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domingo, 27 de septiembre de 2020

EL MUNDO HA CAMBIADO

El mundo ha cambiado. Hay sectores sociales y económicos que están en permanente alarma ante lo recientemente conocido y lo inmediatamente desconocido. Los cambios en el mundo de producción cultural no podemos augurar si son temporales o, en algunos aspectos, serán definitivos. Las circunstancias nos han colocado al sector en primera línea de la trinchera del descubrimiento, de la experimentación.

Cuando se anunció aquel desconfinamiento en fases, el pasado mes de mayo, comenzamos a investigar, entre normativas y recomendaciones, qué nos afectaba, y surgieron las primeras dudas ¿cómo podremos producir cultura con aforos restringidos? ¿cómo haremos de los teatros, museos y auditorios espacios seguros? ¿cómo controlar las actividades culturales callejeras para evitar aglomeraciones? ¿cómo evitar que el público se acumule en entradas y salidas?

Durante el confinamiento vimos cómo artistas de todo género (profesionales, aficionados) ofrecían su trabajo al público a través de las redes, pero no se trataba de un ‘trabajo’, de un ‘negocio’ (sin perjuicio de que alguien lo haya hecho) sino de una expresión de solidaridad, de apoyo mutuo, ahí donde el arte se hace necesario como bálsamo en la vida del ser humano. Pero la producción cultural y artística, es un trabajo que exige la profesionalización. Los símiles deportivos, a veces son comprensibles: también en la cultura, en el arte, se comienza en el campo amateur (se puede seguir toda la vida en el campo amateur) pero las grandes obras, los mejores productos (en el lenguaje del mercado) surgen de la dedicación, de la especialización, de contar con los más experimentados en el equipo creativo y técnico. Esa excelencia depende de la profesionalización, de que quienes participan hayan hecho de tal tarea su exclusivo oficio. En definitiva, otra pregunta: ¿cómo ingresarán su sustento los profesionales y cómo podrán seguir dedicándose a su profesión, en un mundo donde no existen la cultura ni el arte en vivo tal y como lo conocíamos hace un año?

Desde tiempo inmemorial el arte se sostiene a través del mecenazgo, de aquellos que ‘consumen’ arte, que encargan artes. El artista, el productor cultural, precisa de una atención a sus necesidades básicas que generalmente son cubiertas por esos propietarios del arte, los que adquieren la obra. En nuestro mundo actual, en nuestro entorno social, el papel del mecenas ha sido tomado por la Administración, quien promueve y sostiene la actividad de los agentes culturales como un bien democrático, accesible a todos y necesario para el bienestar humano; y apoyado por el público, que compra sus entradas, que opina, aplaude u olvida. Pero ambas fuentes son necesarias: solo la industria del entretenimiento puede mantenerse con la fuente del consumo privado. Por eso, no se trata tanto de que muchos aspectos de la cultura (aquella menos rentable económicamente, pero más precisa socialmente) se sostengan gracias a la subvención pública, sino de que la cultura y el arte, como la protección del medio ambiente, son una inversión en el futuro de la Humanidad, que hemos acordado (lo dicen las leyes) que sean promovidos por la Administración, sin perjuicio del apoyo de entidades privadas. La cultura, como los parques públicos, no se financian con la venta de entradas. Es la diferencia entre un parque y un vivero. En el vivero se venden árboles, en el parque se disfruta de la sombra. La Administración financia los parques, cada cual financia (si acaso lo tiene) su jardín privado, el césped de la urbanización. Pero sin apoyo estatal no hay parques ni hay cultura. A lo sumo, quedará una jungla, lo salvaje.

El mundo laboral de la producción cultural no incluye solo a artistas, músicos, actrices, actores, artistas plásticos, bailarines, directores, directoras o coreógrafos, sino que cuenta con iluminadores y sonidistas, personal de taquilla y atención al público, controladores, personal de limpieza, oficinistas, administrativos, gestores, periodistas, analistas, gerentes, comerciales, editores de vídeo, managers de redes… Ese habitual concepto de ‘la gente que hay detrás’ ―comparen los créditos artísticos de una película con sus créditos técnicos― constituye el bloque más voluminoso de trabajadores de la producción cultural.

Valga esta introducción para poner en perspectiva el mundo al que se enfrenta la producción cultural: sin teatros abiertos, sin museos abiertos, sin salas ni auditorios abiertos (o a medio abrir), hay que buscar alternativas de producción.

Ni siquiera el mundo audiovisual y el de la grabación musical, que puede sostenerse a través del consumo desde casa y se apoya en la reproducción industrial y sin fin del producto, es ajeno al desplome que conlleva la pandemia. Pero las artes en vivo, las que se consumen en una convivencia, casi litúrgica, en un entorno compartido por los espectadores con los artistas y técnicos productores, en una situación que es irrepetible, precisan de reinvención e ingenio en este mundo de extraña normalidad que no sabemos si es transitorio o devendrá definitivo. Este mundo no puede quedarse a la espera de una vacuna, de hecho, debe reinventarse por si en un futuro, otra pandemia viene a recolocarnos y situarnos en la espera de otra vacuna. No podemos vivir en el bucle de la eterna espera de la eterna vacuna.

El sector de la producción cultural tiene poco referentes: los eventos deportivos alcanzan aforos muy superiores a la media cultural y su eco económico resuena en los medios; la industria del entretenimiento cuenta con un poder económico que supera con creces los empeños culturales; la hostelería y el comercio no es comparable: en la producción cultural el público, generalmente, está quieto, no habla, no vocifera (otro asunto es la industria del entretenimiento, de los macro conciertos). En la producción cultural el espectador puede disfrutar en solitario de la función teatral, de la visión de un cuadro, de la escucha en directo de un concierto de jazz. La ventilación, higiene limpieza y desinfección de los espacios, el uso de mascarilla y gel hidroalcohólico, resolver la compatibilidad del distanciamiento y la reducción del aforo, la observación de los planes de laborales y de contingencia, deberían ser elementos suficientes para la seguridad del sector. Pero estamos en el camino.

¿Cuáles son esas mimbres que conducen a la reinvención? Las preguntas están sobre el tapete: a corto plazo, el impacto de la reducción de aforos debe mitigarse con la emisión en directo, la ampliación de la base de espectadores a través del streaming, e investigar la experimentación en las sensaciones del espectador casero para que no ‘sienta’ que, simplemente, consume un producto televisivo, sino para acercarle la sensación de lo vivo e irrepetible, la convivencia en directo con otros espectadores, con artistas y con técnicos. Esta ‘hemipresencialidad’ la estamos experimentando continua y recientemente: hay ya actividades que compatibilizan público online y público en vivo en una misma función. Hay reuniones donde personas, unas sentadas junto a otras, comparten ideas con otras personas a través de videoconferencia. Vemos también cómo en televisión y en eventos deportivos se ha incorporado la idea del ‘público-plasma’, un público en su casa, reproducida su imagen en las gradas, que forma parte del espectáculo, pues no hay espectáculo sin espectadores.

A corto plazo las empresas de venta de entradas deberán actualizar sus sistemas de venta para poder vender por grupos familiares y que sea más aprovechable el aforo existente, observando la normativa. Actualmente vivimos en la duda de si debe darse prioridad a la separación de metro y medio (o dos metros, depende) o al límite de tantos por ciento de ocupación de aforo, que muchas veces entran en contradicción. Además, hay un planteamiento de 17 normativas diferentes al respecto en el país, una por Comunidad Autónoma y la especificidad de espacios y circunstancias es exigua.

A corto plazo (y a medio, y a largo) el papel de la Administración debe ser primordial. Sabemos que (como en muchos otros sectores) la pandemia va a llevarse por delante muchos negocios, compañías, proyectos, pero debe mantenerse y protegerse un entorno cultural sano y productivo. Tal y como deben mantenerse las especies de flora y fauna que corren el riesgo de extinción. Quizá muchos artistas y técnicos de la producción cultural deban reciclarse en otros sectores, pero hay que proteger ese entorno profesionalizado para que no se agoste. La recuperación de este sector, delicado por sus características duales de creación y negocio, donde convergen el carácter laboral y el carácter imaginativo y placentero, puede ser difícil. No se debe desestimar el valor de la producción cultural en el rumbo humano ni debe quedar restringido al dominio de los gigantes del entretenimiento, que terminarían por uniformarse, hacia el discurso único.

A medio plazo quizá hay que repensar el diseño de los espacios escénicos. Esta pandemia ha impuesto la separación de las butacas, como si todos los espectadores hubiesen mejorado sus condiciones de confort, con mayor espacio físico a su alrededor fruto de la necesidad de distanciamiento. Pero este rediseño y ampliación de los patios de butacas (que conllevaría repensar las acústicas, la visión de los escenarios) no es nuevo: cuando visitamos un antiguo teatro podemos apreciar el progreso en su diseño, donde había asientos de piedra hoy hay mullidos y aterciopelados asientos; allí donde el público se agolpaba, de pie, hoy está ordenados, separados los unos de los otros, una persona, una butaca; allí donde las necesidades se hacían junto al escenario, hoy existen servicios limpios y amplios; donde el espectador vivía entre sudor propio y ajeno, hoy disfruta de climatización… Valga otra metáfora: hasta no hace mucho se escupía en el suelo, en el autobús, en el bar: hoy en día esta actitud está proscrita por costumbre insalubre. Otra más: hasta mediados de los noventa el condón era considerado, sobre todo, un medio anticonceptivo cuyo fin era evitar embarazos no deseados; hoy en día, además, es un medio de protección higiénica y profiláctico cuyo fin es prevenir enfermedades. Quizá las costumbres de ayer, esas butacas puestas unas al lado de las otras, con espectadores desconocidos entre sí ocupando un mismo reposabrazos, con personas pasando por delante de otros espectadores, arrimando obligadamente el cuerpo, colocando las posaderas a la altura de los ojos para entrar y salir de una fila, nos parezcan mañana insanas y extrañas costumbres del pasado.

Esa reflexión sobre cómo serán los espacios conllevará repensar las producciones. Quizá los escenarios circulares puedan aprovechar mejor los aforos; quizá la duración de las creaciones sea una variable que contemplar, que reduzca tiempos de trabajo (salarios) y, manteniendo el precio, aumente la rentabilidad. Quizá haya que incluir elementos tecnológicos en escena que reduzcan costes salariales, es decir, cierta y limitada robotización de la representación. Son cuestiones que condicionarán la creación más próxima. Quizá haya que pensar en ‘otros’ espacios, en espacios de aforos más verticales; en una actualización de los espacios (como en los autocines, como ‘parking-concert’) que permita la asistencia en grupos-burbuja o haga compatible la asistencia en vehículo y la asistencia en butaca; pensar en espacios donde el público se mueva, ‘pase’ a través de distintos boxes en grupos reducidos para ver el total de la representación. Todo es conjetura y ‘cultura-ficción’.

La batalla va a estar en el aprovechamiento de los aforos, en cumplir los distanciamientos, a los que quizá cada vez nos acostumbremos más y el público termine por exigir. Mayor comodidad, mayor salubridad, mayor precio, parece el axioma. La salubridad para todos, siempre ha sido un concepto poco pro-capitalista. Sí lo es la exclusivista comodidad para unos pocos, el signo de la distinción: los asientos de primera clase donde poder estirar las piernas son más caros; las habitaciones para un solo enfermo cuestan dinero; el palco privado, la autopista, la atención privilegiada por parte de un médico tiene un coste; si se quiere un reservado en una discoteca hay que pagarlo. Estamos camino de una ‘primera clase’, de la comodidad, de la salubridad. ¿Cómo se obtiene un rendimiento económico? Indiscutiblemente los defensores de los antiguos conceptos exigirán volver al uso intensivo del espacio. Los buses urbanos de los ochenta tenían poca regularidad e iban atiborrado; se fueron vaciando a fuerza de ampliar viajes y limitar aforos. Los cines pueden ampliar pases, pues los costes de repetir no implican multiplicar todos los salarios, pero ¿y el teatro y la música? Si la tecnología no viene a aportar soluciones, y, cuidado, hay un concepto de economía básica que nos señala que en este ámbito se da una llamada ‘enfermedad de costes’ (aumento de los salarios en trabajos que no han experimentado un aumento de la productividad laboral), pocas más soluciones quedan que ampliar los espacios, aumentar los precios o desaparecer.

Pero si hace unos meses el mundo era de una manera, si atravesamos ahora un rumbo hacia lo desconocido, solo nos salvará que cada día conocemos algo más, trazamos ese futuro inmediato conforme a la experiencia del pasado inmediato, paso a paso. Tiene mucho que ver con el futuro y con el pasado, como si el presente no existiese, ese espacio temporal de la reflexión. Una reflexión y un ingenio que ahora hacen más falta que nunca.


Alfonso Salazar

 

viernes, 21 de febrero de 2020

LA MITAD IGNORADA

Madréporas
 Silvia Mistral
Ramón Gaya (Ilustrador); Mónica Jato (Prologuista)
Cuadernos del vigía, Madrid-Granada, 2020

Las olvidadas
Carlota O´Neill
Dioni Mora Macías (Ilustrador); Rocío González Naranjo (Prologuista)
Cuadernos del vigía, Madrid-Granada, 2020




Leer en Los Diablos Azules

La editorial Cuadernos del Vigía, en los últimos años, ha tomado el interesante rumbo de la recuperación de textos que se perdieron tras la derrota de la República. Al trabajo desarrollado en la reivindicación de la figura de Max Aub (con la reedición de sus ‘campos’ esa memoria de un hombre y de un país) se suma ahora la edición de ‘La mitad ignorada’, una colección de textos dirigida por Jairo García Jaramillo, que bucea y recupera textos de las autoras de la República y el exilio. Carmen de Burgos, Concha Méndez, Elisabeth Mulder y Carmen Conde han sido los primeros nombres elegidos para encabezar esta colección que está llamada a darnos grandes descubrimientos, gratos reencuentros y esperadas reconciliaciones con autoras olvidadas.


Las últimas autoras en añadirse a la lista son Carlota O´Neill y Silvia Mistral. La primera fue hija del diplomático Enrique O´Neill mexicano y la escritora Regina de Lamo. De Carlota, que fue confinada en la prisión del Fuerte de Victoria Grande de Melilla, tras la ejecución de su marido en julio de 1936 -el ingeniero y aviador republicano Virgilio Leret-, se publica el relato ‘Las olvidadas’. El relato fue escrito en aquel presidio militar del que fue liberada al final de la guerra tras sufrir diversos consejos de guerra. Tras su puesta en libertad tuvo que luchar por la custodia de sus hijas y vivió escribiendo bajo los seudónimos de Laura de Noves y Carlota Lionell. Es imprescindible no olvidar el empuje sindicalista y feminista de O´Neill, cómo promovió el teatro proletario durante la República, para no caer en la acusación simplista de colaboracionista del franquismo, cuando realmente escribió folletines y otros textos para sobrevivir y poder, finalmente, exiliarse a México y Venezuela. Quienes la acusan, no habrán leído ‘Una mujer en la guerra de España’, sin duda. O´Neill pertenece a una familia donde hay que destacar a Rosario Acuña, Regina Flavio y Lidia Falcón, pioneras del feminismo. 

‘Las olvidadas’ es un relato que refleja la vida en prisión, tal y como le sucede a la autora, donde convive con prostitutas y cabareteras, denunciadas por los propios militares que poco antes las visitaban en los antros donde eran explotadas. Allí narra la historia de la Oliva, modelo de Romero de Torres, y de su amiga Carmen, una historia cargada de amor, celos y pasiones que, quizá por esa razón, pudo sacar el cuaderno donde fue escrito, indemne, de la cárcel. Aunque el desenlace escabroso del relato hace dudar que, siquiera, leyeran el cuaderno los censores de la prisión. El relato cobra interés por su procedencia, lo que bien explica Rocío González Naranjo en el prefacio -cuando nos narra el descubrimiento de este texto escrito durante el cautiverio en el legado de la autora, diligentemente guardado por la familia Leret O´Neill-, pero también por su singularidad: hay un lenguaje alambicado en la narradora, jalonado de palabras imposibles o muy desconocidas, palabras técnicas aplicadas en situaciones cotidianas, que bien pudieran tener su razón en, como dicen los editores, una suerte de ejercicio léxico de la autora ‘para su cansado cerebro’. Pero este lenguaje, inaccesible a veces, contrasta con el llano de las protagonistas, con acento cordobés, sevillano, y reproducido tal cual. La fidelidad de la autora al lenguaje muy andaluz y el contraste con el lenguaje exclusivo hacen pensar en un modo de muletazo a la censura. No ha debido ser una edición fácil recuperar el texto, se percibe en el mismo cierta premura de la autora, pero estas pequeñas fallas dan al texto aún mayor vivacidad, como si fuese la transcripción de aquel cuaderno. Como si presenciásemos la escritura (y la toma de notas de sus conversaciones con las compañeras presas) en directo, en un banco del presidio. Así recuerda Carlota en sus memorias cómo escribía en prisión: ‘colocaba sobre las rodillas una caja de madera donde guardaba los peines y encima las cuartillas en el suelo, el tintero; brazos y codos al aire…’. 

De la segunda, Silvia Mistral, se publica una pequeña joya: ‘Madrépora’. Hay poquísimas muestras de literatura que aúnen maternidad y exilio. La vida de Silvia Mistral es una vida que va y viene por el Atlántico. Nacida en 1914 en La Habana, de padres españoles, emigró a la península y luego volvió a la isla caribeña, para, otra vez, volver de nuevo a España con su familia, impelida por la esperanza puesta en la España que nacía el 14 de abril de 1931. Aquella repatriación trajo de vuelta a casi 1000 españoles –‘sobrevivientes de la crisis económica norteamericana iniciada en 1929, del desempleo, la lucha contra el terror machadista’- que terminarían en su mayoría en las cunetas y las trincheras, o como Mistral, de vuelta al Caribe en el viaje del exilio vía Francia y México, acompañada del anarquista Ricardo Mestre. Cuando Silvia Mistral emprende el viaje del exilio está embarazada, y ‘Madrépora’ son las reflexiones y emociones transcritas de aquel viaje por la vida, que conducirá al nacimiento, ya en México, de su hija. Es un texto escrito para la recién llegada a la vida, pero donde se entrelazan la vivencia de la maternidad, la experiencia hermosa, con la prueba desgarradora del exilio. Mónica Jato lo explica acertadamente en el prólogo, donde expone la división en partes del texto, en un orden cronológico que conduce desde el embarazo al nacimiento, pero –y a la vez- ese viaje del pasado al presente, y de España a México, país de acogida y definitivamente, país de la familia Mestre-Mistral y de su hija, una madrépora que echa raíces en tierra nueva.

La maternidad es una experiencia única, irrepetible, pues cada embarazo y cada parto tienen una historia propia, la del ser humano que está llegando, la del ser humano que le da la vida y el viaje que inician desde ese preciso momento en que el cuerpo se abomba. Esa experiencia brillante en las palabras de Silvia Mistral no es solo una experiencia física –que también- sino que afina de tal manera el adjetivo y la metáfora que la convierte en una implosiva experiencia sentimental e histórica. El parto, que es la misma vida, se hace metáfora de la vida. Silvia Mistral habla de la vida que hay que vivir, de la vida que se muestra hacia delante: una vida futura que debe reconciliar con las ganas de vivir, el deseo y la esperanza de la superviviente agradecida, consciente y al fin libre.

Alfonso Salazar

miércoles, 9 de octubre de 2019

40 MESES EN LOS DIABLOS AZULES

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Los libros liberados

Los libros liberados
20/09/2019 - 06:00 Alfonso Salazar
El Instituto Cervantes ha salvado diversos libros de la quema del olvido para publicarlos en la colección Los Galeotes, como aquellos salvados por el Quijote. 
LOS DIABLOS AZULES

'Arancini'

'Arancini'
19/07/2019 - 06:00 Alfonso Salazar
En mi familia comemos arancini porque es uno de los platos favoritos de Montalbano, el inspector siciliano creado por Camilleri. 
LOS DIABLOS AZULES

Felicidad, no satisfacción

Felicidad, no satisfacción
31/05/2019 - 06:00 Alfonso Salazar
En Las pequeñas alegrías, Marc Augé habla de la felicidad, de ese producto que ahora quieren embalarnos, que ahora puede usted comprar por Internet.
LOS DIABLOS AZULES

Cuarto género

Cuarto género
17/05/2019 - 06:00 Alfonso Salazar
Los pescadores de perlas es una completa panorámica del microrrelato que abarca hasta 80 autores, algunos consagradísimos y otros debutantes. 
LOS DIABLOS AZULES

Volver a Escarcha

Volver a Escarcha
01/03/2019 - 06:00 Alfonso Salazar
Escarcha es más que una sencilla novela de aprendizaje y pasa a ser una novela para la generación de quienes fueron chicos y chicas en los ochenta. 
LOS DIABLOS AZULES

Siempre en pendiente

Siempre en pendiente
30/11/2018 - 06:00 Alfonso Salazar
La voz de Salvador Perpiñá, guionista de series como Isabel Periodistas, es reconocible por dos aspectos: una madurez solemne y una ironía finísima. 
LOS DIABLOS AZULES

Diálogo interrumpido

Diálogo interrumpido
18/05/2018 - 06:00 Alfonso Salazar
La conversación intergeneracional entre Thomas Leoncini y Zygmunt Bauman queda suspendida ante la irresistible juventud del filósofo polaco.
LOS DIABLOS AZULES

Nolan líquido

Nolan líquido
06/04/2018 - 06:00 Alfonso Salazar
Diez películas y menos de 50 años quizás no basten para que un director sea objeto de estudio. Pero, como aprecia Abad, Nolan merece este miramiento. 
LOS DIABLOS AZULES

Historiografía para la nueva derecha

Historiografía para la nueva derecha
09/02/2018 - 06:00 Alfonso Salazar
Con el argumento de desmontar mitos, Stanley G. Payne recorre la historia de la península para enaltecer el espíritu de lo español, lo monárquico y lo católico. 
LOS DIABLOS AZULES

Hielo y Fuego medieval

Hielo y Fuego medieval
21/12/2017 - 22:00 Alfonso Salazar
Carolyne Larrington rebusca las inspiraciones históricas y culturales de la saga de George R. R. Martin.
LOS DIABLOS AZULES

Cocina fusión

Cocina fusión
15/09/2017 - 06:00 Alfonso Salazar
Wenceslao-Carlos Lozano presenta una serie de artículos, conferencias y entrevistas donde reflexiona sobre sus experiencias de traductor veterano.
LOS DIABLOS AZULES

Luces y sombras

Luces y sombras
07/07/2017 - 06:00 Alfonso Salazar
De los muchos ámbitos donde los magos hollaron, Mayrata se centra en el dominio de lo aterrador y lo espectral.
LOS DIABLOS AZULES

¿Cuál es tu color favorito?

¿Cuál es tu color favorito?
16/06/2017 - 06:00 Alfonso Salazar
A través de breves ensayos sobre sencillos ámbitos de nuestro alrededor, Pastoureau nos conduce por el camino de nuestras convenciones y nuestras creencias.
LOS DIABLOS AZULES

Versos detestados

Versos detestados
05/05/2017 - 06:00 Alfonso Salazar
Para Ben Lerner hay dos perfiles que odian la poesía: los  decepcionados por su falta de poder y los que la detestan por su aire mistérico.
LOS DIABLOS AZULES

Exploraciones

Exploraciones
31/03/2017 - 06:00 Alfonso Salazar
Ángel Talián ficciona el viaje de la juventud, el recorrido por las carreteras del oeste americano entre California y Nevada.
LOS DIABLOS AZULES

La imagen y el poema

La imagen y el poema
17/03/2017 - 06:00 Alfonso Salazar
Reunir la imagen y la palabra, mostrarlas en conjunción, es el reto de ¿Hacia dónde se retira la montaña?.
LOS DIABLOS AZULES

'O': un título redondo

'O': un título redondo
24/02/2017 - 06:00 Alfonso Salazar
Los relatos de Pedregosa plantean la propuesta disyuntiva que ocasiona una íntima conexión de conceptos.
LOS DIABLOS AZULES

La profundidad del microrrelato

La profundidad del microrrelato
17/02/2017 - 06:00 Alfonso Salazar
Con Vosotros, los muertos Ginés Cutillas labra el futuro del género breve. 
LOS DIABLOS AZULES

'Pensar el islam', de Michel Onfray

'Pensar el islam', de Michel Onfray
20/01/2017 - 06:00 Alfonso Salazar
El filósofo francés había sido ubicado tanto en la islamofobia como en la islamofilia.
LOS DIABLOS AZULES

'La industria de la felicidad', de William Davies

'La industria de la felicidad', de William Davies
06/01/2017 - 06:00 Alfonso Salazar
El concepto de felicidad ha pasado de formar parte del ámbito íntimo a la obsesión en la vida pública.
LOS DIABLOS AZULES

'El auge de los robots', de Martin Ford

'El auge de los robots', de Martin Ford
25/11/2016 - 06:00 Alfonso Salazar
El autor achaca la actual recuperación sin empleo a un impacto cada vez mayor de los autómatas.
LOS DIABLOS AZULES

‘Por qué es importante Orwell’, de Christopher Hitchens

‘Por qué es importante Orwell’, de Christopher Hitchens
04/11/2016 - 06:00 Alfonso Salazar
El ensayista británico desguaza en este ensayo el constante ataque sufrido por el legado orwelliano tanto desde la derecha como desde la izquierda.
LOS DIABLOS AZULES

‘Fuera de la ley’, de La Felguera

‘Fuera de la ley’, de La Felguera
07/10/2016 - 06:00 Alfonso Salazar
El sello, que se presenta como una sociedad secreta, documenta el hampa española, y los anarquistas, bandoleros y apaches de principios del siglo XX.
LOS DIABLOS AZULES

‘Los hombres del Norte’, de John Haywood

‘Los hombres del Norte’, de John Haywood
23/09/2016 - 06:00 Alfonso Salazar
El autor presta luz a la cultura vikinga, oscurecida por la ausencia de fuentes y los mitos que dejó el ardor nacionalista y romántico. 
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