martes, 16 de septiembre de 2014

CURSO ESCRITURA CREATIVA 2014-2015

Ya está convocado el Curso de Escritura Creativa en La Expositiva para el curso 2013-2014.





viernes, 12 de septiembre de 2014

ANTECEDENTES DEL SISTEMA BECARIO

El siguiente texto es un extracto del capítulo IV de la segunda parte de “La Forja”, el primer tomo de La forja de un rebelde, escrito por Arturo Barea en 1951, donde el protagonista charla hacia 1915 con un compañero de trabajo sobre los meritorios. El “Sistema Becario” que se ha impuesto en nuestro país, parece que tuvo su prehistoria.

- Hay en Madrid veinte bancos; a cincuenta meritorios cada uno son un millar. En España habrá un promedio de doscientos bancos con veinte meritorios cada uno, son cuatro mil chicos; hay millares de casas de comercio que tienen meritorios sin sueldo; así que hay millares de chicos que trabajan, no ganan nada y además quitan de trabajar a los hombres.

- Pero, Pla .le digo yo-, es el aprendizaje.

- ¿Es aprendizaje? Es la explotación sistemática del chico. Está muy bien estudiada. Cuando lleves aquí siete u ocho meses, un día te pondrán en la calle; si entonces vas a otro banco y cuentas que has estado aquí ocho meses y te han despedido, no te admiten. Si te callas, tienes que estar otro año de meritorio, para correr el riesgo de que te despidan a los ocho meses. Y te encuentras en la misma situación. Si buscas un trabajo en una oficina particular, te dirán que aquel negocio no es un negocio de banco y que si quieres puedes entrar de meritorio, para que aprendas sus particularidades. La única posibilidad de romper este círculo vicioso es aprovechar ahora y pedir trabajo mientras estás trabajando en el banco. Así es más fácil encontrar una casa que te dé cinco o seis duros de sueldo al mes.

- Pero yo quiero ser empleado de banco.

- Bueno. Pues entonces prepárate a tener paciencia.


(La forja de un rebelde. Arturo Barea, 1951)


viernes, 29 de agosto de 2014

LA RAZA COMO INVENCIÓN HUMANA

En este simpático vídeo, se trata sobre la creación humana de las "razas" perros. Es preocupante que en la actualidad se considere "puro" a lo que no es más que una invención: LA RAZA, un concepto sin sostén científico. Por cierto, se puede aplicar lo mismo a casi todos los animales domésticos -que no a los domesticados- y a la inmensa mayoría de los alimentos vegetales, frutales y cereales de nuestra bolsa de la compra...

A través de procesos endogámicos se generan las razas desde hace siglos, aunque en los últimos cien años se ha desatado el proceso de selección y experimentación.





(subtitula Upsocl Channel)

Wikipedia abunda sobre el tema. Pero anímese a buscar, no solo sobre perros, sino sobre la manipulación genética histórica sobre gatos, vacas, cerdos, ovejas, cabras...

domingo, 24 de agosto de 2014

GRANADAIMEDIA

Entrevista en www.granadaimedia.com
EL DETECTIVE DEL ZAIDÍN VUELVE A LA CARGA, por Lorena Moreno

viernes, 8 de agosto de 2014

UNA PERSONA, UN VOTO

La propuesta de reforma del Partido Popular de la Ley Electoral tiene como principal objetivo una coletilla sencilla que se añadiría al artículo 180 de la Ley Orgánica 5/1985, que aún no está redactada, pero podría dejar al artículo diciendo algo tal que así: “La atribución de los puestos de Concejales en cada Ayuntamiento se realiza siguiendo el mismo procedimiento previsto en el artículo 163.1 de esta Ley, con la única salvedad de que no son tenidas en cuenta aquellas candidaturas que no obtengan, por lo menos, el 5 por 100 de los votos válidos emitidos en la circunscripción. La candidatura que haya superado el 40% de los votos válidos emitidos en la circunscripción y supere, al menos en cinco puntos porcentuales a la siguiente candidatura, obtendrá automáticamente la mitad más uno de los puestos de concejal en el Ayuntamiento. El subrayado pertenece a la aportación que se quiere hacer al artículo. La práctica ya fue estudiada por el PSOE a fines del siglo pasado, con variantes importantes, como la contemplación de la segunda vuelta. La intención de reformar el sistema de representatividad en los Ayuntamientos no es nueva.

 

El objetivo de esta reforma, que iba en el programa electoral, se justifica en facilitar la gobernabilidad y la estabilidad de la corporación. Pero estamos ante un cambio trascendental de las reglas de juego.

 


Hasta el momento, en las más importantes elecciones, una persona valía un voto, si bien los sistema electorales y la determinación de las circunscripciones (como sucede en las Elecciones Generales en España) hayan relativizado estos valores, y como bien sabemos, el voto de una persona de provincias con grandes urbes “vale” mucho menos que el de una provincia de escasa población. Basta comparar cuántos votos sostienen a un parlamentario de Guadalajara y a otro barcelonés, por poner dos ejemplos extremos (unos 25.000 en la primera frente a unos 130.000 en la segunda).  Esta representación infravalorada de las zonas urbanas más pobladas frente a una representación sobrevalorada de las zonas rurales despobladas es una fuente discriminatoria que hace que la calidad de equidad del voto quede en entredicho. Nada se ha hecho para solventarlo en los últimos 40 años. La igualdad es un camelo cuando el voto que realiza una persona cualquiera no tiene el mismo valor que el de cualquier otro ciudadano de la misma comunidad.


Además, perviven instituciones en este país nuestro que no se rigen por la elección directa -como sucede en Elecciones Generales, Autonómicas o Municipales-, es el caso de las Diputaciones Provinciales, que mantienen unas estructuras de representación basadas en los Partidos Judiciales (ambas instituciones datan del siglo XIX y fueron fruto de la ordenación provincial del motrileño Javier de Burgos) y completan la formación de sus gobiernos a través de voto indirecto. Pero incluso en estas instituciones ajadas, el voto del ciudadano tiene un valor único. Indirecto, pero único, igual, aunque con una proporcionalidad tamizada en la distribución de los partidos judiciales, que como en el caso anterior desequilibra el igual valor de votos que precisa el representante.


 


Sin embargo, en este cambio legislativo, lo que cambiará será el valor del voto ciudadano. Se primará la mayoría simple, de manera que sin ser ducho en matemáticas, el voto del ciudadano proclive a la mayoría, ese que vota con el 40,01 % mayoritario, tendrá un valor superior al del ciudadano que vota con el 59,99 % que disiente.

 

El galimatías del voto es complejo y este no es el lugar para analizar su historia, sus características (universal, libre, directo, secreto, etc) ni su estructura. Nos interesa en todo caso una de las características del voto en democracia: que será igual, dice el articulado constitucional. Este concepto sí queda reservado y observado por la Constitución Española en el artículo 68.1, con poco margen interpretativo. Así aparece también en el artículo 140, referente a los Ayuntamientos. Que el voto sea igual significa que cada voto, cuantitativamente, no varía de uno a otro ciudadano. Es decir, que no vale el voto doble.

 

Pero la proporcionalidad, que es lo que está en juego, solo está garantizada para el Congreso (art. 68.3). Sin ser experto constitucionalista, uno puede sospechar que la valoración se hará a posteriori, que el voto seguirá siendo igual, pero la aplicación de la fórmula magistral electoral, esto es, la interpretación y traducción matemática del voto, no lo será.

 

En esta propuesta de reforma se puede deducir que se enmascara un voto desigual pero, que en tal caso, se presentará como un voto con plusvalía. El voto de la mayoría no obtendrá un plus cuantitativamente, sino cualitativamente y conforme a la interpretación posterior que haga el sistema electoral. Así, no se trata de que cuantitativamente un voto “valga más” en el momento de ser depositado en una urna, sino en su valoración posterior, cuestión que queda al albur de las Leyes Orgánicas (aquí pueden entrar muchas de las correcciones que los expertos en constitucionalismo del 78 podrían aportar), que no están protegidas por la obligatoria mayoría cualificada que se exige en las modificaciones constitucionales. El problema reside, pues, en la proporcionalidad más que en la condición de igual del voto. Pero en aras de la gobernabilidad, hasta la condición de igual puede ponerse en juego.

 

El voto desigual, que cualquier día podría plantearse -y bastaría la reforma constitucional del artículo de manera conveniente-, podría provocar que el voto de quien paga más impuestos valga más que el del que paga menos y termine por convertir el Estado en una Sociedad Anónima con un sistema de participaciones donde los ciudadanos son accionistas desparejos. Casos han existido en el pasado en Europa, donde los propietarios de la tierra tenían más de un voto, o donde los grandes propietarios podían votar en varias circunscripciones. Cosas más raras podemos ver.

 


La consolidación de “una persona, un voto” que se realizó en la España de los setenta del siglo pasado es revisado a la baja, y conforme a la comparativa con otros estados europeos, en defensa de la gobernabilidad y contra la fullería que provocan determinados y oscuros pactos postelectorales (tripartitos, tetrapartitos…). Sin embargo, la sobrevaloración de los votos mayoritarios –también podría aplicarse un sistema mayoritario, y punto, y de esa manera evitar el paripé de la proporcionalidad- parece tener como fin el enroque de las opciones de los dos grandes partidos. La mayoría absoluta, sí ha quedado demostrado, tiene en nuestro país una vocación de rodillo político. Esta sobrevaloración incide en posibilitar la creación de rodillos sin mayorías matemáticas. El consenso es una práctica desconocida y la defensa del bien –y el sentido- común un bien escaso. De tal manera, podríamos asegurarnos que el 40 % de la población, de manera legal, se convirtiese en mayoría absoluta. El bipartidismo español incide en la renuncia al pacto históricamente; y los pequeños partidos, condenados a auparse al poder como bisagras, no tienen la capacidad -ni el sistema electoral les estimula-, para convertirse en artífices de pactos y acuerdos.

 


En Francia, Italia, Alemania, los sistemas de elección del gobierno municipal son de distinta naturaleza, varían según las dimensiones de los municipios (como pasa en nuestro país en aquellos con poblaciones menores de 250 habitantes y los de régimen de Consejo Abierto, que son muchos municipios, aunque de poquísima población relativa). En muchos de estos países se diferencia la elección del Alcalde (gestión) de la elección del Pleno (normativo y de control); se aplican sistemas de segunda vuelta donde el número de candidatos queda restringido; o como en la propuesta del PP, se priman las listas más votadas aplicando tantos por ciento de representación por encima de los tantos por ciento de representatividad obtenida, incluso otorgando un 60 %. Aunque es rarísimo el caso en que no se precise de una segunda vuelta confirmatoria. El sistema de bonus track, a vuelta simple, es el que está sobre la mesa. Una fórmula electoral que convertirá votos en concejales con un salto mortal sobre la noción de representatividad proporcional que nos ha caracterizado.

 


Sorprende que en una situación de quiebra de confianza en los partidos políticos –y en las instituciones en general-, esta sea una de las preocupaciones de los grandes partidos. En vez de mirar hacia las fuentes que han generado la desconfianza y proponerse elevar los niveles de transparencia, la elección democrática de sus propias candidaturas, estudiar la aplicación de las listas abiertas y fajarse en el acercamiento a la ciudadanía para retomar la confianza perdida, se plantee una bunkerización del voto, una minusvaloración de los votos disidentes. Lo que a la larga contribuye a alimentar la sensación de que son votos inútiles todos aquellos que no se apegan a las listas mayoritarias. En vez de profundizar en la riqueza de la representatividad, en el entendimiento entre representantes en continua comunicación con sus bases y simpatizantes, el camino tomado lleva hacia una cada vez más lejana regeneración e higiene democrática y busca recuperar los cimientos roídos del bipartidismo.


Alfonso Salazar

sábado, 19 de julio de 2014

Propiedades del dinero. Estrofas 490-514. Libro de Buen Amor. Arcipreste de Hita.

Hace mucho el dinero, mucho se le ha de amar;
Al torpe hace discreto, hombre de respetar,
hace correr al cojo al mudo le hace hablar;
el que no tiene manos bien lo quiere tomar.

También al hombre necio y rudo labrador
dineros le convierten hidalgo doctor;
Cuanto más rico es uno, más grande es su valor,
quien no tiene dinero no es de si señor.

Y si tienes dinero tendrás consolación,
placeres y alegrías y del Papa ración,
comprarás Paraíso, ganarás la salvación:
donde hay mucho dinero hay mucha bendición.

Él crea los priores, los obispos, los abades,
arzobispos, doctores, patriarcas, potestades
a los clérigos necios da muchas dignidades,
de verdad hace mentiras, de mentiras hace verdades.

Él hace muchos clérigos y mucho ordenados,
muchos monjes y monjas, religiosos sagrados,
el dinero les da por bien examinados,
a los pobres les dicen que no son ilustrados.

Yo he visto a muchos curas en sus predicaciones,
despreciar el dinero, también sus tentaciones,
pero, al fin, por dinero otorgan los perdones,
absuelven los ayunos y ofrecen oraciones.

Dicen frailes y clérigos que aman a Dios servir,
más si hueles que el rico está para morir,
y oyen que su dinero empieza a retiñir,
por quién ha de cogerlo empiezan a reñir.

En resumen lo digo, entiéndelo mejor,
el dinero es del mundo el gran agitador,
hace señor al siervo y siervo hace al señor,

toda cosa del siglo se hace por su amor.

sábado, 12 de julio de 2014

WM3

El efecto de una trilogía de documentales sobre el conocido como Juicio de los Tres de West Memphis, sirve para reflexionar sobre las consecuencias que puede tener el cine en el entorno social. El trabajo de los cineastas Joe Berlinger y Bruce Sinofsky que realizaron tres documentales para la HBO sobre aquel juicio, entre 1994 y 2012, son presentados por Alfonso Salazar.


En 1994 se inició un curioso experimento sociológico, sin pretenderlo. Joe Berlinger y Bruce Sinofsky, dos documentalistas estadounidenses con escasa experiencia y una recién estrenada pequeña productora (Maysles Films), prestaron atención al juicio que se iniciaría en West Memphis (Arkansas) donde serían procesados tres adolescentes. La acusación acusaba a Damien Echols, Jason Baldwin, y Jessie Misskelley de ejecutar un ritual satánico con resultado de muerte en las personas de Christopher Byers, Michael Moore y Stevie Branch, tres niños de ocho años de edad.

Berlinger y Sinofsky se trasladaron con su equipo a una ciudad sureña del medio oeste americano que no supera los veinticinco mil habitantes. Es una pequeña población al otro lado del río Misisipi, frente a Memphis (en el vecino estado de Tennessee). La ciudad fundada por Hernando Soto en territorio chickasaw y afamada por su densidad musical en la historia reciente: fue el criadero de Elvis, BB King, John Lee Hooker, Alex Chilton, Roy Orbison… West Memphis es en la práctica un suburbio del gran centro de transportes que es su vecina homónima. Una localidad con un tanto por ciento de población negra superior al 50 % que progresó con la industria maderera y sobre todo con la estratégica situación en la red de tránsito rodado estadounidense, lo que le procura un importante papel en las operaciones de distribución y montaje. Sin embargo, West Memphis mantiene tasas de delincuencia por encima de la media nacional, con una cuarta parte de la población por debajo del umbral de la pobreza. Se encuentra en la zona que en EEUU es denominada el “cinturón de la Biblia”, que engloba el sureste y centro-sur del país, donde predomina socialmente el conservadurismo evangélico.

Los tres adolescentes -conocidos como “los tres de West Memphis“ (WM3) para la historia-, fueron acusados del asesinato y la mutilación sexual de tres niños en una frondosa zona alrededor de la ciudad, conocida como Robin Hood Hills. Los chicos habían desaparecido a principios de mayo de 1993 y fueron hallados sus cadáveres al día siguiente, en una zanja, casi desnudos y atadas sus extremidades por la espalda, como los cerdos. El diagnóstico del forense determinó que Moore y Branch habían muerto por ahogamiento y a Byers, además, le habían seccionado el pene y el escroto.

Tras algunos indicios que fueron desechados, Jessie Miskelley fue interrogado a principios del mes de junio durante doce horas y sin la obtención por parte de la policía de un permiso paterno. Miskelley tenía diecisiete años, un coeficiente intelectual de 72 y había abandonado la escolarización. Solo se grabó un amínima parte, una hora y media, de aquel interrogatorio. Tras la confesión, la policía decidió detener a Damian Echols, un joven de dieciocho años, con un historial donde figuraban una estancia en una institución mental, diagnósticos de depresión y tendencias suicidas. Echols, cuya familia era asidua usuaria de los servicios sociales, esperaba por entonces un hijo de su novia y había sido detenido anteriormente por vandalismo y hurto. Solía llevar camisetas de heavy, vestía con estética “gótica”, practicaba la wicca –una religión neopagana- y leía novelas de Stephen King. Tales argumentos fueron utilizados en el juicio. También fue detenido su amigo Jason Baldwin, dos años menor que Damian, un chico que destacaba en la escuela por su afición al diseño gráfico y coincidía con Echols en sus aficiones y en la aversión por el asfixiante clima social de la ciudad.

En cuanto los tres fueron acusados de la matanza, los ciudadanos de West Memphis se sintieron aliviados. Existían unos monstruos que habían cometido los atroces crímenes y se haría justicia. Se dirigió la ira de la comunidad hacia estos tres adolescentes, aparentemente involucrados en cultos satánicos. Los rumores sobre las actividades de grupos satánicos abundaban en esta comunidad predominantemente baptista desde décadas atrás. Los periódicos locales alimentaron la sed de sangre de la comunidad ,desde el momento en que se realizaron las detenciones hasta que los chicos fueron juzgados. Corrían por las tiendas de comestibles, bares y gasolineras historias de abominaciones satánicas, rumores, conclusiones de demostrada culpabilidad.

Fue en ese momento cuando Berlinger y Sinofsky se presentaron en West Memphis. Primero sería juzgado Misskelley de manera separada, y posteriormente Echols y Baldwin. Los cineastas recogieron en sus grabaciones el esperpento que supusieron ambos juicios: Misskelley fue condenado a cadena perpetua en el primer proceso. Baldwin obtuvo la misma pena en el segundo, mientras Damian Echols fue condenado a pena de muerte por inyección letal. Era abril de 1994. No había pasado ni un año del hallazgo de los cuerpos mutilados de los niños.

Lo que recogieron en su primer documental (Paradise Lost 1: The child murder in Robin Hood Hills, con música de Metallica) recoge un despropósito tras otro. Sinofsky y Berlinger solo mostraron respuestas de los implicados, sin preguntas: de los padres de los niños asesinados, de la policía, de periodistas locales, abogados y fiscales, de sencillos ciudadanos. Algunos de los protagonistas del documental tomaron un papel fundamental. En tanto filmaban el documental los directores recibieron, a través del cameraman Doug Cooper, una navaja entregada por John Mark Byers, padrastro de una de las víctimas. Examinaron la navaja y encontraron rastros de sangre, así que la entregaron a la policía.

La película tuvo éxito, y provocó acusaciones de una instrucción policial nefasta, de conclusiones extraídas sin fundamento, de interrogatorios ilegales y obtenidos bajo amenaza, de filtraciones, registros desastrosos, retractos, hipótesis alternativas que fueron desechadas despreocupadamente…

Los documentalistas volvieron en el año 2000 para grabar Paradise Lost 2: Revelations. La gran resonancia y buenas críticas de la primera entrega, la publicación de libros, había provocado una movilización en el resto del país cristalizada en grupos que consideraban que el juicio no había sido justo. Sinofsky y Berlinger, es cierto, no encontraron para su segunda entrega las mismas facilidades, por parte de las autoridades, que habían encontrado en la primera visita. Pero ciertos personajes, como John Mark Byers asumieron un papel inesperado, pues se rumoreaba sobre su posible implicación en el crimen. Byers, como inmerso en un reality show, asumió el rol protagonista, elucubraba hipótesis, teatralizaba, cantaba salmos religiosos, hacía prácticas de tiro sobre calabazas, como si fueran las cabezas de los condenados, a quienes condenaba con un cuidado y vengativo discurso bíblico. Bruce Sinofsky lo denominó "una de las figuras más interesantes de la historia del cine." 

En la segunda entrega, conocemos que Echols ha recurrido su sentencia a muerte y es apoyado por grupos llegados de todo el país. Se toman en cuenta nuevas pruebas y queda patente la chapucera gestión que una policía, sobrepasada, había llevado a cabo siete años atrás. Se publican libros, conocidas figuras del cine y la música toman partido, las redes sociales hierven en posturas encontradas, aquellos que apoyan a los WM3 contra quienes los consideran psicópatas culpables: los “suporters”, contra los “nons”.

Hubo una secuela más, Paradise Lost, 3: Purgatory, en 2011. Aquellos jóvenes han pasado dieciocho años encarcelados. El efecto propagandístico de la trilogía de los documentalistas ha procurado que Echols pueda recurrir a reconocidos forenses para realizar pruebas de ADN, que no se pudieron realizar en su momento, y espera poder obtener la celebración de un nuevo juicio. El equipo de abogados de los tres de West Memphis, que nada tiene que ver con la actitud del original, plantea las contradicciones y graves errores procesales cometidos en el año 1994. Entra en escena otro de los padrastros, Terry Hobbs, sobre quien también se centran sospechas. Testigos, familiares, implicados en la investigación comienzan a manifestar serias dudas sobre la comisión del delito. El propio John Mark –que ha perdido el halo de iluminado que exhibió- manifiesta sus incertidumbres.

Con la oposición de los juzgados menores, la Corte Suprema de Arkansas admite a trámite la apelación para decidir si debe celebrarse un nuevo juicio. Cuatro meses después se aplica una complicada argucia legal denominada Doctrina Alford, por el cual el acusado afirma su inocencia, pero admite que existen suficientes pruebas para condenarlo por el delito. De esta manera se alcanzó un acuerdo con la fiscalía, eso sí, sin poder iniciar una acción civil contra el Estado por encarcelamiento injusto. Fueron condenados por el juez a dieciocho años y setenta y ocho días, justo el tiempo que habían pasado en la cárcel, y a un incremento de diez años en libertad condicional.

Este último documental fue nominado en la entrega de los premios Oscar de 2012, tras recibir el Nacional Borrad of Review. Pero ganó otro documental (Undefeated), que sucedía en la vecina Memphis, en torno a un entrenador de fútbol americano que conseguía que una escuela del centro de la ciudad jugase por primera vez en 110 años un partido de playoff. Curiosa competición en Hollywood.

La triología de Berlinger y Sinofsky, iniciada en la era predigital, antes de la efervescencia de información a través de las redes, es un notable ejemplo de impacto del cine documental en la opinión pública. Si los cineastas no hubiesen tomado sus pertrechos y se hubiesen plantado en la puerta de los juzgados de West Memphis, la historia podría haber sido otra, muy distinta. Y es un documento impagable que muestra la fina línea que divide la verdad de los hechos del deseo comunitario, que mezcla las convicciones religiosas y el fanatismo con los procesos policiales y judiciales. Un experimento casual que, en definitiva, enseña cuánto de espectáculo tiene nuestra sociedad y la pervivencia de la caza de brujas en el umbral del siglo XXI.


Alfonso Salazar 

 

 

 


sábado, 28 de junio de 2014

LÁGRIMAS NEGRAS, de MIGUEL MATAMOROS (1894-1971)

Aunque tú me has dejado en el abandono
Aunque tú has muerto todas mis ilusiones
En vez de maldecirte con justo encono
En mis sueños te colmo,
En mis sueños te colmo de bendiciones

Sufro la inmensa pena de tu extravío
Siento el dolor profundo de tu partida
Y lloro sin que sepas que el llanto mío
Tiene lágrimas negras,
Tiene lágrimas negras como mi vida

Tú me quieres dejar
Yo no quiero sufrir
Contigo me voy mi santa
Aunque me cueste morir
Tú me quieres dejar
Yo no quiero sufrir
Contigo me voy mi santa
Aunque me cueste morir



jueves, 19 de junio de 2014

LA ESPAÑA REAL

Las estructuras pueden desvanecerse, pero son símbolos mientras están en pie y en tanto se hunden y se pudren. Incluso siguen siendo símbolos cuando el tiempo ha pasado sobre ellas, como apisonadora.

Este territorio que ahora algún político trasnochado, borracho de consejos de administración, llama “espacio público compartido” se le conoce en el resto del mundo como España, y antes se llamó las Españas, Imperio Español, Hispania, “este país” y otros muchas otras denominaciones. Siempre desde la trampa, que un buen filósofo desvelaría, de que juzgamos desde aquí y ahora lo que fue en otro tiempo y otro lugar. Por eso el resultado actual ha tenido distribuciones varias, flexibles extensiones, anexos, colonias, islas, tierras donde no se ponía el sol… Por aquí hubo guerras, conquistas, revoluciones, dictaduras y dictablandas, explotación, golpes de estado, persecuciones, expolios, exilios, expulsiones -muchas palabras con “ex”. Este territorio, este resultado casual, se resume actualmente en su vertebración espacial en una parte de la península ibérica, dos archipiélagos y dos ciudades norteafricanas. Pero como no puede presumir de una historia de buen gobierno, sigue dando vueltas en el sideral espacio del entendimiento en la busca de un acuerdo, un consenso que entronque sus realidades, sus lenguas diversas, sus sentimientos y sus banderas.


La disposición del planeta en países trazados por fronteras, en administraciones y gobernanzas más o menos afortunadas, parece a veces un sueño con indigestión. En las fronteras todo se filtra y se confunde, y ni siquiera en los centros de los territorios puede identificarse algo tan incorpóreo como la esencia nacional. Son estructuras pretendidamente sólidas –los estados- que se empeñan en pervivir, en un mundo fluido y cambiante, que se parapetan tras la unión de la Cultura, la Historia, la Lengua o las costumbres, y tratan de mantenerse firmes desde la convicción y la convención de que existe una administración que gobierna. El tema, lo sé, es mucho más complejo y hay cientos de sesudas obras que intentan explicar la cuestión del Estado y la Nación.



Pero sea como sea, cuando se trata de estructuras que se apoyan en conceptos democráticos de convivencia, es la suma de las opiniones de los ciudadanos quienes sustentan, aparentemente, y legitiman, oportunamente, el establecimiento de los poderes, y su simbología.

España es una monarquía constitucional. Hasta la fecha. No es una contradicción: una constitución no es inevitablemente una garantía de democracia. Plantear que el modo en que los ciudadanos se organizan es inamovible, es luchar contra el avance fatal del tiempo. La Historia ha demostrado que todo cambia, muchas veces a conveniencia de las generaciones de humanos coincidentes en tiempo y territorio.


La bifurcación Monarquía-República es un asunto con el que España brega desde hace siglos. Hace doscientos años el ejemplo francés y norteamericano cundió por parte del mundo entonces conocido. España llegó con retraso al empeño, con un caldo de cultivo propio, que muchas veces se ha juzgado deshilachado por sus variantes culturales y otras veces ha sido elogiado en su diversidad: según cante el gallo, según sirva para mostrar la marca del país, identificar individuales genios de la cultura o modernos héroes del deporte. Como las estructuras son símbolos, desde antes que nazcan y hasta después que mueran, levantar una u otra bandera, significa mucho más que el aprecio a un color u otro. No es nada nuevo.


La Constitución de 1978 aprobó, con el voto favorable de la mayoría de los españoles de entonces, un modelo de Estado, y una bandera. Ponen puertas al campo quienes pretenden que todo es inamovible. Juegan a las comparaciones odiosas quienes defienden que en la tradición vive la virtud y que constituciones tiene el planeta que han sobrevivido cientos de años. Es cuestión de cintura, de oportunidad de nacimiento. La gran mayoría de las constituciones surgieron de la revolución, de la demanda, de la exigencia a los poderes constituidos. La española surgió de una concesión a la calma, del miedo y de una herencia envenenada.

Plantear si la una es más cara que la otra es comparar géneros que nada tienen que ver: hay repúblicas baratas y monarquías caras, hay repúblicas costosas y monarquías de saldo. Todo depende de cuánto se quiere gastar la ciudadanía.

Sustentar que un modelo u otro es el más consensual, es algo que solo demuestra la máxima expresión de acuerdo, que es la suma matemática de la opinión de todos sus ciudadanos y sacar conclusiones.

Defender que la república es un proyecto exclusivamente de izquierdas, y democrático, es desconocer la historia de las repúblicas: hay repúblicas que no son democráticas y hay repúblicas que son dictaduras, de izquierda o de derecha. Y presumir que en las monarquías no existen políticas sociales es dar a esa cristalización simbólica de poder unas características de las que no goza.

En más de un país europeo los reyes son floreros, más o menos caros. A veces los reyes, que son símbolos siempre, plasman el orgullo de la historia y la esencia de la nación. Pero es muy probable que no sea el caso de España. Los vaivenes que fundaron este estado moderno así lo atestiguan. En cuanto la monarquía es un sencillo asunto sentimental, de cariño popular, donde la identificación se soporta en vítores del pueblo, souvenirs, escudos, selección nacional y procesiones por la capital, solo pervive tras esas manifestaciones la devoción del besamanos. El único besamanos decente se hace, por ahora, en las urnas y, siempre, en la política ciudadana activa y comprometida.


Promover que solo existe esa alternativa bifurcada de Jefe de Estado y Presidente de Gobierno, es escasez de miras. Hay estados sin doble representación, donde el jefe del gobierno es quien gobierna y representa el Estado, y punto.

Mantener una familia primus inter pares es una cuestión de estética con poca ética, con un tufo medieval, o si se apura, de Antiguo Régimen. Las monarquías modernas, constitucionales y decorativas son estructuras débiles, carne de papel cuché, dinosaurios en el museo. La igualdad se trabaja desde abajo.

Pero el símbolo es el símbolo. Y la aristocracia, los títulos nobiliarios, las dotaciones presupuestarias, la corte de banqueros exitosos, aforamientos y arbitrariedades, cabezas agachadas, reverencias, símbolos religiosos y militares, panegíricos unánimes de prensa y palacios vacíos e inútiles, súbditos frente a ciudadanos, desasosiegan. La inestabilidad que supondría la caída de la Monarquía preocupa por su simbología, por el miedo que provoca que las cosas cambien irremediablemente. Por si acaso lo establecido no es lo estable, y tras el descabezamiento de una antigua institución venga la de tantísimas otras que viven y perviven de prebendas e impunidades.


Temer los procesos constituyentes y pacíficos, más próximos o más futuros, es el reverso de la misma moneda que temió la primera transición hacia la democracia. Temer que la ciudadanía opine sobre los temas que le afectan, sobre los símbolos y las estructuras que se tambalean es un importante carácter de inmadurez. No todo ha de ser consultado, pero hay cuestiones que bien merecen una consulta. Sin miedo.