domingo, 12 de junio de 2016

GOTAS DE SICILIA

Gotas de Sicilia
Andrea Camilleri
Gallo Nero, 2016

LEER EN LOS DIABLOS AZULES


Hay escritores conocidos por sus criaturas literarias. Vázquez Montalbán irá por siempre unido al nombre de Carvalho, como Miguel de Cervantes lo está a Quijote y Sancho o Conan Doyle a Sherlock. Apasionantes binomios, trinomios. También hay criaturas que devoraron a sus padres, como Pinoccio, Alicia o Frankenstein. En todo caso, el éxito de un personaje si no termina por oscurecer a su autor, pone en umbría el resto de su producción, y por extensión sus fuentes, sus trabajos experimentales, sus caminos menos conocidos. La poesía de Stevenson o de Nabokov caen bajo la sombra del Doctor Jekyll, John Silver y Lolita. Por eso, aunque Andrea Camilleri nos dio a Montalbano, hay más literatura, y mucha más Sicilia, más allá de Montalbano. Gotas de Sicilia es un librito publicado por Gallo Nero, en arriesgada y exitosa traducción de David Paradela, que ha sido recientemente publicado en la colección piccola.


Nacido en Porto Empedocle, 1925 (es decir, entrando en la décima década de vida), Camilleri forma parte de una maravillosa generación de escritores sicilianos. Con él forman una tríada asombrosa el enorme Leonardo Sciascia (1921-1989) y el sorprendente Gesualdo Bufalino (1920-1996). Camilleri practica una pasión casi prohibida, a la que muchos novelistas ponen mala cara: participar de la novela de género, practicar la saga continuada que fideliza lectores. Por eso no emplea el bisturí de Sciascia ni el vuelo majestuoso de Bufalino. Con ese fin creó a Montalbano -nombre de comisario que debe su nombre, valga su redundancia, al maestro Manuel Vázquez Montalbán-, un tipo que vive entre Vigàta y Montelusa, ficticias denominaciones del propio Porto Empedocle y Agrigento, quizá Ragusa. Estas novelas suceden en una cercana época, con móviles, ordenadores, televisiones locales; pero sí, y siempre, en amables trattorias con suculentos menús, personajes con reservado acento siciliano, cordiales cafés de media tarde y señores oscuros que dirigen el tejemaneje de la política y la realidad social.

Camilleri debe su fama a las aventuras de Montalbano y sobre todo desde que la RAI las llevó a la televisión, cosa que sucede casi anualmente desde 1999, pero tiene predilección por los ires y venires de un Sur que finalmente tomó el tren de la modernidad. Camilleri celebra Sicilia en varios libros memorables donde recoge el choque del progreso con la isla secularmente atrasada, sometida con toda naturalidad a la Mafia. En España se ha publicado parte de ese universo siciliano como La Pensión Eva o El Movimiento del Caballo, y su muy merecida, reconocida y deliciosa La concesión del teléfono.

Gotas de Sicilia fue publicado en Italia, originalmente, en 2001 como una breve colección de relatos que habían ido apareciendo en diversos medios en la década anterior. En ella Camilleri presenta cuentos y argumentos, concebidos algunos en los albores de la literatura camilleriana. Ahora, la publicación de Gallo Nero nos recobra al Camilleri brillante que cosecha Sicilia.

La colección es tan variada como deliciosa. Comienza con un discurso siciliano, sobre el que el traductor David Paradela trata en la nota final, inevitablemente. Ha afrontado el reto de traducir esa mixtura de dialecto e italiano que muestra el monólogo titulado El tío Cola, «pirsona limpia», donde el autor rememora, jura que es verídico, el discurso en confianza de un jefe mafioso (Nicola «Nick» Gentile), un tipo cuya vida recuerda a la de Lucky Luciano, pues como este volvió de EEUU a Italia para ayudar a las tropas norteamericanas en su desembarco siciliano y colaboró en la Operación Husky. Resaltamos la gran creación del traductor, el esfuerzo cristalizado en un parlamento vivaz y lustroso.

Le sigue un relato donde se rememora la infancia en Sicilia y el descubrimiento de la literatura en casa de uzz´Arfredo, un relato trabajado desde la sinceridad y donde se vive el homenaje a los grandes novelistas –Conrad, Maupassant, Melville, Flaubert, Dumas- que aguardaban a los adolescentes en las bibliotecas de sus mayores y que son la herencia recibida por el propio Camilleri.

El vino gusta a san Caló es una parte revisada de una novela de 1978 (El curso de la cosas) y un fresquísimo panorama de la devoción sureña y el difícil encaje de tradición y religiosidad, tan propio del Mediterráneo. Para muchas personas del norte esa convivencia entre costumbre pagana y religiosidad, plasmado sobre todo en las romerías, las procesiones de patrones, y por supuesto en la Semana Santa, es un hermético misterio o una chifladura. Pero quienes vivimos el Sur sabemos que es perfectamente compatible ser del Betis, concejal comunista y cofrade de la Macarena, en una suerte de conjunción ideológica que tiene mucho de alineación planetaria. Esta confluencia, muestra bien Camilleri, no solo puede generar una justificada extrañeza en el juicio del foráneo, sino que exige un continuo equilibrio y desequilibrio entre la religión formal y litúrgica, vertical y correcta, de la Iglesia Católica y el acervo pagano, callejero, social, colectivo y jaranero de la celebración popular. Uno lee el relato y puede sustituir a san Calogero por la virgen del Rocío o por cualquier cristo de la Andalucía subbética, interior y mítica.

Los primeros comicios es otra parábola sobre la fortaleza de las imágenes religiosas, y cómo un cristo hizo que la candidatura comunista ganase las elecciones en el pueblo de Camilleri en el año 1947. Un ejemplo más de la línea abierta por el anterior relato donde los aparentes choques culturales son balanceos armoniosos, muy alejados del mundo partido en dos y del tono anticomunista de los relatos de Guareschi que protagonizaron Don Camilo y el alcalde Peppone.

La tendencia de Borges a la falsa biografía, a la investigación de hechos fantásticos o irrelevantes con la aplicación de las más depuradas y científicas técnicas parecen apadrinar la Hipótesis sobre la desaparición de Antonio Patò, relato que fecundaría el libro La desaparición de Antonio Patò (Mondadori, 2000). Camilleri cita por segunda vez a Sciascia y trata un hecho intrascendente con la seriedad de un historiador para, cómicamente, deshacerse de las explicaciones más sencillas y dejar arrinconada la navaja de Ockam. De nuevo Viernes Santo, de nuevo la expresión popular preñada de afanes aparentemente religiosos deviene en asuntos más terrenales que divinos. Fascinante la explicación de la arquitectura teatral, su sagaz vinculación con Escher y la escalera de Penrose.

El sencillo microcuento El sombrero y la boina es de un nítido simbolismo que insiste en la resignación y entrega de los serviles hacia los poderosos, como sucede ante los bancos y la Mafia, y finalmente, Andanzas de un lunario presenta las vicisitudes de la prensa tradicionalista y antropológica de la época fascista, de cómo el Almanacco per il popolo siciliano derivó en el Lunario siciliano «periódico literario atento a los valores y las aportaciones isleñas». No exento de cierto humor y guasa Camilleri entrelaza el espíritu de toda la colección de relatos, de estas gotas sicilianas, en una frase que hace manifiesto el contraste norte-sur que ha inspirado la muestra: «Es hora de repudiar la mitología del Norte que redime al Sur», aforismo apuntado al hilo de la propuesta del periodista Telesio Interlandi (quien posteriormente «caería en la aberración antisemita») de que los italianos le den la vuelta al mapa, queden los Alpes en la base y tenga por cielo el Mediterráneo. Esto es, arriba Sicilia.

Alfonso Salazar

sábado, 4 de junio de 2016

LA NUEVA LUCHA DE CLASES

La nueva lucha de clases. Los refugiados y el terror.
Slavoj Žižek
Anagrama, 2016


Žižek ha sentado a Europa frente a sí misma y la ha zarandeado. Parece que la presencia de miles de personas apiñadas más allá de sus fronteras no ha sido suficiente aviso, parece que los atentados islamofascistas que irrumpen en los espacios de cotidianeidad europea, en la placentera vida corriente de algunos europeos, no es bastante. Acierta el filósofo esloveno en la apertura de La nueva lucha de clases -subtitulado «Los refugiados y el terror» y editado por Anagrama recientemente- cuando parte de las conocidas cinco fases del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. La Unión Europea persiste entre la segunda y la cuarta fase, según qué países, según qué ministros, políticos, medios de comunicación o sesudos tertulianos escuchemos. Hay europeos que siguen entre la ira y el miedo, hay otros que prefieren negociar, aunque sea a costa de engordar las arcas turcas que a su vez servirán para luchar contra los kurdos, que luchan contra el DAESH, que es uno de los motivos fundamentales del éxodo sirio, y vuelta a empezar. Algunos han entrado en depresión y no encuentran salida. Muy pocos alcanzan el estadio de la aceptación y resuelven que deben mirar, observar, trazar planes, puentes, salidas. Žižek está entre esos últimos, aquellos que ya han pasado -o se saltaron- las fases de negación del problema, la declaración de ira del racismo, la negociación sin camino y la depresión exánime.


El inmovilismo europeo no reside solo en los intereses ciertos del establishment que encuentra en la explotación del próximo y medio Oriente un negocio más, ni en el miedo y parálisis de los movimientos antiinmigratorios que amenazan con encaramarse al poder, sobre todo, en los países septentrionales. El inmovilismo no es fruto de los discursos populistas de esa derecha que emplaza a las clases populares europeas a una ilusoria lucha contra el inmigrante que ocupa sus imaginarios puestos de trabajo, sus imaginarios recursos públicos educativos y sanitarios, su imaginario lugar en la escala social de su imaginaria nación. El inmovilismo europeo reside también en el equivocado análisis que realiza la izquierda europea, que se escuda en las prácticas solidarias para calmar sus conciencias y se autoflagela con el látigo del legado europeo de igualdad y libertad.

Žižek enumera diversos tabúes que esta izquierda debe superar: empezando por la idea de que el Islam sea una resistencia eficaz al capitalismo, pues basta echar un vistazo a la muy adelantada adaptación de los países del Golfo al capitalismo, sintonizado perfectamente con el Islam. Sigue con el tabú la extendida idea progresista de que “todo enemigo es alguien con una historia que no hemos escuchado”, con el mantra de que el emancipador legado europeo es imperialista, racista, que la defensa del modo de vida europeo es protofascista. Sin embargo, es desde ese mismo legado desde donde se puede hacer la crítica: hermosa paradoja. Son los laicos izquierdistas quienes terminan tolerando a los extremistas católicos y musulmanes. Žižek avisa: no debemos confundir la crítica al Islam con la islamofobia, como no debe confundirse el respeto a la libertad religiosa con la permisividad de la presencia religiosa en la vida pública hasta el punto de que condicione las decisiones que nos afectan a todos y el Islam puede ser respetuoso con la creencia privada pero es nada tolerante con la manifestación pública disidente. La historia europea es una historia de liberación de la sociedad civil del peso judeocristiano en la cultura y la vida pública. La Ilustración, aunque Žižek no lo diga, fue el punto de partida de un laicismo que durante dos siglos ha forjado la conciencia de Europa. La misma conciencia que ahora le lleva a un círculo vicioso y relativista.

Tal y como los fundamentalistas no se toleran entre ellos, islamofobia y eurofobia son las dos caras de la misma moneda, en el teatro de las potencias enfrentadas la lucha no va en serio. USA y Rusia no hacen lo que dicen que deben hacer, como no lo hacen turcos, saudíes, israelíes… Hay tantas divisiones dentro del Islam militante y fanático entre suníes y chiíes como los hay entre las potencias del otro lado del choque de civilizaciones. Hay un reparto de intereses que ocasiona que un exiguo ejército en una franja del mundo esencialmente desértica, rodeada de ejércitos curtidos y voluminosos, resista sin problema. Hay algo de pantomima, de sospecha.

En La nueva lucha de clases, Žižek se explica con meridiana claridad. Expone con sencillez el efecto del capitalismo global y del neocolonialismo económico y sus efectos en los países africanos y asiáticos, la irrupción de nuevos modelos de explotación que tanto se parecen a los modelos esclavistas y que recorren todo el mundo del capitalismo global desde Shanghái a Dubái, pasando por ciertos barrios y polígonos industriales del primer mundo.

El éxodo de refugiados hacia Europa tiene mucho que ver con el deseo de una vida mejor. Toda esperanza de mejorar de vida tiene sentido en la lucha de clases. Ante un mundo cambiante, donde las grandes migraciones parecen su futuro, en un planeta donde los nuevos climas, la escasez de agua y de energía puede ser su hábitat, cabe preguntarse si el capitalismo es el hecho de naturaleza humana que nos dicen que es o no se trata de un modelo de reproducción indefinida. Habla Žižek de cuatro grandes antagonismos: la amenaza de la catástrofe ecológica, el fracaso de la propiedad privada (que excluye el “capital cognitivo” y la infraestructura compartida), los nuevos descubrimientos biogenéticos y las nuevas formas de apartheid –nuevas esclavitudes en suburbios-. En definitiva, la brecha entre Excluidos e Incluidos, brecha que puede abrirse sin fondo con la profundización en la privatización de la sustancia compartida de nuestro ser social, camino de la autodestrucción.

Un antiguo dicho hopi dice: «Nosotros somos aquellos a los que estábamos esperando». Para Žižek es la respuesta adecuada para los intelectuales de izquierda que esperan un nuevo agente revolucionario externo (un desastre ecológico que despierte a las multitudes), pero esa esperanza no es una señal divina del destino marcada en la izquierda, sino la constatación de que no va a venir nadie a hacer el trabajo que nos compete. El texto de Žižek analiza una escena en movimiento: el deseo emancipador que hace un año recorría Europa y refería la lucha de clases insistía en la solidaridad global con los explotados y oprimidos, de dentro y de fuera. Ese discurso ha sido suplantado por una cuestión liberal-cultural de tolerancia y solidaridad, de comprensión de culturas diferentes, de temor paranoico y de lucha contra el terror en un «espíritu permanente de emergencia». Al final las víctimas de los ataques terroristas serán los refugiados y los vencedores los partidarios de la guerra total: los racistas antiinmigración europeos y su reverso islamofascista.

Alfonso Salazar

viernes, 6 de mayo de 2016

YO SOY MÁS DE SERIES

Yo soy más de series
AAVV
Esdrújula 2016

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Uno de los autores de este recopilación reflexiona sobre la ficción televisiva, que aporta una apertura de miras en el arte de contar de la que carecíamos. En los últimos cuarenta años, la nueva narrativa ha escalado en calidad, ha convencido a los grandes estudios y ha propuesto una reflexión sobre el fenómeno.

Decía Julio Cortázar que mientras el cuento puede compararse con la fotografía, la novela se emparejaría con el largometraje. Los cuentistas, decía el más parisino de los habitantes de Banfield, escogen un suceso que actúe en el lector como un fermento que proyecta la inteligencia y la sensibilidad; y lo trabajan en escasez de tiempo, con profundidad. El novelista divaga por los personajes, y es al final preso de sus propias elecciones, esclavo de sus personajes y del armazón de verosimilitud que él mismo ha creado. Una imagen captada por un Cartier-Bresson, decía, explota, agita un campo más amplio que el reducido ángulo que abarca la cámara. El largometraje es un orden abierto, capta una realidad más amplia, multiforme desarrollando elementos parciales, acumulativos. El personaje es fundamental en la novela, añadiríamos, mientras en el cuento prevalece el hecho, sometido a alta presión.

Pero Cortázar no conocía (los apuntes que utilizamos se publicaron en La Habana en 1970), el fenómeno de la serie televisiva. En los últimos cuarenta años, la serie de televisión ha escalado en calidad, ha convencido a los grandes estudios y envalentonado a las cadenas, ha absorbido a las estrellas del star system y ha propuesto una reflexión sobre el fenómeno. El libro Yo soy más de series, publicado por Esdrújula Ediciones, es un compendio de sesenta textos de otros tantos autores, coordinados por Fernando Ángel Moreno y Víctor Miguel Gallardo, que presentan un fresco del mundo de la ficción televisiva de las últimas décadas. El prólogo es del sutil Jorge Carrión, que tanto nos ha enseñado sobre el mundo de la serie con su fundacional Teleshakespeare de hace un lustro.

La selección agrupa 60 títulos que van desde alguna serie procedimental de los sesenta a los fenómenos transmedia más recientes. La clasificación, decisión necesaria, ubica los textos de manera genérica —drama, género negro, comedia, fantasía, género histórico— pero establece en algunas notas a pie de página un diálogo que los coordinadores han sabido captar entre los distintos textos recibidos, como un coloquio de generación que subyace entre los invitados.

La serie televisiva no es un fenómeno reciente, pero sí lo es que sea tratada como objeto de estudio y reflexión. Algunas voces eruditas, que siempre pondrán en solfa el interés más popular, las tratan con desdén e ignoran que todo fenómeno artístico, en esta era que vivimos, no será ajeno a las verdades y las mentiras, las pasiones y las desgracias, ni se sustrae a la época del gran capital, sino que todos conviven, muestran el presente, diseñan el futuro y con mayor o menor fortuna pretenden ser arte que emocione, con un discurso emotivo e inteligente. Ni más ni menos que los empeños que señalaba Cortázar. Quien no vea esa proyección de inteligencia y sensibilidad en Bands of brothers, A dos metros bajo tierra, The wire o Breaking bad, padece de privación del sentido o vive de epifanías artísticas que le llevan a un lugar que casi ninguno de nosotros frecuentamos.

Desde nuestro punto de vista, hay tres tipos básicos de series. En primer lugar, las miniseries, que no dejan de ser largometrajes muy largos. No son de las que abundan en Yo soy más de series, pero podríamos poner como ejemplo el Yo, Claudio de la BBC basado en los libros de Robert Graves.

Le siguen las series procedimentales, aquellas que reproducen un caso por episodio, casi siempre de la misma manera, hijas del folletín y de la novela de kiosko. Puede que una trama superior atraviese cada una de las diversas temporadas pero basadas en el personaje —o en el grupo de personajes— reproducen esquemas de uno a otro episodio, convenciendo al espectador de una repetición ritual, siempre la misma pero siempre nueva, y que a veces se permite experimentos y dobles capítulos. Pensemos en House, en El príncipe de Bel Air, en Canción Triste de Hill Street o Expediente X, algunas de las que ustedes pueden encontrar en el libro. Este modelo es un recurso cómodo para la serie cómica, de escasa media hora y personajes planos.

En tercer lugar, los dramas seriales, los hermanos mayores de los culebrones, las series de tramas largas que familiarizan al espectador con unos personajes a quienes llegan a conocer mejor que al vecino de al lado —aunque conocer personajes es el fundamento de las series de televisión—. En los grandes dramas seriales, las temporadas se multiplican, los cliffhangers (mecanismo de guion que sirve para crear suspense) se reproducen fractalmente: mantienen el interés antes del corte publicitario, de un episodio a otro, de una temporada a otra. Los grandes dramas seriales —piense en Juego de tronos, en Los Soprano, House of cards— alargan tramas hasta la extenuación, tiran del espectador, lo absorben.

Han aparecido subgéneros: el spin off (utilizar a un personaje secundario como centro de otra narración), que puede tomar carácter de serie alternativa: pensemos en Cheers y Frasier; o de secuela/precuela (Better call Saul y Breaking bad), y los casos de miniseries, que cuando fusionan con los dramas seriales eclosionan en las series-antología, donde cada temporada es una serie en sí, en un espacio, tiempo o tema que vincula a unas temporadas con otras. Son un fenómeno tan reciente que en algún caso deberán esperar a una segunda edición de este libro: están True detective o Fargo, pero lo fundó —de alguna manera— David Simon con The wire.

Yo soy más de series viene a cumplir con la realidad. Las series de televisión son cumbre de la creación audiovisual del cambio de siglo. Se hicieron un hueco en el imaginario colectivo a partir de los años sesenta y han avanzado hasta copar gran parte del consumo cultural. Se nutren del cine clásico y de la literatura. La serie como objeto de estudio nos aporta una apertura de miras en el arte de contar de la que carecíamos en los tiempos en que Cortázar planteó aquella comparación. Por eso habría que preguntarse qué habría dicho Julio, con quién habría comparado este fenómeno que tanto abunda en el personaje y su comportamiento. Arriesgando, podríamos decir que siguiendo aquella comparación la fotografía ha ocupado el lugar del poderoso microrrelato y del aforismo, el cuento el del largometraje, y la novela el de la serie televisiva. El prodigio nos ha planteado un nuevo acontecimiento creativo: la serie inconclusa, aquella que es cancelada por su productor y que deja al creador sin más que poder decir y al lector sin más que disfrutar. Son nuevas obras inacabadas pero elevadas en su categoría artística, obras por las que los laicos enfermos de serie rezamos: porque algún día algún productor se apiade y nos muestre el final de Deadwood. Los mismos que pedimos que Yo soy más de series tenga segunda temporada y no se cancele.

*Alfonso Salazar ha participado en el libro Yo soy más de series y presenta el programa de radio en internet La vida en serie.

jueves, 21 de abril de 2016

LAS CAUSAS, de Jorge Luis Borges

Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta
de Adán. El ordenado Paraíso.
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia.
La luna que miraban los caldeos.
Las arenas innúmeras del Ganges.
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
Las manzanas de oro de las islas.
Los pasos del errante laberinto.
El infinito lienzo de Penélope.
El tiempo circular de los estoicos.
La moneda en la boca del que ha muerto.
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas, los fastos, las legiones.
César en la mañana de Farsalia.
La sombra de las cruces en la tierra.
El ajedrez y el álgebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de reinos por la espada.
La brújula incesante. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos.
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo.
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe del tahúr. El oro ávido.
Las formas de la nube en el desierto.
Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.

(Historia de la noche)

viernes, 25 de marzo de 2016

EL ESTABLISHMENT: OCHO APELLIDOS BRITÁNICOS

El establishment
Owen Jones
Seix Barral, 2016

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Owen Jones nos sorprendió con Chavs: la demonización de la clase obrera (Capitán Swing, 2012) un concienciado análisis sobre qué ocurrió en Gran Bretaña para que el término clase quedase deshonrado y los nietos de los orgullosos obreros de la posguerra sean hoy objeto de burdos chistes. Jones se preguntaba por qué los miembros de la clase trabajadora se consideraban a sí mismos clase media e investigaba cómo el thatcherismo y el neolaborismo demolieron el empaque del sindicalismo, redujeron progresivamente la intervención estatal y desmontaron el Estado de todos en favor de un Estado para pocos.Lo hizo con números, datos, nombres, estadísticas.


Pero el comentarista británico había olido sangre cuando terminó Chavs: se atisbaba la élite, los aparatos ideológicos, los mitómanos del mérito individual, la oligarquía financiera y política que estimula la desigualdad social, como una nata agriada de la sociedad. Por eso llegó hace pocos meses a las librerías la traducción de Javier Calvo de The Establishment: And how they get away with it, en nuestro país bajo el título El Establishment. La casta al desnudo, editado por Seix Barral, con un subtítulo que es, sin duda, un lance oportunista. El Establishment es despedazado, desmenuzado para analizar sus trazas, sus componentes indispensables. No se confunda: no es una nueva teoría conspiranoica. Este Establishment tiene cara, nombre, opinión e historia. Es de carne y hueso, con la cuenta corriente repleta y unos objetivos claros. No es una liga de supervillanos, sino un sistema donde pueden sentarse juntos el decente y el psicópata. Por eso el asunto no está en la medida moral, sino en la posición de privilegio.

El Establishment británico se compone de una triunfante pléyade: los pioneros fueron aquellos que Jones denomina “escuderos”, intelectuales que hace cuarenta años defendían teorías sociopolíticas que se consideraban descabelladas, liberales nostálgicos que obviaban los efectos del laissez faire en la economía de los años 30. Agrupados en los think thank de la derecha, y a pesar del clima hostil, lograron el gran asalto con la crisis de los años 70: los think thank habían allanado el camino y las ideas promercado libre thatcheristas que se presentaban como las más sólidas y apropiadas para dar triunfo al político de turno. El antiguo Establishment de posguerra se tambaleaba, el marco de las finanzas internacionales fue desmantelado, junto con los acuerdos de Bretton Woods, en 1971. A partir de entonces ideas que podrían parecer lunáticas años atrás, se convertían en preceptos inevitables: mercado libre, dividendos en los servicios públicos, gestión privada como solución inmejorable, el efecto benéfico de las puertas giratorias, la voladura del sindicalismo , recorte de impuestos a las capas más ricas de la sociedad, fomento del temor a la huida del dinero de los poderosos a la vez que se eliminan los controles de capitales, la construcción de vivienda pública como anatema, la erosión de las barreras entre intereses privados y el Estado, esquizofrenia de monopolismo y competencia.

Junto a estos zapadores que allanaron el camino en connivencia con medios de comunicación, régimen político y las más fuertes corporaciones, está lo que Jones denomina “el cártel de Westiminster”. Sí, en sede parlamentaria se legisla a favor y los políticos invierten en su futuro. Sus señorías despotrican sobre el exceso de gasto público, exageran la existencia de humildes defraudadores de las ayudas públicas, pero son ellos los máximos beneficiarios de las mismas, y además se empeñan en la minoración de los tramos de impuesto a los más ricos y a las corporaciones poderosas, aunque sean conscientes de que son los que menos pagan y que nunca satisfacen lo que realmente deben. Al fin y al cabo, en esas corporaciones está su futuro laboral.

En 2002 Margaret Thatcher dijo que el laborismo de Blair mantenía saludablemente la llama de las políticas que ella misma había impuesto al país, como un credo salvador: una política contaminada por la gran empresa, las altas finanzas, los lobbys y las consultoras especializadas en posibilitar el fraude y el servilismo ante las riquísimas dictaduras petroleras.

Junto al cártel, los medios de comunicación como el más poderoso lobby del Establishment, incluida la BBC: aquí resaltan esa imagen mugrienta de la amistad y componenda entre Blair y Murdoch, y el nunca aclarado asunto de las escuchas telefónicas de News of the world. Le sigue la policía, antiguo sostén, ahora defenestrada por el propio Establishment, cumplido el servicio y domeñada la masa a través del mantra. Una policía que en Gran Bretaña siempre fue considerada parte del pueblo, no del Gobierno, y que fue crucial en la aniquilación del sindicalismo, la satanización de la protesta callejera y la huelga.

Se retrata a los amos de la City y los magnates defraudadores, las grandes corporaciones que gorronean al Estado. “El mercado libre que tanto le gusta al Establishment es una fantasía”, dice Owen Jones. En Gran Bretaña florece el socialismo, pero un socialismo solo para ricos y empresas. El sector privado quiere reducir el Estado, pero el capitalismo depende del estatalismo, de las infraestructuras viales y ferroviarias pagadas por todos los ciudadanos y que ejecutan las grandes corporaciones, muchas veces subsidiadas directamente, del desgravamen público, los gastos en formación de trabajadores a través de la Educación pública, la Universidad o los cursos de formación. O la “madre de todos los subsidios”: la salvación del sector financiero sufragada por el contribuyente. No fue el dogmatismo mercantilista el que acudió en rescate de los bancos: fue el Estado. Las clases humildes deben obedecer las reglas del capitalismo más despiadado, pero los bancos y las clases altas, no. Eso fue el rescate: “si sale cara, gano yo. Si sale cruz, pierdes tú”, como declara un director de la unión bancaria a Jones.

Por el libro pasan caras y nombres, retratos de la City, Wetsminster, el Strand... pero son tipos reconocibles. Aquí tienen otros apellidos: Rato, Fabra, Pujol, Granados, Díaz Ferrán, Blesa, Guerrero, Bárcenas. Ocho apellidos españoles.

Alfonso Salazar

miércoles, 23 de marzo de 2016

GATOS CALLEJEROS (canción)

Una medida incómoda del repente,
ni tanto tiempo como para acostumbrarnos,
ni tan poco tiempo como para sorprendernos.
Hemos visto morir tantos sauces
bajo los sueños locos de los arquitectos.

Entre las ruinas del centro comercial
¿a dónde van a morir los gatos callejeros?

A la vida se viene sin estar enseñado
el manual de instrucciones es un libro cerrado.
Canta el más irresponsable
de tus hijos mayores,
también el más pequeño.
Son las cosas que tienen los sueños.
Frescas noches de verano,
cálidos días de invierno.

Cuando sea sereno.

¿a dónde van a morir los gatos callejeros?

Alfonso Salazar, marzo 2016

sábado, 20 de febrero de 2016

STAR WARS: FILOSOFÍA REBELDE PARA UNA SAGA DE CULTO

Inicio una colaboración con Los diablos azules, de InfoLibre, que espero nos dé mucho que leer.

Star Zars: Filosofía rebelde para una saga de culto
Carl Silvio/Tony M. Vinci (eds)
Errata Naturae, 2015

LEER EN LOS DIABLOS AZULES


En el año 2007 Carl Silvio yTony M. Vinci, dos seguidores de la saga Star Wars recopilaron en un libro diversos ensayos de especialistas norteamericanos, de áreas muy diversas, para reflexionar sobre el fenómeno. Por entonces conocíamos una trilogía, denominada “original” y una segunda o “precuela”. En 2007 Star Wars era presentado como un mito cultural, pleno de simbolismo, que había pasado del mero entretenimiento entretejido de universos imaginarios y merchandising a ser objeto de reflexión, en la línea abierta por una cultura post-pop que busca significados trascendentes en todos los significantes. El pasado mes de noviembre la editorial Errata Naturae, siempre atenta y atrevida, tuvo la feliz y oportuna idea de publicar este trabajo compilatorio y ofrecerlo a los lectores españoles con la traducción de Miguel Ros González. Es buen momento repasar lo pasado cuando se avecina el futuro en Star Wars.


El libro consta de ocho ensayos, que van desde la interpretación de la influencia del capitalismo tardío en la configuración de la saga, hasta las distintas versiones del feminismo que destilan una y otra trilogía. El motor de la recopilación ensayística se centra en la comparación de aquella serie de películas de finales de los 70 e inicios de los 80 y aquella otra que cruzó el umbral del siglo XX al XXI. Entre una y otra no sucedieron pocas cosas en este pequeño planeta de esta otra galaxia tan, tan cercana: pasaron Reagan y Thatcher, cuyas políticas allanaron la imposición de la versión avanzada del capitalismo actual; la Perestroika, la caída de la Unión Soviética y su cinturón de acero; la proclamación de Fukuyama del fin de la historia; y el 11-S, el terrorismo internacional y la justificación de las guerras de castigo contra las guerras santas. No debe sorprendernos que ambas trilogías sean tan diferentes, cuando nacen en circunstancias históricas con diversas versiones del sistema capitalista, en constante descarga de actualización. Nos lo avisa Silvio: hemos presenciado la sustitución de la fabricación por la producción y el intercambio de servicios e información, la descentralización, el sometimiento de la cultura humana a la lógica del capital y una tecnología cada vez más compleja y dominante, de la que casi todo pende, y hemos sobrevivido en el capitalismo global, en el tardocapitalismo, capitalismo de tercera fase, postindustrial, multinacional, o como queramos llamarlo, pero siempre "la forma más pura de capital que jamás haya existido", según Frederick Jameson. Que George Lucas se hubiese sustraído a esta influencia de evolución capitalista habría sido un exceso que la industria del entretenimiento no se podría permitir, y que acaso la reconocida ambición del cineasta no habría consentido. Sea en el discurso de género, en la sexualidad, el racismo, la religión o el feminismo -que son algunos de los asuntos tratados por esa variada selección de colaboradores- cada trilogía se puso al ritmo que marcaban los tiempos, modificándose según la demanda de los fans, la corrección política o siendo un borroso espejo simbólico del periodo que entonces vivimos, como pretenden demostrar algunos de estos breves ensayos.

Silvio y Vinci, que abren la selección, se centran en las circunstancias políticas, económicas e históricas que marcaron el surgimiento de cada trilogía, para reinterpretar qué quiso decir George Lucas en tal película, en tal suceso, en cual escena y para señalar, sobre todo, qué pudimos entender entonces y qué entendemos ahora. No solo tratan acerca de los reajustes del capitalismo, sino del enfrentamiento entre el elogio de la individualidad, el héroe solitario de la trilogía original, y el fracaso colectivo de la precuela, mostrado en la caída de la República y el advenimiento del Imperio. Interesante es el cambio que sufre la consideración de la Fuerza entre una y otra trilogía, que pasa de ser una intuitiva energía que conduce a la bondad a mostrarse como una sustancia en la sangre medida en midiclorianos y que se transmite entre generaciones, como un material genético único cuyo nivel celular te lleva hacia el oficio de jedi, irremediablemente. Hermosa metáfora de cómo medimos ahora, cómo medíamos entonces.

Quien esto escribe se alimentó en la primera adolescencia de aquella primera entrega, cuando aún era solamente La Guerra de las Galaxias; pasó de puntillas por la segunda oleada; y aún no ha entrado, por un exceso de desconfianza quizá, en la tercera que se avecina. No ha frecuentado los universos paralelos y expandidos de Star Wars que se han extendido más allá de las fronteras de la Federación. A través de internet, se lo aseguro, pueden visitarse extensos y procelosos estudios que profundizan en un enjambre de intertexto, wikia, fandom, que adormecen, asustan y resultan casi tan inexplorables como el agujero negro que hay en el centro de la Galaxia. En todo caso, un panorama de opinión y acumulación de información difícilmente abarcable para un solo ser humano, es decir, tal y como a día de hoy resulta el conocimiento, sea tecnológico o económico.

Pero es interesante discutir si Lucas fue el tremendo profeta del entretenimiento, el recuperador del cine de aventuras, el creador de un nuevo universo, lejano, muy lejano, o simplemente el vendedor de una sucesión de clichés, que pasó por el aro de la industria del entretenimiento, de la exigencia del fan y del discurso oportunista. Es indudable que Lucas, como reconoce en un reciente documental de Laurent Bouzereau, bebió de las funciones de Vladimir Propp, aplicó el viaje del héroe de Campbell y jugó con los arquetipos junguianos, piezas que combinadas son fundamento –con ilusión y recursos- del éxito comercial o el best séller, por su larga herencia y su suave fusión con el imaginario colectivo. Pero no es en vano que los colaboradores de esta compilación de breves ensayos mencionen a Marx, a Freud , a Benjamin, a Althusser… Reflexionar sobre los fenómenos de la cultura popular requiere basarse en la producción de pensamiento que marcó el siglo XX y siempre procede cuando desmenuzamos el cine más o menos sesudo y la producción televisiva de mayor calidad, punto en el que convergen las áreas de conocimiento y aparece la piedra de toque para la reflexión. Y se agradece este esfuerzo, este ponernos a pensar desde lo particular a lo general, y provocarnos el interés por lo que se avecina: una trilogía-secuela hecha desde el capitalismo en fase terminal, desigual y salvaje.

Alfonso Salazar

lunes, 15 de febrero de 2016

Soneto de tus vísceras, de Baldomero Fernández Moreno

Harto ya de alabar tu piel dorada,
tus externas y muchas perfecciones,
canto al jardín azul de tus pulmones
y a tu tráquea elegante y anillada.

Canto a tu masa intestinal rosada,
al bazo, al páncreas, a los epiplones,
al doble filtro gris de tus riñones
y a tu matriz profunda y renovada.

Canto al tuétano dulce de tus huesos,
a la linfa que embebe tus tejidos,
al acre olor orgánico que exhalas.

Quiero gastar tus vísceras a besos,
vivir dentro de ti con mis sentidos...
Yo soy un sapo negro con dos alas.

domingo, 14 de febrero de 2016