria manera lineal de pensar. Cuando morimos, no lo hacemos según la matriz aleatoria de una bola de billar, sino en la matriz ineludible de la vida. La vida tiene una dimensión no lineal: es como una flor perenne que vuelve a florecer en el multiverso.

"La influencia de los sentidos", dijo Ralph Waldo Emerson, "ha dominado la mente de la mayoría de los hombres, en la medida en que las paredes del espacio y el tiempo han llegado a considerarse algo sólido, verdadero e insuperable; y hablar con ligereza de estos límites en el mundo es un signo de locura".


(Robert Lanza es el autor de "Biocentrismo". Este artículo fue publicado en Psychology Today, noviembre 2011. Psychology Today es una revista de divulgación, no una publicación científica)




Artículo original


En abril de 2014 el artículo fue reproducido en diversos medios de comunicación (ver ejemplo en Público)






domingo, 6 de abril de 2014