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viernes, 12 de septiembre de 2014

ANTECEDENTES DEL SISTEMA BECARIO

El siguiente texto es un extracto del capítulo IV de la segunda parte de “La Forja”, el primer tomo de La forja de un rebelde, escrito por Arturo Barea en 1951, donde el protagonista charla hacia 1915 con un compañero de trabajo sobre los meritorios. El “Sistema Becario” que se ha impuesto en nuestro país, parece que tuvo su prehistoria.

- Hay en Madrid veinte bancos; a cincuenta meritorios cada uno son un millar. En España habrá un promedio de doscientos bancos con veinte meritorios cada uno, son cuatro mil chicos; hay millares de casas de comercio que tienen meritorios sin sueldo; así que hay millares de chicos que trabajan, no ganan nada y además quitan de trabajar a los hombres.

- Pero, Pla .le digo yo-, es el aprendizaje.

- ¿Es aprendizaje? Es la explotación sistemática del chico. Está muy bien estudiada. Cuando lleves aquí siete u ocho meses, un día te pondrán en la calle; si entonces vas a otro banco y cuentas que has estado aquí ocho meses y te han despedido, no te admiten. Si te callas, tienes que estar otro año de meritorio, para correr el riesgo de que te despidan a los ocho meses. Y te encuentras en la misma situación. Si buscas un trabajo en una oficina particular, te dirán que aquel negocio no es un negocio de banco y que si quieres puedes entrar de meritorio, para que aprendas sus particularidades. La única posibilidad de romper este círculo vicioso es aprovechar ahora y pedir trabajo mientras estás trabajando en el banco. Así es más fácil encontrar una casa que te dé cinco o seis duros de sueldo al mes.

- Pero yo quiero ser empleado de banco.

- Bueno. Pues entonces prepárate a tener paciencia.


(La forja de un rebelde. Arturo Barea, 1951)


viernes, 8 de agosto de 2014

UNA PERSONA, UN VOTO

La propuesta de reforma del Partido Popular de la Ley Electoral tiene como principal objetivo una coletilla sencilla que se añadiría al artículo 180 de la Ley Orgánica 5/1985, que aún no está redactada, pero podría dejar al artículo diciendo algo tal que así: “La atribución de los puestos de Concejales en cada Ayuntamiento se realiza siguiendo el mismo procedimiento previsto en el artículo 163.1 de esta Ley, con la única salvedad de que no son tenidas en cuenta aquellas candidaturas que no obtengan, por lo menos, el 5 por 100 de los votos válidos emitidos en la circunscripción. La candidatura que haya superado el 40% de los votos válidos emitidos en la circunscripción y supere, al menos en cinco puntos porcentuales a la siguiente candidatura, obtendrá automáticamente la mitad más uno de los puestos de concejal en el Ayuntamiento. El subrayado pertenece a la aportación que se quiere hacer al artículo. La práctica ya fue estudiada por el PSOE a fines del siglo pasado, con variantes importantes, como la contemplación de la segunda vuelta. La intención de reformar el sistema de representatividad en los Ayuntamientos no es nueva.

 

El objetivo de esta reforma, que iba en el programa electoral, se justifica en facilitar la gobernabilidad y la estabilidad de la corporación. Pero estamos ante un cambio trascendental de las reglas de juego.

 


Hasta el momento, en las más importantes elecciones, una persona valía un voto, si bien los sistema electorales y la determinación de las circunscripciones (como sucede en las Elecciones Generales en España) hayan relativizado estos valores, y como bien sabemos, el voto de una persona de provincias con grandes urbes “vale” mucho menos que el de una provincia de escasa población. Basta comparar cuántos votos sostienen a un parlamentario de Guadalajara y a otro barcelonés, por poner dos ejemplos extremos (unos 25.000 en la primera frente a unos 130.000 en la segunda).  Esta representación infravalorada de las zonas urbanas más pobladas frente a una representación sobrevalorada de las zonas rurales despobladas es una fuente discriminatoria que hace que la calidad de equidad del voto quede en entredicho. Nada se ha hecho para solventarlo en los últimos 40 años. La igualdad es un camelo cuando el voto que realiza una persona cualquiera no tiene el mismo valor que el de cualquier otro ciudadano de la misma comunidad.


Además, perviven instituciones en este país nuestro que no se rigen por la elección directa -como sucede en Elecciones Generales, Autonómicas o Municipales-, es el caso de las Diputaciones Provinciales, que mantienen unas estructuras de representación basadas en los Partidos Judiciales (ambas instituciones datan del siglo XIX y fueron fruto de la ordenación provincial del motrileño Javier de Burgos) y completan la formación de sus gobiernos a través de voto indirecto. Pero incluso en estas instituciones ajadas, el voto del ciudadano tiene un valor único. Indirecto, pero único, igual, aunque con una proporcionalidad tamizada en la distribución de los partidos judiciales, que como en el caso anterior desequilibra el igual valor de votos que precisa el representante.


 


Sin embargo, en este cambio legislativo, lo que cambiará será el valor del voto ciudadano. Se primará la mayoría simple, de manera que sin ser ducho en matemáticas, el voto del ciudadano proclive a la mayoría, ese que vota con el 40,01 % mayoritario, tendrá un valor superior al del ciudadano que vota con el 59,99 % que disiente.

 

El galimatías del voto es complejo y este no es el lugar para analizar su historia, sus características (universal, libre, directo, secreto, etc) ni su estructura. Nos interesa en todo caso una de las características del voto en democracia: que será igual, dice el articulado constitucional. Este concepto sí queda reservado y observado por la Constitución Española en el artículo 68.1, con poco margen interpretativo. Así aparece también en el artículo 140, referente a los Ayuntamientos. Que el voto sea igual significa que cada voto, cuantitativamente, no varía de uno a otro ciudadano. Es decir, que no vale el voto doble.

 

Pero la proporcionalidad, que es lo que está en juego, solo está garantizada para el Congreso (art. 68.3). Sin ser experto constitucionalista, uno puede sospechar que la valoración se hará a posteriori, que el voto seguirá siendo igual, pero la aplicación de la fórmula magistral electoral, esto es, la interpretación y traducción matemática del voto, no lo será.

 

En esta propuesta de reforma se puede deducir que se enmascara un voto desigual pero, que en tal caso, se presentará como un voto con plusvalía. El voto de la mayoría no obtendrá un plus cuantitativamente, sino cualitativamente y conforme a la interpretación posterior que haga el sistema electoral. Así, no se trata de que cuantitativamente un voto “valga más” en el momento de ser depositado en una urna, sino en su valoración posterior, cuestión que queda al albur de las Leyes Orgánicas (aquí pueden entrar muchas de las correcciones que los expertos en constitucionalismo del 78 podrían aportar), que no están protegidas por la obligatoria mayoría cualificada que se exige en las modificaciones constitucionales. El problema reside, pues, en la proporcionalidad más que en la condición de igual del voto. Pero en aras de la gobernabilidad, hasta la condición de igual puede ponerse en juego.

 

El voto desigual, que cualquier día podría plantearse -y bastaría la reforma constitucional del artículo de manera conveniente-, podría provocar que el voto de quien paga más impuestos valga más que el del que paga menos y termine por convertir el Estado en una Sociedad Anónima con un sistema de participaciones donde los ciudadanos son accionistas desparejos. Casos han existido en el pasado en Europa, donde los propietarios de la tierra tenían más de un voto, o donde los grandes propietarios podían votar en varias circunscripciones. Cosas más raras podemos ver.

 


La consolidación de “una persona, un voto” que se realizó en la España de los setenta del siglo pasado es revisado a la baja, y conforme a la comparativa con otros estados europeos, en defensa de la gobernabilidad y contra la fullería que provocan determinados y oscuros pactos postelectorales (tripartitos, tetrapartitos…). Sin embargo, la sobrevaloración de los votos mayoritarios –también podría aplicarse un sistema mayoritario, y punto, y de esa manera evitar el paripé de la proporcionalidad- parece tener como fin el enroque de las opciones de los dos grandes partidos. La mayoría absoluta, sí ha quedado demostrado, tiene en nuestro país una vocación de rodillo político. Esta sobrevaloración incide en posibilitar la creación de rodillos sin mayorías matemáticas. El consenso es una práctica desconocida y la defensa del bien –y el sentido- común un bien escaso. De tal manera, podríamos asegurarnos que el 40 % de la población, de manera legal, se convirtiese en mayoría absoluta. El bipartidismo español incide en la renuncia al pacto históricamente; y los pequeños partidos, condenados a auparse al poder como bisagras, no tienen la capacidad -ni el sistema electoral les estimula-, para convertirse en artífices de pactos y acuerdos.

 


En Francia, Italia, Alemania, los sistemas de elección del gobierno municipal son de distinta naturaleza, varían según las dimensiones de los municipios (como pasa en nuestro país en aquellos con poblaciones menores de 250 habitantes y los de régimen de Consejo Abierto, que son muchos municipios, aunque de poquísima población relativa). En muchos de estos países se diferencia la elección del Alcalde (gestión) de la elección del Pleno (normativo y de control); se aplican sistemas de segunda vuelta donde el número de candidatos queda restringido; o como en la propuesta del PP, se priman las listas más votadas aplicando tantos por ciento de representación por encima de los tantos por ciento de representatividad obtenida, incluso otorgando un 60 %. Aunque es rarísimo el caso en que no se precise de una segunda vuelta confirmatoria. El sistema de bonus track, a vuelta simple, es el que está sobre la mesa. Una fórmula electoral que convertirá votos en concejales con un salto mortal sobre la noción de representatividad proporcional que nos ha caracterizado.

 


Sorprende que en una situación de quiebra de confianza en los partidos políticos –y en las instituciones en general-, esta sea una de las preocupaciones de los grandes partidos. En vez de mirar hacia las fuentes que han generado la desconfianza y proponerse elevar los niveles de transparencia, la elección democrática de sus propias candidaturas, estudiar la aplicación de las listas abiertas y fajarse en el acercamiento a la ciudadanía para retomar la confianza perdida, se plantee una bunkerización del voto, una minusvaloración de los votos disidentes. Lo que a la larga contribuye a alimentar la sensación de que son votos inútiles todos aquellos que no se apegan a las listas mayoritarias. En vez de profundizar en la riqueza de la representatividad, en el entendimiento entre representantes en continua comunicación con sus bases y simpatizantes, el camino tomado lleva hacia una cada vez más lejana regeneración e higiene democrática y busca recuperar los cimientos roídos del bipartidismo.


Alfonso Salazar

jueves, 19 de junio de 2014

LA ESPAÑA REAL

Las estructuras pueden desvanecerse, pero son símbolos mientras están en pie y en tanto se hunden y se pudren. Incluso siguen siendo símbolos cuando el tiempo ha pasado sobre ellas, como apisonadora.

Este territorio que ahora algún político trasnochado, borracho de consejos de administración, llama “espacio público compartido” se le conoce en el resto del mundo como España, y antes se llamó las Españas, Imperio Español, Hispania, “este país” y otros muchas otras denominaciones. Siempre desde la trampa, que un buen filósofo desvelaría, de que juzgamos desde aquí y ahora lo que fue en otro tiempo y otro lugar. Por eso el resultado actual ha tenido distribuciones varias, flexibles extensiones, anexos, colonias, islas, tierras donde no se ponía el sol… Por aquí hubo guerras, conquistas, revoluciones, dictaduras y dictablandas, explotación, golpes de estado, persecuciones, expolios, exilios, expulsiones -muchas palabras con “ex”. Este territorio, este resultado casual, se resume actualmente en su vertebración espacial en una parte de la península ibérica, dos archipiélagos y dos ciudades norteafricanas. Pero como no puede presumir de una historia de buen gobierno, sigue dando vueltas en el sideral espacio del entendimiento en la busca de un acuerdo, un consenso que entronque sus realidades, sus lenguas diversas, sus sentimientos y sus banderas.


La disposición del planeta en países trazados por fronteras, en administraciones y gobernanzas más o menos afortunadas, parece a veces un sueño con indigestión. En las fronteras todo se filtra y se confunde, y ni siquiera en los centros de los territorios puede identificarse algo tan incorpóreo como la esencia nacional. Son estructuras pretendidamente sólidas –los estados- que se empeñan en pervivir, en un mundo fluido y cambiante, que se parapetan tras la unión de la Cultura, la Historia, la Lengua o las costumbres, y tratan de mantenerse firmes desde la convicción y la convención de que existe una administración que gobierna. El tema, lo sé, es mucho más complejo y hay cientos de sesudas obras que intentan explicar la cuestión del Estado y la Nación.



Pero sea como sea, cuando se trata de estructuras que se apoyan en conceptos democráticos de convivencia, es la suma de las opiniones de los ciudadanos quienes sustentan, aparentemente, y legitiman, oportunamente, el establecimiento de los poderes, y su simbología.

España es una monarquía constitucional. Hasta la fecha. No es una contradicción: una constitución no es inevitablemente una garantía de democracia. Plantear que el modo en que los ciudadanos se organizan es inamovible, es luchar contra el avance fatal del tiempo. La Historia ha demostrado que todo cambia, muchas veces a conveniencia de las generaciones de humanos coincidentes en tiempo y territorio.


La bifurcación Monarquía-República es un asunto con el que España brega desde hace siglos. Hace doscientos años el ejemplo francés y norteamericano cundió por parte del mundo entonces conocido. España llegó con retraso al empeño, con un caldo de cultivo propio, que muchas veces se ha juzgado deshilachado por sus variantes culturales y otras veces ha sido elogiado en su diversidad: según cante el gallo, según sirva para mostrar la marca del país, identificar individuales genios de la cultura o modernos héroes del deporte. Como las estructuras son símbolos, desde antes que nazcan y hasta después que mueran, levantar una u otra bandera, significa mucho más que el aprecio a un color u otro. No es nada nuevo.


La Constitución de 1978 aprobó, con el voto favorable de la mayoría de los españoles de entonces, un modelo de Estado, y una bandera. Ponen puertas al campo quienes pretenden que todo es inamovible. Juegan a las comparaciones odiosas quienes defienden que en la tradición vive la virtud y que constituciones tiene el planeta que han sobrevivido cientos de años. Es cuestión de cintura, de oportunidad de nacimiento. La gran mayoría de las constituciones surgieron de la revolución, de la demanda, de la exigencia a los poderes constituidos. La española surgió de una concesión a la calma, del miedo y de una herencia envenenada.

Plantear si la una es más cara que la otra es comparar géneros que nada tienen que ver: hay repúblicas baratas y monarquías caras, hay repúblicas costosas y monarquías de saldo. Todo depende de cuánto se quiere gastar la ciudadanía.

Sustentar que un modelo u otro es el más consensual, es algo que solo demuestra la máxima expresión de acuerdo, que es la suma matemática de la opinión de todos sus ciudadanos y sacar conclusiones.

Defender que la república es un proyecto exclusivamente de izquierdas, y democrático, es desconocer la historia de las repúblicas: hay repúblicas que no son democráticas y hay repúblicas que son dictaduras, de izquierda o de derecha. Y presumir que en las monarquías no existen políticas sociales es dar a esa cristalización simbólica de poder unas características de las que no goza.

En más de un país europeo los reyes son floreros, más o menos caros. A veces los reyes, que son símbolos siempre, plasman el orgullo de la historia y la esencia de la nación. Pero es muy probable que no sea el caso de España. Los vaivenes que fundaron este estado moderno así lo atestiguan. En cuanto la monarquía es un sencillo asunto sentimental, de cariño popular, donde la identificación se soporta en vítores del pueblo, souvenirs, escudos, selección nacional y procesiones por la capital, solo pervive tras esas manifestaciones la devoción del besamanos. El único besamanos decente se hace, por ahora, en las urnas y, siempre, en la política ciudadana activa y comprometida.


Promover que solo existe esa alternativa bifurcada de Jefe de Estado y Presidente de Gobierno, es escasez de miras. Hay estados sin doble representación, donde el jefe del gobierno es quien gobierna y representa el Estado, y punto.

Mantener una familia primus inter pares es una cuestión de estética con poca ética, con un tufo medieval, o si se apura, de Antiguo Régimen. Las monarquías modernas, constitucionales y decorativas son estructuras débiles, carne de papel cuché, dinosaurios en el museo. La igualdad se trabaja desde abajo.

Pero el símbolo es el símbolo. Y la aristocracia, los títulos nobiliarios, las dotaciones presupuestarias, la corte de banqueros exitosos, aforamientos y arbitrariedades, cabezas agachadas, reverencias, símbolos religiosos y militares, panegíricos unánimes de prensa y palacios vacíos e inútiles, súbditos frente a ciudadanos, desasosiegan. La inestabilidad que supondría la caída de la Monarquía preocupa por su simbología, por el miedo que provoca que las cosas cambien irremediablemente. Por si acaso lo establecido no es lo estable, y tras el descabezamiento de una antigua institución venga la de tantísimas otras que viven y perviven de prebendas e impunidades.


Temer los procesos constituyentes y pacíficos, más próximos o más futuros, es el reverso de la misma moneda que temió la primera transición hacia la democracia. Temer que la ciudadanía opine sobre los temas que le afectan, sobre los símbolos y las estructuras que se tambalean es un importante carácter de inmadurez. No todo ha de ser consultado, pero hay cuestiones que bien merecen una consulta. Sin miedo.

domingo, 1 de junio de 2014

LA DIGNIDAD Y LA INDIGNACIÓN

Que en las últimas elecciones ha ganado el Partido Popular y que el sostén de votos de los dos grandes partidos ha menguado de manera ostensible, lo dicen los números. Es cierto que los resultados no son extrapolables a la composición futura del Parlamento nacional, que pasará por las estrechas miras de la circunscripción provincial, esa que ahora parece más que nunca una estructura añeja y trasnochada. Al descenso del bipartidismo –cuya pujanza va por autonomías-, se ha unido una bocanada extraña al sistema tradicional cristalizada en Podemos, y otros partidos minoritarios. Los pequeños partidos suben, los grandes bajan.



Pero es muy probable que no se trate tanto de qué y mucho del cómo. No sabemos con cierta exactitud cuánto tiene que ver la revolución digital que ha reconvertido las relaciones sociales, y su espectro de modos de comunicación y participación, así como la crisis económica y social. Pero sí es cierto que ante las posibles respuestas de la ciudadanía, entre las que se podía esperar la del voto ultraderechista a la francesa, el censo electoral español ha optado por apostar escorado a la izquierda, y sobre todo, con más de un millón de personas prefiriendo un modelo diferente de participación.

El bandazo ha llevado al PSOE a reconvertir su método de elección de liderazgo -aunque, como siempre, a medias- y a las ofertas de izquierda clásica a mirar con otros ojos la herencia del 15M. Ya no se trata de quitar de en medio a la Vieja Guardia, sino de quitar la Guardia en sí, el partido enrocado. El Partido Político como instrumento entró en crisis y el galope de la abstención hizo el resto. Los partidos se quedaron en un castillo alejado de la realidad, criando y reproduciendo sus generaciones futuras, con el censo electoral en el tendido mirando y callando. A falta de análisis más profundos, uno tiene la impresión de que la movilización del voto hacia formaciones de diferente modo de acción, como Podemos, ha reclamado a muchos desengañados, al ofrecer la tenue esperanza de un modo diferente de hacer las cosas.



Las acusaciones, hacia una formación tan reciente -que poco ha mostrado, demostrado y que ahora toca levemente el poder, un poder singular y de arraigado escaso eco en la ciudadanía-, van desde el populismo al bolivarianismo, desde el acercamiento a las posiciones lepenistas como a la utopía programática. Pero el movimiento se demuestra andando: si estamos ante el inicio de un cambio en el modo político es algo que todavía no sabemos. Pero sí se percibe una movilización callejera, donde la política ha vuelto a la barra de los bares y las charlas de cigarrillo.

El populismo y la utopía programática son habituales reproches que los partidos tradicionales han enarbolado (junto al voto útil) para desmarcar las tendencias que no siguen los dictados de la partitocracia. Pero la utopía programática se sustenta muchas veces en una lectura radical (desde la raíz) de algunos presupuestos constitucionales y tratados internacionales. La ciudadanía organizada en Podemos cita a menudo el texto constitucional, aquel articulado progresista que nunca ha sido puesto en práctica. Y cita artículos de tratados firmados por el Estado en los últimos cincuenta años. Su implantación ha sido rápida y lo bastante dispersa para no considerarla un fenómeno local, sino una muestra de ecos unánimes. En casi todas las autonomías, la opción figura como cuarta o quinta fuerza de voto, y parece que por inesperada es más temible y un sinfín de salidas de tono corre por las tertulias de los medios de comunicación.



Podemos está pidiendo una reconversión de las más afiladas y contradictorias aristas del sistema: y es cierto, puede llamarse populismo a lo que la gente quiere oír, pero eso, no lo hace menos válido. El arte de la política tradicionalista enarbola la bandera de que lo justo es complicado e imposible, que desde fuera las cosas se ven fáciles, que los resortes del poder son complicados. Quizá la condena populista solamente camufla el temor y manifiesta el cautiverio. Pero ha de demostrarse en la práctica que la utopía es imposible, para que siga siendo utopía.

Su mercadotecnia ha utilizado las redes sociales, los presupuestos de campaña más austeros de la historia, el soporte de televisión, la figura emergente de jóvenes de treinta y tantos, y términos generalizadores -e inexactos, ambiguos, a veces-, pero de los que calan, como “la casta política”. En el electorado de Podemos, es probable, se mezclan decepcionados votantes del PSOE, abstencionistas recalcitrantes, votos antisistema de la derecha o la izquierda y votantes a quienes las propuestas de Izquierda Plural o Equo se le quedan cortas. Por eso, lo importante reside en el cómo antes que en el qué. Porque la propuesta de reorganización ciudadana, de participación activa, es un cambio de paradigma político.


La asimilación con los fenómenos políticos chavistas o lepenistas es un atrevimiento, o una lectura apresurada en todo caso. Podemos tiene un programa que se redactó para unas elecciones, la europeas. Pero es un proceso en marcha, vivo. La coincidencia de algunos de sus miembros en proyectos que hayan tenido relación con Venezuela, o la de postulados políticos que utiliza también la ultraderecha francesa son accidentes en un panorama que aún no se ha desenvuelto en su totalidad, donde abundan los espejismos, y donde se desarrollan las técnicas de enganche y camuflaje que suele utilizar el nacionalismo y la extrema derecha. A buen seguro, entre un millón doscientos mil votos pueden darse esas coincidencias ideológicas en algunos casos –o en bastantes-, pero es arriesgado presuponer que esos modelos (tan alejados, pero a la vez coincidentes en algunos aspectos) sean los que rijan en el futuro. Tan heterogéneo como fue el fenómeno del 15M, que permitió reconocer muchos movimientos que llevaban años fraguándose, de distintas procedencias e ideologías, es el proceso de Podemos.



Poner los recursos al servicio del ciudadano a través de recuperaciones estatales de sectores económicos, lucha contra el fraude y delito fiscal de las grandes empresas y los paraísos fiscales, una tributación más justa y redistributiva, la renta básica, los presupuestos participativos, la limitación de la acción de los lobbies y los oligopolios, la no discriminación, la garantía de los derechos fundamentales, la eliminación de las desigualdades, garantizar la educación, la vivienda, la ayuda a las personas dependientes, librar a los servicios públicos de los principios de competencia y mercantilización, replantear los referendums vinculantes,  promover medidas anticorrupción, incompatibilidad de los cargos públicos, limitación salarial de los cargos electos, el acceso al agua, la alimentación saludable, el sector energético al servicio de la sociedad … son principios básicos ante los que hay que retratarse y sobre los que se puede discutir largamente. Pueden ser populistas, por lo genérico. Pueden coincidir limitadamente con aspectos restringidos de dictaduras y grupos de ultraderecha –incluso la más siniestra dictadura tiene coincidencias puntuales y limitadas con la más inocente de las democracias. Puede ser un planteamiento utópico, por las cortas miras que lo juzguen. Pero en todo caso, sugieren que parte de la ciudadanía  ha dado un paso y quiere hacer de sus objetivos, Política.


Alfonso Salazar

lunes, 23 de diciembre de 2013

ITALO CALVINO: SOBRE EL ABORTO

Carta del escritor italiano Italo Calvino sobre el aborto.



Cuando la segunda ola de feminismo se encontraba en su momento de plenitud, en 1975, el escritor Italo Calvino envió una carta al intelectual Claudio Magris, como respuesta a su artículo en contra del aborto llamado “The Deluded”, publicado en el periódico italiano Corriere della sera.

A continuación las palabras de Calvino:


Traer a un niño al mundo tiene sentido sólo si el niño es deseado consciente y libremente por sus padres. Si no, se trata simplemente de comportamiento animal y criminal. Un ser humano se convierte en humano no sólo por la convergencia causal de ciertas condiciones biológicas, sino a través del acto de voluntad y amor de otras personas. Si este no es el caso, la humanidad se vuelve —lo cual ya ocurre— no más que una madriguera de conejos. Una madriguera no libre sino constreñida a las condiciones de artificialidad en las que existe, con luz artificial y alimentos químicos.


Sólo aquellas personas que están 100% convencidas de poseer la capacidad moral y física no sólo de mantener a un hijo sino de acogerlo y amarlo, tienen derecho a procrear. Si no es el caso, deben primeramente hacer todo lo posible para no concebir y si conciben, el aborto no representa sólo una triste necesidad sino una decisión altamente moral que debe ser tomada con completa libertad de conciencia. No entiendo cómo puedes asociar la idea del aborto con el concepto de hedonismo o de la buena vida. El aborto es un hecho espeluznante.


En el aborto la persona que es vulnerada física y moralmente es la mujer. También para cualquier hombre con conciencia cada aborto es dilema moral que deja una marca, pero ciertamente aquí el destino de una mujer se encuentra en una situación desproporcionada de desigualdad con el hombre, que cada hombre debería morderse la lengua tres veces antes de hablar de estas cosas. Justo en el momento en que intentamos hacer menos bárbara una situación en la cual la mujer está verdaderamente aterrada, un intelectual usa su autoridad para que esa mujer permanezca en este infierno. Déjame decirte que eres verdaderamente responsable, por decir lo mínimo. Yo no me burlaría tanto de las “medidas de higiene profiláctica”, ciertamente nunca te has sometido a rasgarte el vientre. Pero me encantaría ver tu cara si te forzaran a una operación en la mugre y sin los recursos que hay en los hospitales.


Lamento que tal divergencia de opiniones en estas cuestiones éticas básicas haya interrumpido nuestra amistad.



(extraído de http://www.mamanatural.com.mx)

jueves, 18 de julio de 2013

GRANDES INVENTOS

Podrá discutirse la utilidad o la inutilidad de esta Máquina. Pero lo único cierto es que el discurso de lo útil y lo inútil no pertenece a la literatura. Otros dirán al Arte. No es necesario, ni procedente.

Visiten la Increíble Máquina Aforística de Ginés Cutillas, y disfruten de la combinación de sustantivos y adjetivos. Pueden hacerle un hueco en twitter.




viernes, 12 de julio de 2013

GRANADA: SOBRE LA AMISTAD Y LA ESTUPIDEZ

Como hay leyendas urbanas, hay leyendas que germinan en los clanes literarios, que no dejan de ser reuniones de amigos. Granada es una ciudad proclive al cainismo, que si bien es cosa de hermanos, abunda más entre los amigos de las pasiones. No conozco mucho de otras ciudades -lo reconozco, no sé cómo se trata esto en Zaragoza o La Coruña, es un poner-, pero oigo a veces, en voz de personas convencidas, que los granadinos deberían viajar más. Y como colofón, el otro día escuché como lapidaria frase: "Almuñécar (la ciudad de costa donde suelen ir los granadinos de posibles) ha hecho mucho daño a Granada". Puede ser: Granada es el ombligo de su mundo y Almuñécar su ombligo de verano.

Viajar más, ay, es la vacuna. Pareciera. Conozco a gente y  amigos que vinieron a Granada para tres días y han pasado treinta años. Aquí siguen. No creo que ese tombeur amoureux lo den las ciudades: ni sus ruinas ni sus monumentos bien gestionados, ni la belleza transitoria de sus calles, ni siquiera el momento de feliz placidez de una plaza en belleza activa cultural. Ni siquiera quienes la habitan. Lo debe dar el momento de felicidad, la edad psicológica, la decisión y el encierro.

Dudo sinceramente si ese enamoramiento lo dan sus gentes. No deben ser mejores ni peores que otros: ni siquera esa manera de amarse sin decirlo, de respetar, mantener la distancia y agradecerte que seas huésped. He de reconocer que llegué a esta ciudad hace muchísimos años, que me crié en uno de sus barrios limítrofes y que me dieron de todo: la estopa de la indiferencia, la esponja suave de la amistad. También reconozco que desde que llegué a esta ciudad soy incapaz de pedir un favor. Pienso que todo es deuda: entrar en una tienda y no comprar nada es un insulto. Una devoción granadina es el Señor de los Favores.

Viene este post al hilo de una pintada. Javier Egea fue mi maestro en muchas cosas, y casi nunca he contado en qué. Desde su muerte a esta parte se ha intentado en la ciudad crear una alta pared entre Javier y algunos de sus amigos. Especialmente con Luis García Montero. He de decir que entre Luis y yo, por lo que me toca en este texto, hay muy buenos amigos comunes. Uno de esos amigos comunes era Javier Egea. En el camino de la Fuente del Avellano, tan granadina, hay pintadas que acusan a Luis de la muerte de Javier. Estupidez. Estupidez sobre amistad.

Granada no es el símbolo de nada, excepto para aquellos que ven en su ciudad algo más allá que su ciudad misma. Una ciudad, o un concepto (vaya usted a saber) que termina exigiendo más de lo que da. La amistad debe ser como la mujer del César, porque a la mínima te pueden acusar del asesinato de un amigo o la muerte de una amistad. No se trata de política, sino de estupidez.

Cansa a veces vivir en Granada: hay un síndrome con explicación psicológica para la belleza. Puede consolar la hermosura quieta y transitoria de sus paredes agrietadas, solemnes. Toda cultura pasa. Poco queda. Granada fusila desde la rabia las amistades. Dice la pintada que Luis mató a Javier. Es un síntoma.


jueves, 6 de diciembre de 2012

domingo, 21 de octubre de 2012

lunes, 7 de mayo de 2012

LA VOZ DORMIDA

Veo la "La voz dormida" -me perdone, esté donde esté, Dulce Chacón por no leer el libro, pero le agradezco a Benito Zambrano, mucho,  la película-, y no siento rabia siquiera. Siento la gran vergüenza de haber nacido en un país donde pasó eso, donde los juicios eran un chiste malo de coñá malo, donde la rabia se guardaba en todos los bandos, donde terminó una guerra y no hubo ni pizca de caridad cristiana entre los cristianos -siquiera, los buenos cristianos, que un día dirán de una vez-, y donde más de medio siglo después no hay valor para reconocer que aquí hubo una selectiva eliminación de personas tras la victoria del año 39.

Se cierra la película con unas acertadas palabras de Antonio Machado: Para los estrategas, para los políticos, para los historiadores, todo está claro: hemos perdido la guerra. Pero humanamente, no estoy seguro... Quizá hemos ganado.

Y pasarán los años, pero hasta que no exista la asunción y responsabilidad por parte del Estado Español, -del que todos formamos parte-, de que eso pasó y nos dejemos de paños calientes, la cicatriz no aparece: mi abuelo pudo estar en un batallón de fusilamiento de 1941 y no se ha pedido perdón. Por si acaso, pido perdón. Háganlo. Al fin.

En wiki


sábado, 11 de febrero de 2012

¿No es así?

Lionel Dutemple, uno de los tres guionistas de los guiñoles de Canal+ Francia, no se muestra extrañado por la reacción que han suscitado en España sus 'sketch' sobre los deportistas españoles, según confiesa en una entrevista ofrecida a Sofoot.com: "No me sorprende mucho, en realidad. Incluso puedo entenderlo, pero es sólo humor, caricatura. En España hay una crisis sin precedentes, con un 25% de desempleo. Los jóvenes pasan su tiempo leyendo los diarios deportivos, hablando de deportes, porque de lo único que están orgullosos es de su deporte. Están verdaderamente unidos a su equipo de fútbol, al de baloncesto y a sus ciclistas. Y luego está el hecho de que no tienen ningún deseo de meter la nariz en el asunto. Tienen miedo de que todo se derrumbe".

sábado, 20 de agosto de 2011

EL GAMBERRO REMI GAILLARD



http://www.nimportequi.com

domingo, 24 de julio de 2011

domingo, 20 de marzo de 2011

LA HORA DEL PLANETA

A las 20:30 del sábado 26 de marzo de 2011, individuos, comunidades, empresas y gobiernos de todo el mundo apagarán sus luces durante una hora – La Hora del Planeta –, transcendiendo todas las barreras religión, cultura, sociedad, generación y localización geográfica en una celebración global por el Planeta.

Este año, WWF estrena una nueva web de la Hora del Planeta te invitamos a demostrar tu compromiso con el cuidado del medio ambiente de una manera original.

miércoles, 5 de enero de 2011

DELATA, QUE ALGO QUEDA

Los delincuentes de la nicotina
Juan Carlos Escudier (Público)

Dada la normalidad con la que, según las autoridades, estamos cumpliendo la ley antitabaco no dejan de sorprender las circunstancias que han acompañado estos primeros días de su entrada en vigor. La primera tiene que ver con la oleada de denuncias, impulsada por una organización de consumidores y por la propia ministra de Sanidad, Leire Pajín, contra los transgresores de la norma, que se ha echado en falta en otras regulaciones. Es cierto que el fumador perjudica la salud de los que le rodean, pero también puede hacerlo y con trágicos efectos quien conduce mientras habla por el móvil, sin que Facua habilite un formulario para consignar la matrícula de estos infractores tan imprudentes. (...) Leer el artículo completo

sábado, 18 de diciembre de 2010