sábado, 4 de octubre de 2014

EL KIOSKO DE POESÍA

Entre mayo de 2002 y otoño de 2006 estuve montando regularmente un kiosko de poemas en la web que abrí por entonces: www.laplazahumana.com que tenía su versión en radio y su manifestación como revista en internet. Por entonces no había redes sociales, los blogs eran cosa de profesionales e internet era un mundo por explorar, como una ciudad que comenzaba a construir y vivía los inicios de su propia burbuja. Aquella recopilación de kioskos sigue por ahí, con su aspecto desaliñado de web avejentada, en la red: http://www.laplazahumana.com/paginasplaza/poesia/hemerotecakioskos.htm




miércoles, 17 de septiembre de 2014

PODEMOS Y LA IDEOLOGÍA

Cuando hace poco más de tres años irrumpió el Movimiento 15M en la vida política, ciudadana y social de España, los carteles de la campaña electoral de las elecciones municipales del 22 de mayo de 2011 envejecieron de pronto. En este blog nos hicimos eco de aquella situación en que, de pronto, pareció que los modos tradicionales de hacer política se tambaleaban ante una demanda que buscaba relacionar políticamente a los ciudadanos entre sí. No se trata solo de derrumbar unas estructuras piramidales, o diseñadas de arriba-abajo, sino de la relación política concebida como la relación social: un ovillo, una maraña de relaciones.

El tradicionalismo político se parapeta en los aparatos de los partidos, ajados, corroídos por unas escuelas de formación añejas, generalmente conducidas por aquellos que llevan lustros enganchados al grupo, hacen y deshacen a través de la fidelidad y proyectan unos principios que poco importa sean violados en la práctica cotidiana. Se ordena y manda en plaza, se promociona y se despeña, se amamanta y se cría en una suerte de academia que pasa por las juventudes y termina en los cargos públicos. Todos tienen su mentor, casi nadie llega de improviso, se medra y se curra uno el puesto, el salario y el futuro. Se progresa por dos vías: la interna del partido y la externa de la representación pública –o llámenlo cargos de asesor- que puede llevar desde una concejalía remota al Parlamento. Esos son los cauces que los Partidos Políticos, en nuestra democracia, han establecido tradicionalmente; y las deudas, con el tiempo, generan falta de transparencia; el celo y los rencores surten de facciones y venganzas; las rencillas personales se enmascaran en discusiones ideológicas; la estructura vertical dificulta el intercambio y la regeneración. Tanto el miedo a la infiltración como el acatamiento de las órdenes sin más, son males que provienen de los caldos de cultivo donde, con tantas dificultades, afloraron los partidos españoles: un pasado de miedo y represión, y en algunos casos de malas prácticas aprendidas en casa del padre.
Hay personas que llevan decenios insertos en los aparatos de los partidos. El concepto precisa una refundación desde el prisma de la confianza democrática y de la participación ciudadana, es decir, partidos de las personas más que partidos para las personas. La tradición requiere de una mirada que descorche el tapón de las anquilosadas estructuras y acerque la ciudadanía a una de las formas fundamentales de promoción de la participación en la vida democrática y que contribuye a fraguar sus representantes constitucionales.



El 15M ha cristalizado en diversas iniciativas, y Podemos es la que ha calado, al menos según los resultados de las Elecciones Europeas de hace unos meses. Pueden ser muchas las razones: la oportunidad, el alcance en los medios, el anuncio de su argumentario, la operación madurada desde el poder académico, y también se valoran teorías conspiranoicas, sobre las válvulas de escape que el Poder va colocando de manera estratégica. Hay quien identifica el fenómeno con el castrismo, hay quien con el bolivarianismo, hay muchos que con el populismo, pero tendríamos que preguntarnos ¿qué populismo? Ninguno de estos fenómenos de manifestación del Poder son extrapolables –ni el Frente Popular, ni el Partido Nacionalsocialista, ni la República de los soviets- de manera que se puedan aplicar alegremente de unas a otras sociedades, de una a otra época: la teoría política ha mostrado en el último siglo que cada fenómeno acarrea sus peculiaridades. Por eso los derroteros aún no los conocemos, pues todo está en marcha. Pero sí observamos efectos: incluso en los partidos más alejados en la curva ideológica empiezan a hablar de primarias y otros, ya miran por la contención de los salarios de los cargos públicos.

Según recientes encuestas -tomadlas con pinzas- el perfil del votante de Podemos es lo suficientemente transversal como para que no se ciña en el perfil de estudiante de una universidad madrileña, ni de desharrapados sociales, ni perroflautas, ni anarquistas, ni sencillamente, descontentos e indignados. Cada cual tiene una visión del “podemista”. Cada cual de nosotros tiene algún conocido que nos ha dicho de su cercanía al fenómeno. Algunos quizá provengan de la protohistoria del 15M, arraigada en formas de trabajo que arrancan de movimientos que empezaron a organizarse a principios de este siglo, como modelos de alternativa de participación ciudadana. Otros son rebotados de formaciones donde no pudieron o no les permitieron dedicarse a la cosa pública. Otros, descontentos con las estructuras tradicionales de los partidos. Algunos, iluminados, entregados y doctrinales. También habrá quien sea una persona aburrida y sin otra cosa que hacer. Como en todo grupo humano. Muchos, se sienten fastidiados con el rumbo del sistema, con sus injusticias y sus privilegios.

El retrato robot del “podemista” ha dado tantos bandazos en los medios de comunicación que la cercanía del fenómeno deja los argumentos en suspenso.  Decía Bourdieu que uno se termina rodeando de iguales, que la estructura social en los países occidentales mantenía unos elementos de rigidez. Basta con que cada cual mire a su alrededor y se verá rodeado de personas con niveles de formación académica similares al suyo, de posición económica parecida, de inquietudes culturales semejantes. La estructura social hace que el matrimonio entre los inmediatos descendientes de un notario y un obrero de la construcción sea una excepción. Usted se reúne con iguales, en los bares, en las invitaciones a casa, en las actividades lúdicas. La estructura no es totalmente estanca, por supuesto –ni siquiera lo son las castas hindúes-, pero solamente ciertas estructuras como los centros educativos, los centros de salud o los polideportivos –si son públicos- reúnen diversos segmentos sociales y la estructura se retuerce, se ovilla en la aplicación práctica. Estos centros, cuando son privados, tienden a mantener la separación de la estructura social y vuelve ésta a su posición, como un muelle. El carácter transversal del votante es a lo que han aspirado los partidos políticos, es decir, que sus perfiles no se centren en un segmento de esa estructura social. Y esté usted en el segmento que esté, tendrá algún conocido que habla de Podemos y se muestra como “podemista”. Las encuestas solo han hecho fijar el carácter transversal del votante.

Por eso, la ideología del fenómeno suscita una discusión profunda y se encuentra abierta en canal, sobre la mesa de operaciones de la observación pública. Si en todos los segmentos puede apreciarse, en mayor o menor medida, afinidad con las posturas ideológicas de la mayoría de los partidos políticos al uso, lo mismo sucede con Podemos.
Pero ¿cuál es su ideología? Es un síntoma que Wikipedia discuta desde hace meses –desde la irrupción del fenómeno y la aparición de los primeros representantes públicos tras las Elecciones Europeas- acerca de cuál es la ideología de este partido en formación. Solo conocemos el programa electoral presentado la primavera pasada. Y poco más. Hay declaraciones sueltas de miembros de Podemos, personas que aún no ocupan ningún tipo de cargo orgánico. Pero son declaraciones individuales, no hay una postura institucional. Porque estamos asistiendo en directo a un proceso efervescente de una nueva manera de hacer política, cuyo resultado solo puede ser aventurado, pues nadie tiene constancia de adónde va. De hecho, en esa efervescencia, está abierto a la participación de todos, y por tanto, el proceso de afiliación en el que se encuentra inmerso, determinará y mucho hacia dónde se dirige Podemos.

Primero, debería establecerse un acuerdo en la definición de ideología cuando los medios de comunicación ahondan en identificar la de Podemos. Pero sea cuál sea, es muy probable que termine estableciéndose un concepto de ideología cercano al conjunto de ideas sobre cómo debe desempeñarse la sociedad, un programa político que indique la prioridad de los fines sociales, la asignación del Poder y los métodos para alcanzar tales fines. Podemos está en ello, y se inspira en muchos de los principios que se establecieron a raíz del 15M. Pero insistamos, está en proceso, abierto y participativo. Y hasta que esa “ideología” no quede fijada en un argumentario político del partido, todo serán conjeturas.



Pero podemos conjeturar que estos principios se sustentarán sobre la revisión del desempeño de los cargos políticos sitiados por la desconfianza ciudadana (absentismo de los cargos electos, supresión de privilegios y aforamientos, equiparación de salarios, aumento en la sanción de los delitos de corrupción, reducción de cargos libremente designados); las políticas de desempleo y vivienda golpeadas por la crisis económica (políticas dirigidas hacia la reducción de la jornada laboral, la reducción de la edad de jubilación, revisión de la política y legislación de despidos y de los conceptos de flexibilidad laboral, establecimiento de subsidios mínimos, rentas básicas, fomento del alquiler, política sobre desahucios y viviendas vacías, dación en pago…);  la defensa de los servicios públicos (control de los gastos de la Administración conforme a nuevos modelos de prioridad, la gratuidad y calidad de los servicios públicos educativos y sanitarios, ley de dependencia, reducción de los gastos militares…); el control de las entidades bancarias, las grandes fortunas y las grandes empresas cuando entran en contacto con el dinero público (en cuanto se refiere a los rescates, los paraísos fiscales, mayor progresividad de los impuestos, la especulación, las SICAV, la tasa Tobin); y lo referente a las libertades ciudadanas (la representatividad del sistema electoral, la independencia del poder judicial, la democracia interna de los partidos).

Grosso modo, un programa que se identificará mucho más con la socialdemocracia –que ha dejado un vacío en la representación pública- más que con cualquier otra ideología política, dada la tendencia hacia el mantenimiento y viabilidad del Estado del Bienestar y la Justicia Social. Si bien, quedará en el aire su entronque en el sistema capitalista de gastos e ingresos, donde todo se vende y todo se compra, y se resume a una cuenta de resultados. Ahí estará la clave de la credibilidad del proyecto político.

El sistema adoptado de decisión orgánica se encuentra en constitución, buscando una viabilidad que entronca con los procesos asamblearios, pero se tiñe con la irrupción en nuestras vidas de las redes sociales. En todo lugar hay riesgo. Las asambleas pueden ser rígidas y tediosas, impermeables, dogmáticas. Pueden optar por el mandato imperativo que lleva al callejón sin salida de la negociación imposible. Los Círculos, que es la base de funcionamiento, se organizan territorial y sectorialmente, pero ¿es esa la base apropiada para una sociedad interrelacionada y que busca romper los muros que estancan unos grupos de otros, que anda tras la glocalidad? ¿Es la herencia sindicalista del sectorialismo una aplicación actualizada para sectores sociales que se agrupan por tendencias demográficas, de desclase social, de inquietudes y anquilosamientos culturales? El movimiento se demuestra andando.

Sea cual sea el sistema de decisión que se tome, en los principios que cimentan los conceptos ideológicos esbozados se percibe en unos una impresión de la vaga y deseable noción de sentido común (pero ¿no es la dación en pago algo “de sentido común”?), en otros la Declaración Universal de Derechos Humanos, y muchos se encuentran ya –sin que nos debamos sorprender- en la Constitución de 1978, si bien su desarrollo legislativo ha tomado en determinados casos un aspecto fantasmal. Pero, en su mayoría giran en torno a dos aspectos principales: el equilibrio igualdad-libertad y llamar la atención sobre algo que la sociedad empieza a vislumbrar con temor: el ahondamiento de la brecha social.



La prevención frente al stalinismo, el castrismo, el chavismo y otros “ismos” se enfoca en las sombras y las luces. Depende de cómo se mueva el foco se percibe mayor o menor temor a uno u otro derrotero. La implicación ciudadana en la política siempre debe ser consciente de los peligros a los que conducen las ideologías totalitarias: el equilibrio entre igualdad y libertad en las sociedades modernas tiene mucha paleta de grises. Y es una importante lección histórica cómo la democracia no casa con las limitaciones de las libertades públicas, así como viene siendo otra cómo las libertades individuales no deben interferir en un reparto igualitario y equilibrado de la riqueza. El binomio libertad-igualdad, con la aplicación de la variable seguridad, no debe quedar en una bipolaridad sistémica que sí conduce inevitablemente al populismo: populismo en el sentido de tomar medidas contrarias al estado democrático para defender la hegemonía política de unos pocos.


Pero pareciese que una parte de la sociedad está marcando un camino, señala unas líneas rojas que considera que ni el Estado ni la Sociedad deben traspasar. Esas líneas están abocetadas en la Constitución y en la Declaración de Derechos Humanos. Hay por supuesto aspectos constitucionales que serían revisables desde el acuerdo pues las sociedades avanzan sobre las constituciones, no deben quedar aferradas a sus pesos muertos. Hay que atender a los desvíos tomados en el desarrollo legal de aquellos asuntos que en el marco constitucional, a veces demasiado laxo, han derivado hacia una pesada cadena que tira para detrás más que hacia una sincronía que mira el ahora. Y como paisaje de fondo el deambular de una agarrotada manifestación de la política, alejada de la ciudadanía, vetada, sustraída por acuerdos tácitos político-financieros. Marcar las líneas rojas del sistema es una solución de excepción es una situación excepcional, cuando la regeneración y la higiene democrática se hacen imprescindibles.

Alfonso Salazar

martes, 16 de septiembre de 2014

CURSO ESCRITURA CREATIVA 2014-2015

Ya está convocado el Curso de Escritura Creativa en La Expositiva para el curso 2013-2014.





viernes, 12 de septiembre de 2014

ANTECEDENTES DEL SISTEMA BECARIO

El siguiente texto es un extracto del capítulo IV de la segunda parte de “La Forja”, el primer tomo de La forja de un rebelde, escrito por Arturo Barea en 1951, donde el protagonista charla hacia 1915 con un compañero de trabajo sobre los meritorios. El “Sistema Becario” que se ha impuesto en nuestro país, parece que tuvo su prehistoria.

- Hay en Madrid veinte bancos; a cincuenta meritorios cada uno son un millar. En España habrá un promedio de doscientos bancos con veinte meritorios cada uno, son cuatro mil chicos; hay millares de casas de comercio que tienen meritorios sin sueldo; así que hay millares de chicos que trabajan, no ganan nada y además quitan de trabajar a los hombres.

- Pero, Pla .le digo yo-, es el aprendizaje.

- ¿Es aprendizaje? Es la explotación sistemática del chico. Está muy bien estudiada. Cuando lleves aquí siete u ocho meses, un día te pondrán en la calle; si entonces vas a otro banco y cuentas que has estado aquí ocho meses y te han despedido, no te admiten. Si te callas, tienes que estar otro año de meritorio, para correr el riesgo de que te despidan a los ocho meses. Y te encuentras en la misma situación. Si buscas un trabajo en una oficina particular, te dirán que aquel negocio no es un negocio de banco y que si quieres puedes entrar de meritorio, para que aprendas sus particularidades. La única posibilidad de romper este círculo vicioso es aprovechar ahora y pedir trabajo mientras estás trabajando en el banco. Así es más fácil encontrar una casa que te dé cinco o seis duros de sueldo al mes.

- Pero yo quiero ser empleado de banco.

- Bueno. Pues entonces prepárate a tener paciencia.


(La forja de un rebelde. Arturo Barea, 1951)


viernes, 29 de agosto de 2014

LA RAZA COMO INVENCIÓN HUMANA

En este simpático vídeo, se trata sobre la creación humana de las "razas" perros. Es preocupante que en la actualidad se considere "puro" a lo que no es más que una invención: LA RAZA, un concepto sin sostén científico. Por cierto, se puede aplicar lo mismo a casi todos los animales domésticos -que no a los domesticados- y a la inmensa mayoría de los alimentos vegetales, frutales y cereales de nuestra bolsa de la compra...

A través de procesos endogámicos se generan las razas desde hace siglos, aunque en los últimos cien años se ha desatado el proceso de selección y experimentación.





(subtitula Upsocl Channel)

Wikipedia abunda sobre el tema. Pero anímese a buscar, no solo sobre perros, sino sobre la manipulación genética histórica sobre gatos, vacas, cerdos, ovejas, cabras...

domingo, 24 de agosto de 2014

GRANADAIMEDIA

Entrevista en www.granadaimedia.com
EL DETECTIVE DEL ZAIDÍN VUELVE A LA CARGA, por Lorena Moreno

viernes, 8 de agosto de 2014

UNA PERSONA, UN VOTO

La propuesta de reforma del Partido Popular de la Ley Electoral tiene como principal objetivo una coletilla sencilla que se añadiría al artículo 180 de la Ley Orgánica 5/1985, que aún no está redactada, pero podría dejar al artículo diciendo algo tal que así: “La atribución de los puestos de Concejales en cada Ayuntamiento se realiza siguiendo el mismo procedimiento previsto en el artículo 163.1 de esta Ley, con la única salvedad de que no son tenidas en cuenta aquellas candidaturas que no obtengan, por lo menos, el 5 por 100 de los votos válidos emitidos en la circunscripción. La candidatura que haya superado el 40% de los votos válidos emitidos en la circunscripción y supere, al menos en cinco puntos porcentuales a la siguiente candidatura, obtendrá automáticamente la mitad más uno de los puestos de concejal en el Ayuntamiento. El subrayado pertenece a la aportación que se quiere hacer al artículo. La práctica ya fue estudiada por el PSOE a fines del siglo pasado, con variantes importantes, como la contemplación de la segunda vuelta. La intención de reformar el sistema de representatividad en los Ayuntamientos no es nueva.

 

El objetivo de esta reforma, que iba en el programa electoral, se justifica en facilitar la gobernabilidad y la estabilidad de la corporación. Pero estamos ante un cambio trascendental de las reglas de juego.

 


Hasta el momento, en las más importantes elecciones, una persona valía un voto, si bien los sistema electorales y la determinación de las circunscripciones (como sucede en las Elecciones Generales en España) hayan relativizado estos valores, y como bien sabemos, el voto de una persona de provincias con grandes urbes “vale” mucho menos que el de una provincia de escasa población. Basta comparar cuántos votos sostienen a un parlamentario de Guadalajara y a otro barcelonés, por poner dos ejemplos extremos (unos 25.000 en la primera frente a unos 130.000 en la segunda).  Esta representación infravalorada de las zonas urbanas más pobladas frente a una representación sobrevalorada de las zonas rurales despobladas es una fuente discriminatoria que hace que la calidad de equidad del voto quede en entredicho. Nada se ha hecho para solventarlo en los últimos 40 años. La igualdad es un camelo cuando el voto que realiza una persona cualquiera no tiene el mismo valor que el de cualquier otro ciudadano de la misma comunidad.


Además, perviven instituciones en este país nuestro que no se rigen por la elección directa -como sucede en Elecciones Generales, Autonómicas o Municipales-, es el caso de las Diputaciones Provinciales, que mantienen unas estructuras de representación basadas en los Partidos Judiciales (ambas instituciones datan del siglo XIX y fueron fruto de la ordenación provincial del motrileño Javier de Burgos) y completan la formación de sus gobiernos a través de voto indirecto. Pero incluso en estas instituciones ajadas, el voto del ciudadano tiene un valor único. Indirecto, pero único, igual, aunque con una proporcionalidad tamizada en la distribución de los partidos judiciales, que como en el caso anterior desequilibra el igual valor de votos que precisa el representante.


 


Sin embargo, en este cambio legislativo, lo que cambiará será el valor del voto ciudadano. Se primará la mayoría simple, de manera que sin ser ducho en matemáticas, el voto del ciudadano proclive a la mayoría, ese que vota con el 40,01 % mayoritario, tendrá un valor superior al del ciudadano que vota con el 59,99 % que disiente.

 

El galimatías del voto es complejo y este no es el lugar para analizar su historia, sus características (universal, libre, directo, secreto, etc) ni su estructura. Nos interesa en todo caso una de las características del voto en democracia: que será igual, dice el articulado constitucional. Este concepto sí queda reservado y observado por la Constitución Española en el artículo 68.1, con poco margen interpretativo. Así aparece también en el artículo 140, referente a los Ayuntamientos. Que el voto sea igual significa que cada voto, cuantitativamente, no varía de uno a otro ciudadano. Es decir, que no vale el voto doble.

 

Pero la proporcionalidad, que es lo que está en juego, solo está garantizada para el Congreso (art. 68.3). Sin ser experto constitucionalista, uno puede sospechar que la valoración se hará a posteriori, que el voto seguirá siendo igual, pero la aplicación de la fórmula magistral electoral, esto es, la interpretación y traducción matemática del voto, no lo será.

 

En esta propuesta de reforma se puede deducir que se enmascara un voto desigual pero, que en tal caso, se presentará como un voto con plusvalía. El voto de la mayoría no obtendrá un plus cuantitativamente, sino cualitativamente y conforme a la interpretación posterior que haga el sistema electoral. Así, no se trata de que cuantitativamente un voto “valga más” en el momento de ser depositado en una urna, sino en su valoración posterior, cuestión que queda al albur de las Leyes Orgánicas (aquí pueden entrar muchas de las correcciones que los expertos en constitucionalismo del 78 podrían aportar), que no están protegidas por la obligatoria mayoría cualificada que se exige en las modificaciones constitucionales. El problema reside, pues, en la proporcionalidad más que en la condición de igual del voto. Pero en aras de la gobernabilidad, hasta la condición de igual puede ponerse en juego.

 

El voto desigual, que cualquier día podría plantearse -y bastaría la reforma constitucional del artículo de manera conveniente-, podría provocar que el voto de quien paga más impuestos valga más que el del que paga menos y termine por convertir el Estado en una Sociedad Anónima con un sistema de participaciones donde los ciudadanos son accionistas desparejos. Casos han existido en el pasado en Europa, donde los propietarios de la tierra tenían más de un voto, o donde los grandes propietarios podían votar en varias circunscripciones. Cosas más raras podemos ver.

 


La consolidación de “una persona, un voto” que se realizó en la España de los setenta del siglo pasado es revisado a la baja, y conforme a la comparativa con otros estados europeos, en defensa de la gobernabilidad y contra la fullería que provocan determinados y oscuros pactos postelectorales (tripartitos, tetrapartitos…). Sin embargo, la sobrevaloración de los votos mayoritarios –también podría aplicarse un sistema mayoritario, y punto, y de esa manera evitar el paripé de la proporcionalidad- parece tener como fin el enroque de las opciones de los dos grandes partidos. La mayoría absoluta, sí ha quedado demostrado, tiene en nuestro país una vocación de rodillo político. Esta sobrevaloración incide en posibilitar la creación de rodillos sin mayorías matemáticas. El consenso es una práctica desconocida y la defensa del bien –y el sentido- común un bien escaso. De tal manera, podríamos asegurarnos que el 40 % de la población, de manera legal, se convirtiese en mayoría absoluta. El bipartidismo español incide en la renuncia al pacto históricamente; y los pequeños partidos, condenados a auparse al poder como bisagras, no tienen la capacidad -ni el sistema electoral les estimula-, para convertirse en artífices de pactos y acuerdos.

 


En Francia, Italia, Alemania, los sistemas de elección del gobierno municipal son de distinta naturaleza, varían según las dimensiones de los municipios (como pasa en nuestro país en aquellos con poblaciones menores de 250 habitantes y los de régimen de Consejo Abierto, que son muchos municipios, aunque de poquísima población relativa). En muchos de estos países se diferencia la elección del Alcalde (gestión) de la elección del Pleno (normativo y de control); se aplican sistemas de segunda vuelta donde el número de candidatos queda restringido; o como en la propuesta del PP, se priman las listas más votadas aplicando tantos por ciento de representación por encima de los tantos por ciento de representatividad obtenida, incluso otorgando un 60 %. Aunque es rarísimo el caso en que no se precise de una segunda vuelta confirmatoria. El sistema de bonus track, a vuelta simple, es el que está sobre la mesa. Una fórmula electoral que convertirá votos en concejales con un salto mortal sobre la noción de representatividad proporcional que nos ha caracterizado.

 


Sorprende que en una situación de quiebra de confianza en los partidos políticos –y en las instituciones en general-, esta sea una de las preocupaciones de los grandes partidos. En vez de mirar hacia las fuentes que han generado la desconfianza y proponerse elevar los niveles de transparencia, la elección democrática de sus propias candidaturas, estudiar la aplicación de las listas abiertas y fajarse en el acercamiento a la ciudadanía para retomar la confianza perdida, se plantee una bunkerización del voto, una minusvaloración de los votos disidentes. Lo que a la larga contribuye a alimentar la sensación de que son votos inútiles todos aquellos que no se apegan a las listas mayoritarias. En vez de profundizar en la riqueza de la representatividad, en el entendimiento entre representantes en continua comunicación con sus bases y simpatizantes, el camino tomado lleva hacia una cada vez más lejana regeneración e higiene democrática y busca recuperar los cimientos roídos del bipartidismo.


Alfonso Salazar

sábado, 19 de julio de 2014

Propiedades del dinero. Estrofas 490-514. Libro de Buen Amor. Arcipreste de Hita.

Hace mucho el dinero, mucho se le ha de amar;
Al torpe hace discreto, hombre de respetar,
hace correr al cojo al mudo le hace hablar;
el que no tiene manos bien lo quiere tomar.

También al hombre necio y rudo labrador
dineros le convierten hidalgo doctor;
Cuanto más rico es uno, más grande es su valor,
quien no tiene dinero no es de si señor.

Y si tienes dinero tendrás consolación,
placeres y alegrías y del Papa ración,
comprarás Paraíso, ganarás la salvación:
donde hay mucho dinero hay mucha bendición.

Él crea los priores, los obispos, los abades,
arzobispos, doctores, patriarcas, potestades
a los clérigos necios da muchas dignidades,
de verdad hace mentiras, de mentiras hace verdades.

Él hace muchos clérigos y mucho ordenados,
muchos monjes y monjas, religiosos sagrados,
el dinero les da por bien examinados,
a los pobres les dicen que no son ilustrados.

Yo he visto a muchos curas en sus predicaciones,
despreciar el dinero, también sus tentaciones,
pero, al fin, por dinero otorgan los perdones,
absuelven los ayunos y ofrecen oraciones.

Dicen frailes y clérigos que aman a Dios servir,
más si hueles que el rico está para morir,
y oyen que su dinero empieza a retiñir,
por quién ha de cogerlo empiezan a reñir.

En resumen lo digo, entiéndelo mejor,
el dinero es del mundo el gran agitador,
hace señor al siervo y siervo hace al señor,

toda cosa del siglo se hace por su amor.

sábado, 12 de julio de 2014

WM3

El efecto de una trilogía de documentales sobre el conocido como Juicio de los Tres de West Memphis, sirve para reflexionar sobre las consecuencias que puede tener el cine en el entorno social. El trabajo de los cineastas Joe Berlinger y Bruce Sinofsky que realizaron tres documentales para la HBO sobre aquel juicio, entre 1994 y 2012, son presentados por Alfonso Salazar.


En 1994 se inició un curioso experimento sociológico, sin pretenderlo. Joe Berlinger y Bruce Sinofsky, dos documentalistas estadounidenses con escasa experiencia y una recién estrenada pequeña productora (Maysles Films), prestaron atención al juicio que se iniciaría en West Memphis (Arkansas) donde serían procesados tres adolescentes. La acusación acusaba a Damien Echols, Jason Baldwin, y Jessie Misskelley de ejecutar un ritual satánico con resultado de muerte en las personas de Christopher Byers, Michael Moore y Stevie Branch, tres niños de ocho años de edad.

Berlinger y Sinofsky se trasladaron con su equipo a una ciudad sureña del medio oeste americano que no supera los veinticinco mil habitantes. Es una pequeña población al otro lado del río Misisipi, frente a Memphis (en el vecino estado de Tennessee). La ciudad fundada por Hernando Soto en territorio chickasaw y afamada por su densidad musical en la historia reciente: fue el criadero de Elvis, BB King, John Lee Hooker, Alex Chilton, Roy Orbison… West Memphis es en la práctica un suburbio del gran centro de transportes que es su vecina homónima. Una localidad con un tanto por ciento de población negra superior al 50 % que progresó con la industria maderera y sobre todo con la estratégica situación en la red de tránsito rodado estadounidense, lo que le procura un importante papel en las operaciones de distribución y montaje. Sin embargo, West Memphis mantiene tasas de delincuencia por encima de la media nacional, con una cuarta parte de la población por debajo del umbral de la pobreza. Se encuentra en la zona que en EEUU es denominada el “cinturón de la Biblia”, que engloba el sureste y centro-sur del país, donde predomina socialmente el conservadurismo evangélico.

Los tres adolescentes -conocidos como “los tres de West Memphis“ (WM3) para la historia-, fueron acusados del asesinato y la mutilación sexual de tres niños en una frondosa zona alrededor de la ciudad, conocida como Robin Hood Hills. Los chicos habían desaparecido a principios de mayo de 1993 y fueron hallados sus cadáveres al día siguiente, en una zanja, casi desnudos y atadas sus extremidades por la espalda, como los cerdos. El diagnóstico del forense determinó que Moore y Branch habían muerto por ahogamiento y a Byers, además, le habían seccionado el pene y el escroto.

Tras algunos indicios que fueron desechados, Jessie Miskelley fue interrogado a principios del mes de junio durante doce horas y sin la obtención por parte de la policía de un permiso paterno. Miskelley tenía diecisiete años, un coeficiente intelectual de 72 y había abandonado la escolarización. Solo se grabó un amínima parte, una hora y media, de aquel interrogatorio. Tras la confesión, la policía decidió detener a Damian Echols, un joven de dieciocho años, con un historial donde figuraban una estancia en una institución mental, diagnósticos de depresión y tendencias suicidas. Echols, cuya familia era asidua usuaria de los servicios sociales, esperaba por entonces un hijo de su novia y había sido detenido anteriormente por vandalismo y hurto. Solía llevar camisetas de heavy, vestía con estética “gótica”, practicaba la wicca –una religión neopagana- y leía novelas de Stephen King. Tales argumentos fueron utilizados en el juicio. También fue detenido su amigo Jason Baldwin, dos años menor que Damian, un chico que destacaba en la escuela por su afición al diseño gráfico y coincidía con Echols en sus aficiones y en la aversión por el asfixiante clima social de la ciudad.

En cuanto los tres fueron acusados de la matanza, los ciudadanos de West Memphis se sintieron aliviados. Existían unos monstruos que habían cometido los atroces crímenes y se haría justicia. Se dirigió la ira de la comunidad hacia estos tres adolescentes, aparentemente involucrados en cultos satánicos. Los rumores sobre las actividades de grupos satánicos abundaban en esta comunidad predominantemente baptista desde décadas atrás. Los periódicos locales alimentaron la sed de sangre de la comunidad ,desde el momento en que se realizaron las detenciones hasta que los chicos fueron juzgados. Corrían por las tiendas de comestibles, bares y gasolineras historias de abominaciones satánicas, rumores, conclusiones de demostrada culpabilidad.

Fue en ese momento cuando Berlinger y Sinofsky se presentaron en West Memphis. Primero sería juzgado Misskelley de manera separada, y posteriormente Echols y Baldwin. Los cineastas recogieron en sus grabaciones el esperpento que supusieron ambos juicios: Misskelley fue condenado a cadena perpetua en el primer proceso. Baldwin obtuvo la misma pena en el segundo, mientras Damian Echols fue condenado a pena de muerte por inyección letal. Era abril de 1994. No había pasado ni un año del hallazgo de los cuerpos mutilados de los niños.

Lo que recogieron en su primer documental (Paradise Lost 1: The child murder in Robin Hood Hills, con música de Metallica) recoge un despropósito tras otro. Sinofsky y Berlinger solo mostraron respuestas de los implicados, sin preguntas: de los padres de los niños asesinados, de la policía, de periodistas locales, abogados y fiscales, de sencillos ciudadanos. Algunos de los protagonistas del documental tomaron un papel fundamental. En tanto filmaban el documental los directores recibieron, a través del cameraman Doug Cooper, una navaja entregada por John Mark Byers, padrastro de una de las víctimas. Examinaron la navaja y encontraron rastros de sangre, así que la entregaron a la policía.

La película tuvo éxito, y provocó acusaciones de una instrucción policial nefasta, de conclusiones extraídas sin fundamento, de interrogatorios ilegales y obtenidos bajo amenaza, de filtraciones, registros desastrosos, retractos, hipótesis alternativas que fueron desechadas despreocupadamente…

Los documentalistas volvieron en el año 2000 para grabar Paradise Lost 2: Revelations. La gran resonancia y buenas críticas de la primera entrega, la publicación de libros, había provocado una movilización en el resto del país cristalizada en grupos que consideraban que el juicio no había sido justo. Sinofsky y Berlinger, es cierto, no encontraron para su segunda entrega las mismas facilidades, por parte de las autoridades, que habían encontrado en la primera visita. Pero ciertos personajes, como John Mark Byers asumieron un papel inesperado, pues se rumoreaba sobre su posible implicación en el crimen. Byers, como inmerso en un reality show, asumió el rol protagonista, elucubraba hipótesis, teatralizaba, cantaba salmos religiosos, hacía prácticas de tiro sobre calabazas, como si fueran las cabezas de los condenados, a quienes condenaba con un cuidado y vengativo discurso bíblico. Bruce Sinofsky lo denominó "una de las figuras más interesantes de la historia del cine." 

En la segunda entrega, conocemos que Echols ha recurrido su sentencia a muerte y es apoyado por grupos llegados de todo el país. Se toman en cuenta nuevas pruebas y queda patente la chapucera gestión que una policía, sobrepasada, había llevado a cabo siete años atrás. Se publican libros, conocidas figuras del cine y la música toman partido, las redes sociales hierven en posturas encontradas, aquellos que apoyan a los WM3 contra quienes los consideran psicópatas culpables: los “suporters”, contra los “nons”.

Hubo una secuela más, Paradise Lost, 3: Purgatory, en 2011. Aquellos jóvenes han pasado dieciocho años encarcelados. El efecto propagandístico de la trilogía de los documentalistas ha procurado que Echols pueda recurrir a reconocidos forenses para realizar pruebas de ADN, que no se pudieron realizar en su momento, y espera poder obtener la celebración de un nuevo juicio. El equipo de abogados de los tres de West Memphis, que nada tiene que ver con la actitud del original, plantea las contradicciones y graves errores procesales cometidos en el año 1994. Entra en escena otro de los padrastros, Terry Hobbs, sobre quien también se centran sospechas. Testigos, familiares, implicados en la investigación comienzan a manifestar serias dudas sobre la comisión del delito. El propio John Mark –que ha perdido el halo de iluminado que exhibió- manifiesta sus incertidumbres.

Con la oposición de los juzgados menores, la Corte Suprema de Arkansas admite a trámite la apelación para decidir si debe celebrarse un nuevo juicio. Cuatro meses después se aplica una complicada argucia legal denominada Doctrina Alford, por el cual el acusado afirma su inocencia, pero admite que existen suficientes pruebas para condenarlo por el delito. De esta manera se alcanzó un acuerdo con la fiscalía, eso sí, sin poder iniciar una acción civil contra el Estado por encarcelamiento injusto. Fueron condenados por el juez a dieciocho años y setenta y ocho días, justo el tiempo que habían pasado en la cárcel, y a un incremento de diez años en libertad condicional.

Este último documental fue nominado en la entrega de los premios Oscar de 2012, tras recibir el Nacional Borrad of Review. Pero ganó otro documental (Undefeated), que sucedía en la vecina Memphis, en torno a un entrenador de fútbol americano que conseguía que una escuela del centro de la ciudad jugase por primera vez en 110 años un partido de playoff. Curiosa competición en Hollywood.

La triología de Berlinger y Sinofsky, iniciada en la era predigital, antes de la efervescencia de información a través de las redes, es un notable ejemplo de impacto del cine documental en la opinión pública. Si los cineastas no hubiesen tomado sus pertrechos y se hubiesen plantado en la puerta de los juzgados de West Memphis, la historia podría haber sido otra, muy distinta. Y es un documento impagable que muestra la fina línea que divide la verdad de los hechos del deseo comunitario, que mezcla las convicciones religiosas y el fanatismo con los procesos policiales y judiciales. Un experimento casual que, en definitiva, enseña cuánto de espectáculo tiene nuestra sociedad y la pervivencia de la caza de brujas en el umbral del siglo XXI.


Alfonso Salazar