lunes, 20 de mayo de 2013

19 de mayo, de Javier Egea

Existe una razón para volver. 
6 de la madrugada de la calle Lucena 
donde los basureros y el sereno 
tenían su eterna cita 
con el café con leche y el aguardiente seco, 
adonde los borrachos concluían 
la noche soñolienta del vino repetido. 

19 de mayo. Pensión Fátima 
en donde la pregunta del abrazo desnudo 
supo al fin el porqué de tanta lucha, 
la clave del sudor sobre las sábanas, 
y la virginidad redonda, amanecida, 
reconoció la llave de su casa madura, 
con una verde mano le puso rumbo exacto 
y la llevó a su centro 
y siempre siempre siempre 
nació allí la tormenta del esperado amor 
como un racimo. 

¿Quién hubiera pensado 
que la 3ª planta, 
la habitación oscura, 
el urinario sucio, 
las hojas del diario clavado en la pared 
y la maceta artificial, 
el plástico 
de las flores chillonas, 
iban a ser testigos 
de aquel incandescente poderío, 
de tanta luz sin freno, 
de aquella tempestad acribillada? 

Después de tantos pájaros 
persiste en los teléfonos del aire, 
en alta mar aún vive 
y es el regreso un tramo de la vida. 
Existe una razón 
para volver a la ciudad del gozo, 
a la pequeña aldea de la pensión barata 
y las comadres 
raídas en la esquina. 

Existe una razón 
para aquella manzana de casas apagadas, 
para una turbia calle 
que fue la geografía de mi primer amor, 
el mapa donde tuvo mi gran pasión su cuna. 

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