miércoles, 2 de febrero de 2011

EL PRIMER HOMBRE EN NORMANDÍA

El primer hombre que pisó la arena de Normandía
aquel verano del cuarenta y cuatro,
posiblemente,
naciese en un pequeño pueblo de Ohio.

Su gloria cantaron los juglares de la Universal
y los leones de la Metro la adornaron.

Pero el primer hombre que pisó la arena de Normandía
no seguía las huellas de su madre,
ni siquiera las huellas del animal que iba a devorar con hambre.

El primer hombre que pisó la arena de Normandía,
posiblemente un muchacho -de Ohio,
o de algún pueblo perdido en la inmensidad de tierra de indios-,
sólo pisó la prehuella del bombardeo y la sangre.

Nada más. Y no quedará para nunca jamás
como las huellas del niño de Laetoli,
quien miles de años atrás,
-cientos de miles años atrás-,
dejó sus huellas en la arena prevolcánica
para perseguir el rastro de su padre, de su madre quizá.
No me dejes mamá, no me dejes atrás.

El primer hombre que pisó la arena de Normandía
había dejado atrás a su madre.
Y a su padre.
Así lo ordenaron los generales.

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