domingo, 17 de enero de 2016

ALERTA, de VICENTE HUIDOBRO

Media noche
En el jardín
Cada sombra es un arroyo

Aquel ruido que se acerca no es un coche

Sobre el cielo de París
Otto Von Zeppelín

Las sirenas cantan
Entre las olas negras
Y este clarín que llama ahora

No es un clarín de la Victoria

Cien aeroplanos
Vuelan en torno de la luna

sábado, 16 de enero de 2016

POESÍA EN EL JARDÍN, 4

Elena Laura Serrano abre su jardín cada verano, invita a un grupo de jugadores de poesía y luego tiene la valentía y el coraje de publicar un libro. Este verano pasado Gracia Morales Ortiz, Marga Blanco, María Villa, Jesús Amaya, Jesús Montiel, David Hidalgo, Ana Gámez Tapias,Ramón Repiso y yo recibimos esa curiosa invitación a cenar y decir versos, mientras el fresco nocturno de la Vega pasaba al jardín. Ahora, ese libro que recoge aquella noche, se presentó el próximo jueves 14 de enero, a las 19:00 h. Y nos acordaremos del verano, que nos va a ir haciendo falta con este frío que viene.


La lectura me hizo reflexionar cómo hay una interesante coincidencia en un tema que se repite en algunos de los poetas que allí estuvimos (especialmente, y allí, Ramón en su Pecados de Familia, Gracia en Almuerzo Familiar, Marga Blanco, yo mismo) y que no es muy habitual en la poesía. Se trata de una reflexión sobre la familia, la de cada cual, y sobre todo acerca de la figura del padre.

Una de mis aportaciones en este libro es NUEVOS MODELOS DE FAMILIA, que abunda en esta línea.

NUEVOS MODELOS DE FAMILIA

Cuando yo vine al mundo,
cabeza, sangre y pelo,
año de 1940,
contaban la vida en despensas
vacías
y una escoba valía
por dos latas de atún.

Pero de nada vale
mi tío fusilado
y mi padre viudo
de un parto tan difícil.

Cuando yo vine al mundo
mi abuela fue mi madre,
mi tía fue mi madre,
porque mi madre se quedó
entre formol y gasas miserables
del hospital de San José.

Olor a jabón de Marsella falso,
estraperlo,
mi hermano camina de la mano de mi padre
hacia el manchón de las anclas, donde el paredón
dejó la frente de mi tío entre sangre y pelo,
y cogen cañaíllas
y bocas de la isla.

Yo miro la calle Real,
vestido de gitana colgado en el armario,
alcanfor, madera de pino
antiguo de Chiclana.

El vestido lo han hecho
mi madre y mi madre y la novia de mi padre,
porque mi abuela fue mi madre,
mi tía fue mi madre
y Elena, novia blanca de mi padre,
sabe coser.

lunes, 9 de noviembre de 2015

3 COLABORACIONES 3

Tres colaboraciones. Tres, rodas ellas con Esdrújula Ediciones, y muy variadas: un poema en la antología Todo es poesía en Granada, de José Martín de Vayas; un artículo sobre Roma Criminal (Romanzo criminale) en la selección de ensayos breves sobre series de televisión coordinado por Fernando Ángel Moreno Yo soy más de series; y un relato de ciencia ficción en El laberinto mecánico, Antología de ficciones, número 1. Lo he disfrutado.




domingo, 1 de noviembre de 2015

DE SANTOS Y DIFUNTOS: HALLOWEEN Y LA TRADICIÓN.

La relación íntima de cada cultura con la muerte ha tenido diversas manifestaciones a lo largo de los siglos y a lo ancho del redondo mundo. En estas fechas de principios de noviembre, que son las del final de la cosecha y las de la entrada en el declive del clima benigno que recluirá a los habitantes del hemisferio norte en sus casas, la relación íntima con los que ya no están fraguó en diversas manifestaciones que se han ido entrelazando entre sí ya sea por la vocación acaparadora de la Iglesia Católica, atenta siempre a cristianizar cualquier manifestación de jolgorio, como por la aculturación y aplanamiento de los medios de comunicación y entretenimiento que a principios del siglo XXI campan a sus anchas por el planeta entero.



Ahora y aquí se identifica con Halloween, una tradición de posible origen celta entroncada con la festividad cristiana de todos los santos, que fue trasplantada por los irlandeses a los Estados Unidos de América –como los alemanes trasplantaron su conejo de Pascua-. Esta tradición hunde sus raíces en el samhain celta, cuyo rastro puede también localizarse en el norte de la península ibérica. De la mezcla del samhain, fin de la cosecha, celebrada por los antiguos entre el equinoccio de septiembre y el solsticio de diciembre y la celebración del día de todos los santos instaurado por Gregorio IV allá por el siglo IX surgió en las islas británicas el “all how´eve” contracción de “víspera de todos los santos”.

Es curioso como las dos grandes celebraciones celtas, este samhain –que se identifica con el año nuevo celta- y el beltaine, el día del buen fuego, con su víspera de la noche de walpurgis, celebrado el 1 de mayo a caballo entre el equinoccio de marzo y el solsticio de junio, tienen entre sí, y no es capricho, una diferencia de seis meses y mientras aquel está dedicado al fin de la temporada agrícola, este lo está al inicio de la temporada ganadera. Ambas festividades siguen manteniéndose en el calendario: samhain en la festividad que atañe a esta artículo, y beltaine como día del trabajo –día internacional de los trabajadores desde 1886, por razones totalmente ajenas a la celebración pagana y asimilado por la mayoría de los países a lo largo del siglo XX-, una celebración que se dedicaba en la antigua Roma a  los Lares Tutelares (almas de los antepasados) y que se relacionaba con la actividad humana y el trabajo. Esta fue la que el cristianismo enredó con la celebración de la invención de la cruz. En nuestra península pervive también en muchas zonas como el culto precristiano de los mayos: consistente en la erección de un tronco o palo alto en plazas de los pueblos en una suerte de metáfora de rituales de fertilidad.



Pero dejemos mayo y volvamos a noviembre. También en Mesoamérica la fecha del 1 de noviembre tiene una capital importancia: es el sonado Día de los Muertos mexicano –y de las repúblicas centroamericanas-. Para honrar a los muertos, entre los aztecas, a mediados de julio se cortaba un árbol, se descortezaba y se le colocaban flores. Un par de semanas después se hacían grandes sacrificios y comidas abundantes. La llegada de los españoles, la prohibición y el sincretismo hicieron converger a las celebraciones en el Día de los Muertos con manifestaciones muy variadas en los distintos estados mexicanos y centroamericanos.



El catolicismo, allá por el siglo XVI, compuso una doble celebración sumando el día de todos los santos a la celebración de los fieles difuntos, celebración que se atribuye al francés San Odilón en la postrimerías del primer milenio y que Roma asumió siglos después. La iglesia ortodoxa mantiene las celebraciones de difuntos alrededor de la celebración del Pentecostés, como lo fue antiguamente.

En la península ibérica se celebran en esas mismas fechas el magosto magnus ustus, gran fuego- gallego, el magusto portugués, el magüestu asturiano, la magosta cántabra, el gaztainarre vasco, la castanyada catalana, la calbotá del Valle del Tiétar, la chaquetía extremeña, los tosantos gaditanos, donde en algunas modalidades de fiesta se suelen pedir frutos secos por las casas, pues todas ellas están  íntimamente relacionadas con los frutos de la cosecha. Suelen tener como límite la celebración de San Martín (importante día también entre los irlandeses), comienzo de la preparación de las matanzas del cerdo, extendidas por casi toda la península y México que tienen lugar generalmente de San Andrés (a fines de noviembre) a San Antón (a mediados de enero). En la Andalucía central en estas fechas de noviembre,  incluso se elaboran faroles de melones para ahuyentar a los espíritus, una tradición que con calabazas o “calaveras de melón” se celebra en el norte peninsular.



Halloween es así una mezcla de tradiciones sincrética que los grandes medios de entretenimiento del siglo XX adaptaron al discurso anglosajón. En las últimas décadas ha arrinconado en la península ibérica a otras celebraciones que como hemos vito, se le parecían tanto. La difusión del cine, la televisión, el imprescindible apoyo del estímulo que se ha hecho desde centros educativos, las redes sociales, la asunción por parte de las familias, y sobre todo, el importante beneficio económico que supone la celebración para múltiples empresas han conseguido colocar Halloween en el calendario.


Las evocaciones románticas de la celebración de difuntos con la representación de un don Juan Tenorio, las visitas a los cementerios para acicalar las tumbas y honrar a los antepasados, las leyendas de los montes de ánimas, de la santa compaña, y otras tantas que antes enumerábamos enraizadas en la celebración religiosa, gastronómica y festiva, son manifestaciones adquiridas con el tiempo, tradiciones sí. Como posiblemente la celebración de Halloween a la manera que se hace hoy en día, con la asunción del disfraz, la película de terror y el juego del truco o trato pueden con el tiempo afianzarse como tradición. Es lo que tiene presenciar el nacimiento de las tradiciones –cuando no sabemos si serán fallidas o triunfantes- que se las ve como faltas de la propia tradición que pretenden conseguir y que solo el tiempo les otorgará. La castanyada, la matanza o el magusto, el día de los difuntos o el día de los muertos mesoamericano fueron tradiciones nacientes, hace siglos. Y también hubo alguien que torció entonces el gesto ante aquellas extrañas costumbres.


Alfonso Salazar, 31 de octubre 2015

sábado, 31 de octubre de 2015

MARIANO

Hace unos días José Sánchez Montes nos invitó a ver un documental sobre el que ha estado trabajando los últimos años, titulado “Mariano Maresca: palabra a palabra”. Allí nos reunimos un grupo de personas, miembros de la familia Maresca y otros, cuyo nexo común y fundamental era y es la amistad o familiaridad con Mariano. Quien no conozca a Mariano Maresca no conoce a una de las instituciones primordiales de la Granada de la transición, un agitador intelectual del fin de siglo veinte y comienzos del veintiuno, un referente en la izquierda menos servil. Es un intelectual en el sentido de aquel que pone su intelecto al servicio de los demás. Durante más de cuatro décadas prestó servicio a la Universidad de Granada, en el Departamento de Filosofía del Derecho, y estuvo en todas las salsas culturales: las revistas Olvidos de Granada y La Fábrica del Sur, la trastienda de la otra sentimentalidad, fue columnista de El País, guionista de cine y televisión, presentador de libros sobresaliente y promotor de tantas y tantas cosas que tuvieron que ver en esta ciudad entre la música, el cine, la literatura y la reflexión. Siempre empuñó el raciocinio, el argumentario moral, la necesidad ineludible de no perder la postura ética, y la lupa brillante de una mirada crítica, competente.

Mariano tuvo hace unos años un ictus. Fue un mes de noviembre como el que se nos anuncia, pero en 2011. Entonces, aquel cerebro que tanto nos había sorprendido –sobre el que los amigos bromeábamos asombrados y llamábamos “disco duro”, pues no había película cuyos datos no pudiera ofrecer con fidelidad, canción cuya génesis desconociese o libro que no pudiese resumir en cuatro frases y con acierto- digo que aquel cerebro sufrió un apagón. Sin embargo, aquellas neuronas estaban acostumbradas a esfuerzos sobrehumanos desde la infancia, y desde el misterio de la neurología emergió la capacidad del ser humano que se sobrepone y comienza desde el principio a volver a andar sobre la palabra.


Palabra a palabra, como titula Sánchez Montes, Mariano Maresca volvió a la senda, pero de otra manera. Él lo define gráficamente como “la vida de antes” frente a la vida de ahora, donde todo es algo más difícil, pero es consciente del triunfo de la voluntad y la vida. Como amigos estábamos sorprendidos con el resultado de sus esfuerzos. Me contaba no hace mucho cómo una noche, de pronto, le llegó la comprensión del pensamiento de Locke, así como un chaparrón, como si unas cuantas neuronas hubiesen enlazado a través de un difícil paso y hubiesen recuperado ese filón de memoria escondido. Todos estamos orgullosos.

Jose ha tenido la paciencia y la visión clara de tomar nota con su cámara de todos esos avances, de montarlos y darles cuerpo, y a pesar de la rebeldía que pueda mostrar el homenajeado ante la crudeza de los ratos pasados y en virtud de su humildad, ha conseguido dejarnos para siempre la memoria de una batalla ganada a favor de la memoria. Gracias.


Alfonso Salazar, a punto de comenzar noviembre.
*La foto corresponde a los créditos del documental.




lunes, 7 de septiembre de 2015

viernes, 4 de septiembre de 2015

EL DETECTIVE DEL ZAIDÍN EN EL ZAIDÍN

Hace doce años el barrio del Zaidín cumplió cincuenta años. Era 2003, y Arial Ediciones publicaba Melodía de arrabal, la primera novela -que publica en estas fechas Palabaristas en ebook-, en la que aparecían Matías Verdón y todo el grupo de vecinos que lo han acompañado a lo largo de cuatro novelas, hasta la publicación de Para tan largo viaje, en 2014. Este año, por fin, Verdón y su corte de los milagros visitarán el Zaidín, gracia a la doble invitación que cursaron tanto la Biblioteca del Zaidín Francisco Ayala y los responsables de las Bibliotecas municipales de Granada, como la Asociación de Vecinos del barrio. Para quien escribe esto, es un honor que sus criaturas tenga tales oportunidades, primero la de encontrarse con los lectores y vecinos reales del Zaidín el próximo día 7 de septiembre, y además, disfrutar con ellos de una singular ruta literaria (como esas rutas que se suelen hacer en barrios vetustos y medio en ruinas) el sábado 11 de septiembre, en plenas fiestas de barrio.


domingo, 2 de agosto de 2015

CULTURA O AFICIÓN

Lo sabemos, pero hay que recordar una vez más que el sector cultural atraviesa desde hace seis años una crisis sin precedentes. Los planteamientos desde las administraciones públicas que se dieron desde mediados de los noventa germinaron en un potente sector que se nutría, esencialmente, del apoyo público -es cierto-, pero es que la cultura y las artes escénicas y vivas no tienen en nuestro sistema más viabilidad que el apoyo público. No solo la cultura, miren la agricultura, la industria automovilística o la bancaria. Sin embargo, en tanto en unos sectores el apoyo público se mantiene para evitar el desplome financiero o mantener puestos de trabajo –y ganancias empresariales-, en el sector cultural el apoyo público es la única vía de financiación. Algunas de las razones de ser del sistema subsisten en la carencia de una exigente educación que dé valor a la cultura y propicie que el espectador esté dispuesto a invertir las cantidades que son precisas en el consumo cultural –tanto como lo hace en el espectáculo del entretenimiento-, pero también persiste en sus cimientos una enfermedad de costes que se arrastra desde la eclosión del capitalismo y que se manifiesta en que los costes de las artes escénicas y vivas no son fácilmente reducibles a través de abaratamiento de los costes de producción con una producción en serie, como ocurre en el sector industrial de la cultura –el cine, la televisión y el libro-, y su valor aumenta sin posibilidad de minorar sus costes, como si fuese un fósil del mundo previo a la revolución industrial en un mundo postindustrial. Unan a ello que estas manifestaciones culturales se manejan entre la invención y la creación, con productos de riesgo que pueden fracasar para abrir la brecha de productos futuros, es decir, la cultura como inversión, no como gasto.


El caso es que el sector avanzó en los años noventa y principios de siglos hasta límites insospechados: en la Comunidad Andaluza, por ejemplo, se edificaron numerosos contenedores culturales –en su mayoría sin un plan de desarrollo artístico y humano-, dependientes de las instituciones públicas; se estimuló la creación de empresas y se premió el estricto cumplimiento de la legislación laboral y tributaria en un sector que hasta entonces se movía entre el amateurismo y la incipiente profesionalización; se abrieron vías de formación hasta entonces desconocidas, tanto en el sector de la interpretación como en el de la gestión y administración, con la implicación de las Universidades y de agencias públicas; se reflexionó, se pensó y se publicaron ríos de tinta entre el es y el debe ser de la cultura como sector.

Pero todo aquel sector que comenzaba a ser pujante, que podía vanagloriarse de su presentación política como motor económico del futuro, donde se mezclaron profesionales de la farándula y el espectáculo televisivo con tufo a Operación Triunfo con artesanos de la interpretación de las obras del Siglo de Oro y exploradores de músicas que estaban olvidadas en cajones de una sacristía cualquiera, aquel sector que vivía con el Estado como mecenas, de la implicación de las administraciones en su mantenimiento, despertó día a día en un mundo donde los recursos escaseaban y la coartada de las prioridades sociales funcionó como accionamiento para cerrar un grifo, que por otra parte nunca fue a mansalva.



Podríamos dedicar varias páginas a reflexionar sobre qué es cultura, pero nos desviaría del tema del presente artículo. Baste decir que cultura es lo que emancipa, lo que convierte al ciudadano en un ser crítico, emocionado, lo que en el lenguaje llano sería “nos hace ser más humanos”. No es aquello que sencillamente entretiene -¡qué importante es entretener!-, aquello que pertenece a un sector comercial y mercadeado que se sostiene con una globalización fundada en el modelo de las majors capitalistas. La cultura también entretiene, pero no solo entretiene.

El caso es que la ruina de esta microcultura, frente a esa macrocultura que comprendería el otro sector, el de las industrias culturales, y que siguen a menudo el modelo major entertainment, cristaliza en la programación de cualquier ciudad media: son las clases medias de intérpretes, gestores y empresarios -muy medianos y pequeños- de la cultura los que han visto cómo su medio de vida ha menguado, y les pueden decir ustedes que, al fin y al cabo, estaban haciendo cultura por encima de las posibilidades de la sociedad. Los síntomas del empobrecimiento no solo están en el ahogo y desaparición de las pequeñas empresas, en la escuálida resistencia a través de unos presupuestos públicos mermados, ante una ley de supervivencia donde los más fuertes, los menos dependientes o los mejor contactados perduran, sino en el panorama que se avecina: el campo del amateurismo campa a sus anchas donde antes había profesionales, sin que las administraciones –que parecen ahora desmemoriadas- hagan el más mínimo esfuerzo por corregir la situación. Más bien al contrario, la estimulan acuciados por unos presupuestos empobrecidos y una demanda que se mantiene.



Allí donde antes se programaba una compañía teatral forjada con esfuerzo, que cumplía con sus obligaciones tributarias y laborales, que generaba riqueza, se encuentra el espectador la labor de una compañía de aficionados –también encomiable e indiscutible cantera- que si bien cumple el expediente de la programación no aprueba en el estímulo económico del sector, sino que lo arruina. Allí donde antes se programaba una orquesta cuyo trabajo se esforzaba en el mantenimiento de un legado de siglos, encontramos orquestas jóvenes, que bajo el amparo y la justificación de la formación, vienen a sustituir a sus mayores abonando un terreno donde ellos mismos, en un futuro muy cercano, serán sustituidos por nuevos jóvenes en formación, en una espiral sin sentido. Allí donde los profesionales de la programación cultural, los productores, se esforzaban en diseñar nuevas propuestas y desbrozar el futuro de las artes escénicas encontramos programaciones hechas a salto de mata por funcionarios a los que muchas veces les cae encima una labor para la que no fueron preparados,  por la que no les contrataron, ni es por esa labor por la que realmente les pagan.

El apoyo público a este sector no tiene vuelta de página: bueno sí, su vuelta es una página en blanco, vacía. El IVA cultural –que si bien afecta sobremanera a la macrocultura, también incide en este sector microcultural, que pase lo que pase seguirá facturando sus servicios al 21 %-, las equivocadas ideas de algunas formaciones políticas emergentes que solamente optan por un sentido participativo de la cultura cuya accesibilidad se basa en la gratuidad para todos, y así olvidan las importantes bazas de la creación, la producción y la distribución, tanto como confunden accesibilidad con igualdad; los proyectos inconclusos de las leyes de mecenazgo que amenazan con verter por un mismo desagüe ayudas al cine, al deporte, a la investigación científica y al teatro –y sabemos hacia qué vertiente caerán las aguas, a buen seguro-, anuncian ya no solo un cambio rotundo de modelo, sino la desaparición de los viejos comediantes, de los músicos de cámara y de jazz, de los pedagogos artistas, de los diseñadores de una cultura del compromiso, que serán extinguidos por una apuesta por la cultura sin terminar de hacer, por un empoderamiento de la cultura como afición antes que como profesión.

Alfonso Salazar

jueves, 28 de mayo de 2015

CUATES NEGROS


GRANADA NOIR
28 DE MAYO 2015
19:30 horas. Conversación a dos: La ciudad, personaje literario. Salazar vs. Pedregosa Sinopsis de ‘Para tan largo viaje’ (Dauro): Año 1996. Recientemente el Partido Popular ha ganado las Elecciones Generales. Un crepuscular Matías Verdón, el detective del Zaidín, recibe el encargo de una anciana para hallar a su nieto desaparecido dos años atrás. Pero tras el escaparate de una familia recta, formal y célebre, se esconden misterios y secretos que el detective tendrá que desvelar con la ayuda de su inseparable Desastres. La historia de un largo viaje se cruza en la investigación de Matías Verdón, una historia que se hunde en la ciénaga de las guerras yugoslavas y que termina por tener unas implicaciones políticas que el detective no esperaba.
“Para tan largo viaje” es la cuarta entrega de la saga de ‘El Detective del Zaidín’.

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