lunes, 17 de febrero de 2014

domingo, 9 de febrero de 2014

SONETO DEL VINO, de Jorge Luis Borges

¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa 
conjunción de los astros, en qué secreto día 
que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa 
y singular idea de inventar la alegría?

Con otoños de oro la inventaron. El vino 
fluye rojo a lo largo de las generaciones 
como el río del tiempo y en el arduo camino 
nos prodiga su música, su fuego y sus leones.

En la noche del júbilo o en la jornada adversa 
exalta la alegría o mitiga el espanto 
y el ditirambo nuevo que este día le canto

otrora lo cantaron el árabe y el persa. 
Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia 
como si ésta ya fuera ceniza en la memoria.

jueves, 6 de febrero de 2014

PAN, EDUCACIÓN, LIBERTAD

La última trilogía del Comisario Kostas Jaritos, el personaje creado por Petros Márkaris, ajusta cuentas con la crisis y la realidad social. Se ha desatado la ira de Márkaris.
Decía el profesor Juan Carlos Rodríguez que en España no pudo haber novelas policíacas porque sólo había torturadores. Y en Grecia ocurre tres cuartos de lo mismo: la dictadura fascista de Metaxás de 1936, que acabó con la bamboleante República de 1924 -con restauraciones monárquicas por medio-, la pertenencia al Tercer Reich, la división entre partisanos y colaboracionistas y la consiguiente guerra civil al fin de la II Guerra Mundial, la instauración de reyes marionetas de generales, la represión hacia los comunistas, la dictadura de los coroneles y una situación política que se estabilizó en los años setenta-ochenta. ¿No les suena la historia? Muy parecida a la del otro país europeo que mete los pies en el Mediterráneo, pero en el extremo oeste.
Para Márkaris, los policías eran algo análogo a la Derecha, así lo explicaba el propio autor en una interesente entrevista realizada por Achim Engelberg, titulada “Los extranjeros no deseados”, donde analizaba por qué eligió el perfil de un comisario de policía, Kostas Jaritos, para hacer lo que él denomina “crítica brechtiana” de la sociedad actual: Being a long-time left-wing activist, I had no sympathy for cops. In Greece, they had been a synonym for the fascists. But here I was with this petty bourgeois family. And then, for the first time, I realised that these poor policemen are petty bourgeois. They have the same dreams that their children can study to become doctors or lawyers. And that was the way this construction developed. A crime and a family story told in parallel, without being interwoven. (Durante largo tiempo fui un activista de izquierda, y no tenía ninguna simpatía por los policías. En Grecia, habían sido sinónimo de fascistas. Pero me encontré con una pequeña burguesía familiar. Y entonces, por primera vez, me di cuenta de que esos pobres policías son pequeños burgueses. Tienen los mismos sueños de que sus hijos puedan estudiar para convertirse en doctores o abogados. Así se comenzó a desarrollar esta construcción. Un crimen y una historia familiar contados en paralelo, sin que se entrelacen).

De ese panorama procede Kostas Jaritos, de un cuerpo policial que siempre fue sospechoso de convidarse con el poder de los militares y que contaba con un largo historial de represiones, cárceles y sótanos con el sudor del miedo pegado a las paredes (Makrónisos, Jaidari, Bubulinas). Para aquella policía tuvo que trabajar Jaritos, hijo de un carabinero, y allí conoció a compañeros sin piedad y enemigos con nobleza. Pero no todo en las aventuras de Jaritos es la mirada hacia atrás. La historia de la policía griega dejó en el camino a sus torturadores, y sólo aparecen como una terrible pesadilla, que incluso a veces –el retorno de aquellos fantasmas- posibilitan al comisario desbrozar algún enrevesado caso.

La ciudad que acoge a los personajes, Atenas, es tan sabrosa en matices, que facilita al autor un riquísimo repertorio del que echar mano: desde la proverbial burocracia mediterránea hasta el tráfico imposible de largas caravanas, claxonazos e insultos. Desde la vital importancia del fútbol al paraíso de las islas griegas y la placidez de las tabernas de El Pireo. Del sol y calor de agosto a los chubascos impredecibles de otoño. Todo ello en las calles retorcidas de Platka, en las avenidas señoriales de Monastiraki, por las carreteras siempre atestadas que llevan a Corinto o Salónica, las cuestas de Likavitos y los barrios y pueblos menos turísticos de Nea Filadelfia, Rentis o Kiffisiá. Y definitivamente, las instalaciones abandonadas de aquel sueño de las Olimpiadas de 2004, ahora refugio de inmigrantes ilegales, lugar ideal para ejecutar un asesinato 

Si hay dos asuntos que preocupan a Márkaris en sus primeras novelas son la recepción que se dispensa a los inmigrantes y el efecto de los medios de comunicación. Muchas de sus víctimas pertenecen a uno u otro colectivo. Mientras para unos reserva cierta misericordia, para los personajes vinculados con la televisión (sobre todo) aplica sus peores calificativos. Especialmente hacia el pijo periodista Sotirópulos o para los dueños de las cadenas de televisión reunidos de manera patética en El accionista mayoritario. La televisión, en las novelas de Márkaris, preside las vidas de los ciudadanos, los absorbe, los hipnotiza. Con ella convive Kostas Jaritos, mirándola siempre de soslayo, temiéndose lo peor: el ataque de los buitres sobre los pedazos sanguinolentos de los cadáveres, de almas destrozadas, de condenados que cumplieron condena y que ahora sólo deben preocuparse de la persecución de las cámaras.

Pareciese que Márkaris , un autor comprometido con su ideología, utilizase sus novelas para ajustar cuentas. Ha desatado su ira en su última trilogía (Con el agua al cuelloLiquidación finalPan, educación, libertad) que lleva por subtítulo “de la crisis”. Si ya se sospechaba que en la serie de Jaritos no tratábamos ante una colección de asesinatos planteados y resueltos -como la novela anglosajona entretenida en el perfil de los asesinos, en la integridad de los investigadores y en la arquitectura interna de la trama-, sino que nos hallábamos ante una suerte de novela costumbrista que ahonda en las razones sociales, Márkaris ahora toma nota y acta de la realidad actual y alimenta la ficción con la crónica. Maestros como los suecos Per Wahlöö y Maj Swöjall, en las antípodas geográficas europeas, iniciaron ese camino en los años sesenta. Montalbán lo hizo en la novela negra española. Y Márkaris ha tomado las riendas de una novela que ya no es negra por sus contenidos enrevesados, criminales o que generen suspense, sino negra por la realidad social que narra, por la fotografía de un momento crucial que intenta ser explicado y al que intenta aportar la necesaria luz.

En esta trilogía encolerizada aparecen los ultras de Aurora Dorada, los banqueros corruptos, la mayor tasa de desempleo joven de Europa, la crisis del ladrillo, y aquellos luchadores contra la dictadura –aquella generación de los setenta que copó el poder en los ochenta, tal y como nuestra clase política salida de la Transición- que instauraron un sistema de prebenda política, de colocación del amigo y de manoseo del dominio público. En la última entrega, cuyo diáfano título (Pan, educación, libertad) es el lema de lucha que derrocó a la dictadura, Márkaris dibuja un futuro posible y cercano donde el euro desaparece del Sur y los salarios prácticamente se esfuman, en tanto aquella generación política, que fue la esperanza del país, paga con su vida las consecuencias en tres perfiles bien reconocibles: un sindicalista, un catedrático y un constructor. 

Hijas de un costumbrismo mediterráneo, Márkaris nos muestra en sus novelas a su comisario, un familiar y desencantado Jaritos, un tipo, tal y como lo define el propio maestro turcogriego:Es un hombre de lo más corriente, que gana un mal sueldo, que tiene una familia a la que quiere y a la que tiene que alimentar y un jefe que le impone respeto y al que teme. Mediterráneo en la práctica, la mirada del Sur.


Alfonso Salazar


Noticias de la noche (Ediciones B, 2006)

Defensa cerrada (Ediciones B, 2006) 

Suicidio perfecto (Ediciones B, 2004)

Un caso del comisario Jaritos y otros relatos clandestinos (Ediciones B, 2006)

El accionista mayoritario (Tusquets, 2006)

Muerte en Estambul (Tusquets, 2009)

Con el agua al cuello (Tusquets, 2010)

Liquidación final (Tusquets, 2011)

Pan, educación, libertad (Tusquets, 2013)

domingo, 19 de enero de 2014

CURSO DE ESCRITURA CREATIVA

Esta semana empezamos ESCRIBIR Y EXPRESAR en CajaGranada, el segundo módulo del Curso de Escritura Creativa que impartimos este año, y aún hay plazas (pocas, pero quedan) para este y el siguiente módulo.




viernes, 3 de enero de 2014

DIGRESIONES SOBRE LA TOMA

Hay celebraciones en muchas naciones que tienen por objeto celebrar un cambio de gobernantes. Los franceses celebran con una religiosidad laica el 14 de julio. Los estadounidenses su 4 de julio. Son estas fiestas  ejemplos de celebración de hechos que justifican en los libros de texto la separación entre el concepto de Historia Moderna e Historia Contemporánea. Jalones temporales donde el cambio en las formas de gobierno abrieron el camino del asentamiento de las democracias constitucionales y la independencia de las colonias, y con ello un cambio en los sistemas sociales.

Pero no dejan de celebrar un primario cambio de gobernantes, lo que resulta siempre pueril para los gobernados cuya mejora solo va en el tiempo y cuyo mediano cumplimiento no podemos asegurar a estas alturas de la Historia. Si se trata de jalear las cadenas, la celebración en Granada del Día de La Toma, es aún más ejemplar, pues en todo caso celebra en esos mismos libros de texto el paso de la Historia Medieval a la Historia Moderna, es decir, un paso por detrás (o un paso atrás en la tradición) de Francia o EEUU.

 



Ciertas fiestas se empeñan en recordar al sometido el hecho de que sigue estando sometido, pero a otros. Considerar que la Toma de Granada celebra la unión de lo que queda del Reino de España es una inexactitud: faltaban por unirse las Islas Canarias, las plazas del norte de África y el Reino de Navarra. Ni siquiera una unión peninsular, el gran anhelo, que con Portugal solo tuvo vigor en algunos años del siglo siguiente. Todo ello, sin que tengamos en cuenta los vaivenes territoriales que tuvieron las Españas en el  tengo no tengo que contemplaron los siglos, desde América y Nápoles a Filipinas y Cuba, pasando por Gibraltar y Menorca. Pero aún aceptando esta trasgresión histórica, esta Toma no se celebra como un hecho nacional, sino particular, en una ciudad. “Toma” no fue conquista sino cesión y entrega de unas plazas, y ni coinciden las fechas. El acuerdo de cesión fue anterior, y la entrada de los nuevos gobernantes -a quienes hay que suponer con esfuerzo, legatarios de gobernantes actuales, por mucho que intente alguno identificarse-, fue posterior. Una disposición del rey católico (consorte del reino de Castilla, pero sobre todo monarca de aragoneses, catalanes, valencianos, baleares y algunos italianos), estableció la celebración, por recordar el sacrosanto momento en que el último reino de casta gobernante musulmana cambió de manos.

Proyectar qué hubiera sucedido si este territorio no hubiese cambiado de gobierno, es un ejercicio divertido de historia ficción, pero solo eso, un pasatiempo que no puede asegurar si el Islam hubiese derivado en la forma de gobierno o sistema social (y derechos) actual que mantienen otros países del área, o no. Existirían a buen seguro diferencias culturales, como existen en la actualidad, y parecidos culturales, que tan poco se toman en cuenta. También sería divertido suponer qué habría pasado en caso de derrota castellano-aragonesa en su disputa con los castellano-portugueses en la guerra civil castellana del siglo XV, es decir si entonces el Portugal de ahora sería un Aragón de entonces o el Oporto sería un vino español. A saber, si los reyes portugueses hubiesen prestado oídos a Colón, si Río de Janeiro hablaría castellano o Buenos Aires se pronunciaría en galego. O si a Felipe II le hubiese salido bien la jugada de emparentar con María Tudor, la Liga BBVA sería la Premier inglesa o al revés.




Pero la mitificación hace estragos en las posturas más irreconciliables. Es lo malo de beber Historia adulterada. En un extremo, la construcción de una identidad nacional ha hecho ímprobos esfuerzos a través de los siglos, con resultados poco alentadores y escasos: para su menoscabo, la variedad peninsular apenas ha sido tomada como un valor, sino como un escollo. Por ello, el hálito de una España que no fue casi nunca (excepto en ciertos periodos fugaces del Antiguo Régimen y en la propaganda de las dictaduras) quiere resarcirse en esa celebración mítica de la Unión Nacional, que no deja de ser un sueño –o pesadilla- romántico, reinventado y mixtificado. La rebeldía de los territorios peninsulares, desde las germanías a los comuneros, del carlismo a las aspiraciones independentistas, han sido reflejo de luchas de poder amparadas en los temperamentos nacionales frente a un temperamento nacional único. Y tras ella, la lucha de clases de las revueltas campesinas y jornaleras, los proyectos cantonalistas y los anhelos afrancesados cabriolearon con el caciquismo, los rescoldos feudales  y la voracidad terrena del poder espiritual.

Pero tampoco los tiempos de la Granada medieval debieron ser un paraíso de tolerancia y pacífica convivencia: no era propio de la época ni constaba en el libro de estilo. La tolerancia hacia los judíos, que rompen sus católicas majestades, era eso, obligada tolerancia. Toda tolerancia nace de la diferencia, no del respeto a todos los iguales, y es un mal menor. También fue tolerancia, la mostrada hacia los cristianos de origen hispano-godo, que si se resistían conformaban los mozárabes -y que con los descendientes de hebreos y extranjeros constituían, a buen seguro, el grupo dominado-, y que si se integraban en los grupos de poder eran considerados muladíes. Dependía de la cuna que te vio nacer. Una condición nada exótica a nuestro tiempo.




La famosa frase de Federico García Lorca, en referencia al antisemitismo e islamofobia, acerca de la celebración de la Toma (se perdieron una civilización admirable, una poesía, una astronomía, una arquitectura y una delicadeza únicas en el mundo…) es una frase que se encuadra en una visión idealista que pasaba por encima de las estructuras de explotación de la época que tanto el musulmán como el cristiano cumplían, y tanto el musulmán como el cristiano sufrían. Pero si el valor del pasado es el Arte no podríamos deducir de esta frase que la arquitectura o la poesía de los territorios norteños, no tuviesen la admiración del poeta, como sí lo tuvo el romance castellano o la tauromaquia, que tan poca trascendencia tuvo en la época islámica de la península. Al fin y al cabo, a la gloria de Dios, de Alá o de Yahvé ha sido levantada gran parte de la creatividad humana en el Occidente, y el Oriente menos lejano, y escasas obras se libran de su vocación divina.

El proceso denominado Reconquista, así como las continuas guerras entre los Reinos de Taifas, son solo una línea más en las guerras civiles peninsulares. En la batalla de las Navas de Tolosa (1212), la diferencia étnica entre contendientes era mínima, aunque se pudiese abundar en unas diferencias culturales y religiosas que se daban tanto en los bandos enfrentados como en el interior de cualquiera de los bandos. Cinco siglos después del advenimiento de la tropas norteafricanas, que se presentaron con una importante escasez de mujeres, la diferencia entre unos y otros residía en temas tan fortuitos como la manera de vestir o el idioma, el dios a quien se oraba o la preparación de los platos. Razones que también se distinguían entre los propios cristianos, y entre los propios musulmanes, entonces, después, y ahora. Al fin y al cabo, se trataba de hispanos, “andalouch”, de aquellos habitantes de la península que habían visto pasar a todos y quedarse con algunos.




Si es pueril, en el sentido en que Einstein consideraba al nacionalismo como el sarampión de la humanidad, la celebración del cambio de gobierno, para seguir en la dominación y recordarlo, podría también parecernos ridículo celebrar la batalla del Guadalete, la victoria de Octavio Augusto que remataba medianamente la romanización, o rebuscar una fecha para celebrar la llegada al trono de Ataúlfo, rey de los visigodos. Por eso, la reciente celebración de los mil años del reino de Granada sigue la misma estela: celebrar el advenimiento de una dinastía, la zirí, para celebración de fastos, cuando la estructura política de ese reino de entonces, quedó con el tiempo reducido a una provincia en el siglo XIX y poco hay de que enorgullecerse. A menos que se pretenda recuperar la memoria de los granadinos de hace mil años, y considerarlos finalmente tan indiscutibles antepasados como los castellanos que repoblaron el sureste en el siglo XVI, cosa que debería calar en el imaginario a través de los manuales de educación, de los conceptos de los medios de comunicación de masas y el talante político.




Quizá, si la festividad del Día de la Toma cayese en la indiferencia o la chufla -como merece la celebración de un cambio de gobernantes que realizaron lo que los gobernantes de entonces solían hacer: expulsiones de moriscos, judíos, gitanos, jesuitas, extraños, raros, rebeldes, republicanos, inmigrantes, y esquilmaciones, explotación y fomento de la miseria-, entonces la extrema derecha, perdería la oportunidad de tomar la celebración como una de las escasísimas posibilidades de reivindicación del concepto España –o llamémoslo Marca- que les queda en el calendario. Desafortunadamente, no se estuvo en su tiempo al tanto de reconvertir el asunto en una cabalgata de moros y cristianos o en un partido de fútbol… A estas alturas no es necesaria una alternativa. No es preciso celebrar un elemental cambio de bandera.




La suspensión de la festividad es una solución plausible, y apropiada en los tiempos que corren, pues Granada dormita en su resaca de fin de año durante dos días y a veces no despierta hasta pasado el día de Reyes. No es propio para tiempos de crisis, donde se derrochan medios humanos policiales y se parten por la mitad las vacaciones de los concejales. Aunque viene estupendamente, para quien no sea concejal, tomarse un día más de descanso. Este es uno de los puntos fuertes de la celebración: hacer el agosto en enero. Pero la suspensión de la festividad no implica la eliminación del protocolo. Una procesión más, aunque sea civil, no estorba en el cargado calendario granadino. Podría hacerse en día laborable, como sucede con la Tarasca, o como el desfile cívico que recuerda a Mariana Pineda, y que quedase tan deslucido como hoy en día lo es el que recuerda a la heroína y lleva sus restos del Consistorio a la Catedral. Por absurdo que quede celebrar la muerte y la ejecución infame, el 26 de mayo conmemora, al fin y al cabo, la deshonra de los gobernantes.

Eso sí, quien reniega de lo acaecido antes de 1492 o quien reniega del devenir posterior, de cualquier modo, se pierde una parte importante de cómo se constituye la historia de la península, los acontecimientos que aquí nos trajeron. Cuesta tanto renegar del vino y el jamón como de la más que posible creación sefardí del cocido con garbanzos. O de decir Ojalá.

Alfonso Salazar

miércoles, 25 de diciembre de 2013

LOS ALEGRES SOVIETS

Una de mis última aportaciones a la aventura de El Erizo Abierto.


Aunque perteneciente a la edición del muy reciente octavo Erizo (Erizo20), el colorido de las ilustraciones nos obliga a colocarlo en este blog, ya que la edición en papel nos obligó a su reproducción en blanco y negro. Tropezamos en la web con esta pequeña joya soviética, y metimos las imágenes -no muy cuidadas- en nuestro taller para restaurarlas. Aquí tenéis LOS ALEGRES SOVIETS.



lunes, 23 de diciembre de 2013

ITALO CALVINO: SOBRE EL ABORTO

Carta del escritor italiano Italo Calvino sobre el aborto.



Cuando la segunda ola de feminismo se encontraba en su momento de plenitud, en 1975, el escritor Italo Calvino envió una carta al intelectual Claudio Magris, como respuesta a su artículo en contra del aborto llamado “The Deluded”, publicado en el periódico italiano Corriere della sera.

A continuación las palabras de Calvino:


Traer a un niño al mundo tiene sentido sólo si el niño es deseado consciente y libremente por sus padres. Si no, se trata simplemente de comportamiento animal y criminal. Un ser humano se convierte en humano no sólo por la convergencia causal de ciertas condiciones biológicas, sino a través del acto de voluntad y amor de otras personas. Si este no es el caso, la humanidad se vuelve —lo cual ya ocurre— no más que una madriguera de conejos. Una madriguera no libre sino constreñida a las condiciones de artificialidad en las que existe, con luz artificial y alimentos químicos.


Sólo aquellas personas que están 100% convencidas de poseer la capacidad moral y física no sólo de mantener a un hijo sino de acogerlo y amarlo, tienen derecho a procrear. Si no es el caso, deben primeramente hacer todo lo posible para no concebir y si conciben, el aborto no representa sólo una triste necesidad sino una decisión altamente moral que debe ser tomada con completa libertad de conciencia. No entiendo cómo puedes asociar la idea del aborto con el concepto de hedonismo o de la buena vida. El aborto es un hecho espeluznante.


En el aborto la persona que es vulnerada física y moralmente es la mujer. También para cualquier hombre con conciencia cada aborto es dilema moral que deja una marca, pero ciertamente aquí el destino de una mujer se encuentra en una situación desproporcionada de desigualdad con el hombre, que cada hombre debería morderse la lengua tres veces antes de hablar de estas cosas. Justo en el momento en que intentamos hacer menos bárbara una situación en la cual la mujer está verdaderamente aterrada, un intelectual usa su autoridad para que esa mujer permanezca en este infierno. Déjame decirte que eres verdaderamente responsable, por decir lo mínimo. Yo no me burlaría tanto de las “medidas de higiene profiláctica”, ciertamente nunca te has sometido a rasgarte el vientre. Pero me encantaría ver tu cara si te forzaran a una operación en la mugre y sin los recursos que hay en los hospitales.


Lamento que tal divergencia de opiniones en estas cuestiones éticas básicas haya interrumpido nuestra amistad.



(extraído de http://www.mamanatural.com.mx)