Alguersuari se une al tópico: "Las mujeres conducen bastante peor que nosotros"
El piloto de Fórmula Uno Jaime Alguersuari atendió al Diario 'Marca' y respondió a algunas cuestiones tan delicadas como la de "¿quién conduce mejor, hombres o mujeres?
Sport.es BARCELONA
"Definitivamente, las mujeres conducen bastante peor que nosotros. Lo siento", opinó el joven piloto de Toro Rosso. LEER MÁS
miércoles, 9 de septiembre de 2009
lunes, 7 de septiembre de 2009
Bateson
Así como existe una ecología de las malas hierbas, existe una ecología de las malas ideas.
Gregory Bateson
(Cita de Vers l´ècologie de l´ésprit, tomo II, París, Le Senil, 1980, citado por Félix Guattari en Las Tres ecologías, Pre-textos, 1996)
Gregory Bateson
(Cita de Vers l´ècologie de l´ésprit, tomo II, París, Le Senil, 1980, citado por Félix Guattari en Las Tres ecologías, Pre-textos, 1996)
martes, 25 de agosto de 2009
DETECTIVES EN LA GUANTERA 11: KOSTAS JARITOS
El detective creado por Petros Markaris, el griego Kostas Jaritos, comisario de la Dirección de Seguridad del Ática, reúne todas las condiciones del tipo poco relevante en su vida privada, sencillo, marcado por la historia del país. Decía Juan Carlos Rodríguez que en España no podía haber novelas policíacas porque sólo había torturadores. Y en Grecia tres cuartos de lo mismo: la dictadura fascista de Metaxás de 1936, que acabó con la bamboleante República de 1924 con restauraciones monárquicas por medio, la pertenencia al Tercer Reich, la división entre partisanos y colaboracionistas y la consiguiente guerra civil al fin de la II Guerra Mundial, la instauración de reyes marionetas de generales, la represión hacia los comunistas, la dictadura de los coroneles y una situación política que se estabilizó en los años setenta-ochenta. ¿No les suena la historia? No es idéntica al otro país europeo que mete los pies en el Mediterráneo, en el extremo oeste, pero casi. La historia de aquí.
De ese panorama procede Kostas Jaritos, de una policía que siempre fue sospechosa de convidarse con el poder de los militares y que contaba con una largo historial de represiones, de cárceles y sótanos con el sudor del miedo pegado a las paredes (Makrónisos, Jaidari, Bubulinas). Para aquella policía tuvo que trabajar Jaritos, hijo de un carabinero, y allí conoció a compañeros sin piedad y enemigos con nobleza. Pero no todo en las aventuras de Jaritos es la mirada hacia atrás: ése es sólo un ciclorama desteñido. La historia de la policía griega dejó atrás a sus torturadores, y sólo aparecerán como una terrible pesadilla, que incluso a veces –el retorno de aquellos fantasmas- posibilitarán al comisario desbrozar algún enrevesado caso.
Hay más, porque la ciudad que los acoge, Atenas, es tan sabrosa en matices como para facilitar al autor un riquísimo repertorio del que echar mano: desde la proverbial burocracia mediterránea hasta el tráfico imposible de largas caravanas, bocinazos e insultos. Desde la vital importancia del fútbol al paraíso de las islas griegas y la placidez de las tabernas de El Pireo. Del sol y calor de agosto a los chubascos impredecibles de otoño. Todo ello en las calles retorcidas de Platka, en las avenidas señoriales de Kolonaki, por las carreteras siempre atestadas que llevan a Corinto o Salónica, las cuestas de Likavitos y los barrios y pueblos menos turísticos de Nea Filadelfia, Rentis o Kiffisiá. Y definitivamente, las instalaciones abandonadas del sueño de las Olimpiadas de 2004, ahora refugio de inmigrantes ilegales, lugar ideal para ejecutar un asesinato o irse de pesca a los canales de remo.
El fabuloso paisaje descrito por Markáris se completa con una serie de secundarios impecables. En su familia (un detective mediterráneo como debe ser, con familia), su esposa abnegada Adrianí, enganchada a las telenovelas y especialista en cocinar tomates rellenos. Y su hija Katerina, doctoranda en Derecho y amancebada –para desesperación de Adrianí- con Fanis Uzunidis, el médico que salvó a Kostas de morir infartado. Y en comisaría, con el poliédrico Guikas, Director General de la Policía, arribista, servil con los superiores y cruel con los subalternos; el policía Zanasis, que le salió rana en la primera novela; Kula, la secretaria del jefe, y sus colaboradores Dermitzakis y Vlasópulos, desesperados por esa manía del comisario Jaritos de seguir utilizando su Mirafiori, un vehículo ya anacrónico y sin aire acondicionado con el que resulta imposible combatir el desesperante calor de las avenidas atenienses repletas de coches. Y personajes del pasado: Zisis el comunista a quién vigiló en Bubulinas y Kostarás, el policía asesino que terminó recluido en un asilo.
Si hay dos asuntos que preocupan a Markáris son la recepción de la inmigración y los medios de comunicación. Muchas de sus víctimas pertenecen a uno u otro colectivo. Mientras para unos reserva cierta misericordia, para los otros, los personajes vinculados con la televisión (sobre todo) aplica sus peores calificativos. Especialmente hacia el pijo periodista Sotirópulos –personaje continuo en la serie- o para los dueños de las cadenas de televisión reunidos de manera patética en “El accionista mayoritario”. La televisión, en las novelas de Markaris preside las vidas de los ciudadanos, los absorbe, los hipnotiza. Con ella convive Kostas Jaritos, mirándola siempre de soslayo, temiéndose lo peor: el ataque de los buitres sobre los pedazos sanguinolentos de los cadáveres, de almas destrozadas, de condenados que cumplieron condena y que ahora sólo deben preocuparse de la persecución de las cámaras.
En su primera novela, una periodista es asesinada; en su tercera un suicidio se realiza ante las cámaras; en la cuarta alguien intenta terminar con la publicidad en televisión asesinando a los modelos publicitarios. Inevitablemente, y a la espera de que Internet lo remate, la televisión y sus tejemanejes terminan por hacer la vida aún más difícil al Comisario Jaritos.
La última entrega publicada en España (“Muerte en Estambul”) evoca un viaje que tiene mucho de sentimental. Al fin y al cabo, Markáris es un griego nacido en Estambul. Por allí anda Jaritos, y como la inevitable Jessica Fletcher se tropieza con un asesinato (un cadáver en Grecia, una asesina en Estambul) y buceará en las calles turcas, acompañando a un grupo turístico en el que le enredó Adrianí, redescubriendo la historia de los griegos de Turquía. Otro homenaje a la historia griega.
En conclusión, y sólo tratando de detectives euromediterráneos frente a los adustos detectives españoles –aunque Carvalho disfrute de las habilidades culinarias de Biscúter-; frente al elegíaco, melancólico y marsellés Fabio Montale; frente a los italianos –el aburguesado Brunetti, un cínico Montalbano-, aparece el familiar y preocupado Jaritos, un tipo, tal y como lo define el propio Markáris, (...) de lo más corriente, que gana un mal sueldo, que tiene una familia a la que quiere y a la que tiene que alimentar y un jefe que le impone respeto y al que teme.
Novelas de Jaritos publicadas en castellano:
Noticias de la noche (Ediciones B, 2006)
Defensa cerrada (Ediciones B, 2006)
Suicidio perfecto (Ediciones B, 2004). Descatalogado.
Un caso del comisario Jaritos y otros relatos clandestinos (Ediciones B, 2006)
El accionista mayoritario (Tusquets, 2006)
Muerte en Estambul (Tusquets, 2009)
Con el agua al cuello (Tusquets, 2011)
martes, 18 de agosto de 2009
CRÍTICA DE MIGUEL ÁVILA CABEZAS A "EL DETECTIVE DEL ZAIDÍN"
EL DETECTIVE DEL ZAIDÍN: TODO ES POSIBLE EN GRANADA
por Miguel Ávila Cabezas
por Miguel Ávila Cabezas
Me viene a la memoria (como anillo al dedo neuroemocional) aquel eslogan que allá por los promisorios 60 ó 70 (no sé, ahora no me acuerdo) presentaba la levítica Granada como una ciudad en la que todo, pero que todo, era posible. Y en verdad que no anduvo muy descaminado el posibilista utópico que ideó la frasecita en cuestión pretendiendo ayuntar -no sé si a caso hecho- el Todo y la Nada, esto es, el Alfa y el Omega entre los que se contempla ufano el universo entero. Ya lo vemos, con tan sólo cinco (5) palabras de las que únicamente tres poseen eso que el lingüista de guardia apuntaría como “pertinencia semántica”. Que todo es posible en Granada lo pueden certificar, digo yo, más de uno e, incluso, más de dos. (...) LEER COMPLETO
sábado, 8 de agosto de 2009
COSTURERILLAS (13 ROSAS ROJAS)
Costurerillas del 36,
hijas del no pasarán.
Cigarreras de Sevilla
del Partido Liberal.
Enfermeras de Devonshire
Segunda Guerra Mundial.
Mignones que cantan Edith Piaf
en la Plaza de Pigalle.
Mujeres de pólvora y carmín
de rabia y libertad.
Esas sí, Comuna de París,
van dejando estelas en el mar.
Las que dijeron que no
cuando hablar estaba mal.
Las que dijeron sí
y guardaban un puñal.
Las que tienen velo sin querer.
Las que cuidan viejos sin quejar.
La que no fue madre
pero acuna hasta dormir.
Mujeres de plazas y de pan.
De colas largas y costal.
Esas sí, madres del maquís,
van dejando estelas en el mar.
hijas del no pasarán.
Cigarreras de Sevilla
del Partido Liberal.
Enfermeras de Devonshire
Segunda Guerra Mundial.
Mignones que cantan Edith Piaf
en la Plaza de Pigalle.
Mujeres de pólvora y carmín
de rabia y libertad.
Esas sí, Comuna de París,
van dejando estelas en el mar.
Las que dijeron que no
cuando hablar estaba mal.
Las que dijeron sí
y guardaban un puñal.
Las que tienen velo sin querer.
Las que cuidan viejos sin quejar.
La que no fue madre
pero acuna hasta dormir.
Mujeres de plazas y de pan.
De colas largas y costal.
Esas sí, madres del maquís,
van dejando estelas en el mar.
A LA GREÑA
Socialistas y Comunistas se disputan su memoria. Como hace 70 años. Así nos va.
Estas son, de nuevo las 13 rosas (rojas), como decíamos en un post de hace un año.
(Información tomada de Público)
Las 13 rosas
Carmen Barrero Aguero (20 años, modista). Trabajaba desde los 12 años, tras la muerte de su padre, para ayudar a mantener a su familia, que contaba con 8 hermanos más, 4 menores que ella. Militante del PCE, tras la guerra, fue la responsable femenina del partido en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.
Martina Barroso García (24 años, modista). Al acabar la guerra empezó a participar en la organización de las JSU de Chamartín. Iba al abandonado frente de la Ciudad Universitaria a buscar armas y municiones (lo que estaba prohibido). Se conservan algunas de las cartas originales que escribió a su novio y a su familia desde la prisión.
Blanca Brisac Vázquez (29 años, pianista). La mayor de las trece. Tenía un hijo. No tenía ninguna militancia política. Era católica y votante de las derechas. Fue detenida por relacionarse con un músico perteneciente al Partido Comunista. Escribió una carta a su hijo la madrugada del 5 de agosto de 1939, que le fue entregada por su familia (todos de derechas) 16 años después. La carta aun se conserva.
Pilar Bueno Ibáñez (27 años, modista). Al iniciarse la guerra se afilió al PCE y trabajó como voluntaria en las casas-cuna (donde se recogía a huérfanos y a hijos de milicianos que iban al frente). Fue nombrada secretaria de organización del radio Norte. Al acabar la guerra se encargó de la reorganización del PCE en ocho sectores de Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.
Julia Conesa Conesa (19 años, modista). Nacida en Oviedo. Vivía en Madrid con su madre y sus dos hermanas. Una de ellas murió de pena (por la muerte de su novio en las guerrillas) estando ella detenida. Se afilió a las JSU por las instalaciones deportivas que presentaban a finales de 1937 donde se ocupó de la monitorización de estas. Pronto se empleó como cobradora de tranvías, ya que su familia necesitaba dinero, y dejó el contacto con las JSU. Fue detenida en mayo de 1939 siendo denunciada por un compañero de su "novio". La detuvieron cosiendo en su casa.
Adelina García Casillas (19 años). Militante de las JSU. Hija de un guardia civil viudo. Le mandaron una carta a su casa afirmando que sólo querían hacerle un interrogatorio rutinario. Se presentó de manera voluntaria, pero no regresó a su casa. Ingresó en prisión el 18 de mayo de 1939.
Elena Gil Olaya (20 años). Ingresó en las JSU en 1937. Al acabar la guerra comenzó a trabajar en el grupo de Chamartín.
Virtudes González García (18 años, modista). Amiga de María del Carmen Cuesta (15 años, perteneciente a las JSU y superviviente de la prisión de Ventas). En 1936 se afilió a las JSU, donde conoció a Vicente Ollero, que terminó siendo su novio. Fue detenida el 16 de mayo de 1939 denunciada por un compañero suyo bajo tortura.
Ana López Gallego (21 años, modista). Militante de las JSU. Fue secretaria del radio de Chamartín durante la Guerra. Su novio, que también era comunista, le propuso irse a Francia, pero ella decidió quedarse con sus tres hermanos menores en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo, pero no fue llevada a la cárcel de Ventas hasta el 6 de junio. Se cuenta que no murió en la primera descarga y que preguntó "¿Es que a mi no me matan?".
Joaquina López Laffite (23 años). En septiembre de 1936 se afilió a las JSU. Se le encomendó la secretaría femenina del Comité Provincial clandestino. Fue denunciada por Severino Rodríguez (número dos en las JSU). La detuvieron el 18 de abril de 1939 en su casa, junto a sus hermanos. La llevaron a un chalet. La acusaron de ser comunista, pero ignoraban el cargo que ostentaba. Joaquina reconoció su militancia durante la guerra, pero no la actual. No fue conducida a Ventas hasta el 3 de junio, a pesar de ser de las primeras detenidas.
Dionisia Manzanero Salas (20 años, modista). Se afilió al Partido Comunista en abril de 1938 después de que un obús matara a su hermana y a unos chicos que jugaban en un descampado. Al acabar la guerra fue el enlace entre los dirigentes comunistas en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.
Victoria Muñoz García (18 años). Se afilió con 15 años a las JSU. Pertenecía al grupo de Chamartín. Era la hermana de Gregorio Muñoz, responsable militar del grupo del sector de Chamartin de la Rosa. Llegó a Ventas el 6 de junio de 1939.
Luisa Rodriguez de la Fuente (18 años, sastra). Entró en las JSU en 1937 sin ocupar ningún cargo. Le propusieron crear un grupo, pero no había convencido aun a nadie más que a su primo cuando la detuvieron. Reconoció su militancia durante la guerra, pero no la actual. En abril la trasladaron a Ventas, siendo la primera de las Trece Rosas en entrar en la prisión.
Estas son, de nuevo las 13 rosas (rojas), como decíamos en un post de hace un año.
(Información tomada de Público)
Las 13 rosas
Carmen Barrero Aguero (20 años, modista). Trabajaba desde los 12 años, tras la muerte de su padre, para ayudar a mantener a su familia, que contaba con 8 hermanos más, 4 menores que ella. Militante del PCE, tras la guerra, fue la responsable femenina del partido en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.
Martina Barroso García (24 años, modista). Al acabar la guerra empezó a participar en la organización de las JSU de Chamartín. Iba al abandonado frente de la Ciudad Universitaria a buscar armas y municiones (lo que estaba prohibido). Se conservan algunas de las cartas originales que escribió a su novio y a su familia desde la prisión.
Blanca Brisac Vázquez (29 años, pianista). La mayor de las trece. Tenía un hijo. No tenía ninguna militancia política. Era católica y votante de las derechas. Fue detenida por relacionarse con un músico perteneciente al Partido Comunista. Escribió una carta a su hijo la madrugada del 5 de agosto de 1939, que le fue entregada por su familia (todos de derechas) 16 años después. La carta aun se conserva.
Pilar Bueno Ibáñez (27 años, modista). Al iniciarse la guerra se afilió al PCE y trabajó como voluntaria en las casas-cuna (donde se recogía a huérfanos y a hijos de milicianos que iban al frente). Fue nombrada secretaria de organización del radio Norte. Al acabar la guerra se encargó de la reorganización del PCE en ocho sectores de Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.
Julia Conesa Conesa (19 años, modista). Nacida en Oviedo. Vivía en Madrid con su madre y sus dos hermanas. Una de ellas murió de pena (por la muerte de su novio en las guerrillas) estando ella detenida. Se afilió a las JSU por las instalaciones deportivas que presentaban a finales de 1937 donde se ocupó de la monitorización de estas. Pronto se empleó como cobradora de tranvías, ya que su familia necesitaba dinero, y dejó el contacto con las JSU. Fue detenida en mayo de 1939 siendo denunciada por un compañero de su "novio". La detuvieron cosiendo en su casa.
Adelina García Casillas (19 años). Militante de las JSU. Hija de un guardia civil viudo. Le mandaron una carta a su casa afirmando que sólo querían hacerle un interrogatorio rutinario. Se presentó de manera voluntaria, pero no regresó a su casa. Ingresó en prisión el 18 de mayo de 1939.
Elena Gil Olaya (20 años). Ingresó en las JSU en 1937. Al acabar la guerra comenzó a trabajar en el grupo de Chamartín.
Virtudes González García (18 años, modista). Amiga de María del Carmen Cuesta (15 años, perteneciente a las JSU y superviviente de la prisión de Ventas). En 1936 se afilió a las JSU, donde conoció a Vicente Ollero, que terminó siendo su novio. Fue detenida el 16 de mayo de 1939 denunciada por un compañero suyo bajo tortura.
Ana López Gallego (21 años, modista). Militante de las JSU. Fue secretaria del radio de Chamartín durante la Guerra. Su novio, que también era comunista, le propuso irse a Francia, pero ella decidió quedarse con sus tres hermanos menores en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo, pero no fue llevada a la cárcel de Ventas hasta el 6 de junio. Se cuenta que no murió en la primera descarga y que preguntó "¿Es que a mi no me matan?".
Joaquina López Laffite (23 años). En septiembre de 1936 se afilió a las JSU. Se le encomendó la secretaría femenina del Comité Provincial clandestino. Fue denunciada por Severino Rodríguez (número dos en las JSU). La detuvieron el 18 de abril de 1939 en su casa, junto a sus hermanos. La llevaron a un chalet. La acusaron de ser comunista, pero ignoraban el cargo que ostentaba. Joaquina reconoció su militancia durante la guerra, pero no la actual. No fue conducida a Ventas hasta el 3 de junio, a pesar de ser de las primeras detenidas.
Dionisia Manzanero Salas (20 años, modista). Se afilió al Partido Comunista en abril de 1938 después de que un obús matara a su hermana y a unos chicos que jugaban en un descampado. Al acabar la guerra fue el enlace entre los dirigentes comunistas en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.
Victoria Muñoz García (18 años). Se afilió con 15 años a las JSU. Pertenecía al grupo de Chamartín. Era la hermana de Gregorio Muñoz, responsable militar del grupo del sector de Chamartin de la Rosa. Llegó a Ventas el 6 de junio de 1939.
Luisa Rodriguez de la Fuente (18 años, sastra). Entró en las JSU en 1937 sin ocupar ningún cargo. Le propusieron crear un grupo, pero no había convencido aun a nadie más que a su primo cuando la detuvieron. Reconoció su militancia durante la guerra, pero no la actual. En abril la trasladaron a Ventas, siendo la primera de las Trece Rosas en entrar en la prisión.
jueves, 30 de julio de 2009
ENTREVISTA EN GRUPO JOLY
Publicada en Diario de Cádiz, Diario de Sevilla, Granada Hoy, Málaga Hoy, por José Abad.
PDF
lunes, 27 de julio de 2009
DETECTIVES EN LA GUANTERA 10: SALANDER Y BLOMKVIST
Escribir sobre Larsson es una tarea que se hace perezosa. En los últimos meses (no años: su primer libro lleva, en castellano, año y poco en las librerías) se ha escrito tanto, incluso en este blog (Detectives en la guantera, 6), que parece casi todo dicho. Para rematar, tenemos incluso versión en cine del primer título, que la crítica no demuele, quizá porque la zarpa de Hollywood anda lenta o no dio el tiempo suficiente para triunfar saltando el océano.
Ya se ha dicho y escrito sobre el patético final del legado de Larsson, sobre su muerte al filo de inicio del éxito, del enorme ciclorama desplegado sobre la podredumbre del Estado del Bienestar… Sobrevuela la trilogía Millenium la posibilidad de una tetralogía, con esa coda sin terminar, con un proyecto de siete pensado desde que en el año 2001, parece ser, empezó Stieg a pasar las noches aficionándose a escribir novela negra, inspirándose en los personajes de Astrid Lindgren (Pippi Calzaslargas Salander y Mikael Kalle Blomqvist).
Las poéticas traducciones de los títulos de sus libros al castellano, otorgándole un hálito del que carece en los originales, se aprecia como una estrategia editorial inapelable. Aunque en la primera entrega cambiasen el incisivo “hombres que odian mujeres” por el lírico y compasivo “hombres que no amaban…” Hay cosas que es mejor no plantear desde el principio, debió pensar Destino, que encargó tan apresuradamente las traducciones –el tirón no podía perderse- que los equipos de traductores cometieron deslices imperdonables que sólo las reediciones podrán dispensar.
Finalizada la lectura de la saga en unos tremendos libros de varios kilos que me han provocado incluso una tendinitis (dos noches, a doce horas cada una, cargando con un libro en cama, es mucho peso), las conclusiones caen por el mismo peso de encuadernación. Es cierto que estamos ante un fenómeno editorial. Cabe preguntarse si se trata de un fenómeno literario. Los efectos no son nada perniciosos. Leerse tres ejemplares de ochocientas páginas, venderlos por kilos, como si se tratase de aquellas antiguas novelas del oeste, ha obligado, sin duda, a que el número de páginas leídas por español al año alcancen un nuevo récord. Eso debería decir la estadística a esa sensación que sobrecoge las librerías reales y virtuales.
Sin embargo, anida al lector un extraño estremecimiento al rematar la trilogía. La primera entrega fue como una tormenta tremenda en el páramo de la literatura. Una historia larga y tan bien trenzada, unos personajes con definición más que digital-HD, un panorama de desolación trazado sobre el mapa feliz de Occidente, un escritor de raza surgido de la nada helada del norte. Una alternativa a Mankell, un nieto de Sjöwall y Wahlöö, bien parecido literariamente, heredero de postín. Una novela, en definitiva, con lo mejor de la novela: agarra del cerebro con fuerza, aprieta las horas de la noche y el día, agota al lector físicamente en ese esfuerzo por no abandonar la trama, cueste lo que cueste, arañando momentos a la ocupación diaria. Es la mejor sintonía que puede ofrecer la literatura: ser feliz en ese secuestro que propone una novela, un Síndrome de Estocolmo (qué acertado al caso) cuya única pesadilla es que termine, que haya que abandonar el zulo de la narrativa.
Lo consiguió a la primera, aunque ciertas jergas informáticas y largos discursos de ingeniería financiera internacional dejasen regusto a ciencia ficción. Consiguió hacerse un hueco en la apretada sala de espera del éxito, donde colocó a Salander la asocial y a Blomkvist –sonriente y apañado, qué buen chico-, con asiento de primera fila, a punto de alcanzar la rampa. La segunda entrega –La chica que jugaba con fuego en el original, ahí se perdió una metáfora para el título en castellano-, mantuvo el tono, aunque comenzó a desvariar en una larga trama de conspiraciones del Estado, de planes secretos ejercidos por pandillas de policías al margen del control democrático, de cómo los psiquiatras venden el juramento hipocrático a cambio de hacer la vida imposible a una niña… Esperábamos que la tercera diese el giro hacia una realidad más cercana, hacia ese regusto que dejó la primera entrega. Pero La reina en el palacio de las corrientes de aire, es una sencilla consecución de la segunda novela -una segunda parte de la segunda parte contratante-, una extensión de la misma trama llevada hasta las últimas y decepcionantes consecuencias.
Dos y Tres forman una sola y la Uno se queda sola, más sola que la una, manteniendo enhiesto el baluarte de la buena novela. Quizá las excepcionales expectativas trazadas en Los hombres que no amaban a las mujeres, haya supuesto una aduana excesiva. Muchos avisaron de que podíamos estar ante un bluf. Yo he caído en ese desaliento. Y con tendinitis.
Novelas de Stieg Larsson
Los hombres que no amaban a las mujeres. Destino, 2008. También en Círculo de Lectores.
La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina. Destino, 2008. También en Círculo de Lectores.
La reina en el palacio de las corrientes de aire. Destino, 2009. También en Círculo de Lectores.
Más sobre Stieg Larsson
La serie Larsson
La Vanguardia, septiembre 2008
Artículo de Lorenzo Silva en El País
Visitar Estocolmo con Larsson, en ABC
Mapa de Millenium, 2
Julio 2009. Alfonso Salazar
domingo, 26 de julio de 2009
YO, POETA DECADENTE, DE MANUEL MACHADO
Yo, poeta decadente,
español del siglo veinte,
que los toros he elogiado,
y cantado
las golfas y el aguardiente…,
y la noche de Madrid,
y los rincones impuros,
y los vicios más oscuros
de estos bisnietos del Cid:
de tanta canallería
harto estar un poco debo;
ya estoy malo, y ya no bebo
lo que han dicho que bebía.
Porque ya
una cosa es la poesía
y otra cosa lo que está
grabado en el alma mía…
Grabado, lugar común.
Alma, palabra gastada.
Mía… No sabemos nada.
Todo es conforme y según.
español del siglo veinte,
que los toros he elogiado,
y cantado
las golfas y el aguardiente…,
y la noche de Madrid,
y los rincones impuros,
y los vicios más oscuros
de estos bisnietos del Cid:
de tanta canallería
harto estar un poco debo;
ya estoy malo, y ya no bebo
lo que han dicho que bebía.
Porque ya
una cosa es la poesía
y otra cosa lo que está
grabado en el alma mía…
Grabado, lugar común.
Alma, palabra gastada.
Mía… No sabemos nada.
Todo es conforme y según.
jueves, 2 de julio de 2009
CANGUELO 0 - TRIPLETE 3
Lo dijo en la presentación de su libro -poca humildad-, el señor Laporta. Podía haberlo dicho más alto, pero no más claro. Hubo una campaña mediática incontestable por parte de la prensa madrileña. Pero no les llevó a ello una afición desmedida por el Real Madrid -ya no nos lo podemos creer- sino porque vender humo, es vender. Por eso vendieron la remontada posible, el cagómetro y el canguelo. En la cuestión del cagómetro no hace falta poner links. Pues fue así de sencillo: 3 de 3. Aunque ahora se lo callen (si el 3 de 3 hubiese sido del Madrid aún estaríamos con la vomitona de las tres copas).
Porque tras el 3 de 3 vinieron Crsitianos y Kakás, alka seltzer del mercato. Pero parece ser que Villa no quiere al Madrid. La lista de asturianos incuestionables con la camiseta blaugrana es gloriosa: Quini, Abelardo, Luis Enrique… y Villa. Seguiría la lógica Gijón-Barcelona. La otra es la de Maceda y un Luis Enrique que se fue por la puerta chica para triunfar por la puerta grande del Barça.
El presidente del Madrid perdió los papeles -dicen que lo de Cristiano Ronaldo estaba apañado por Calderón y costaba más echar para atrás que para adelante. Pero los papeles se los ha recuperado Caja Madrid. Pídale usted a la entidad del oso un crédito en un plis plas. Sin embargo, el presidente Laporta se dedica a abuchear a Florentino con que si te has pasado o has reventado el mercado. Engolosinados andan los medios con tan jugosas declaraciones.
Los medios de comunicación, estimat president son así. Medios, y por tanto compañías mercantiles, puras y duras, sin sentimiento. Aunque se llamen Sport. Venden a quien venden. Y gozan de menos respeto que una revista del corazón.
Otra cosa es los sentimientos, que a veces se dejan en el retrete de un hotel (como Figo). Ojalá Villa no se los deje en el bidé.
Porque tras el 3 de 3 vinieron Crsitianos y Kakás, alka seltzer del mercato. Pero parece ser que Villa no quiere al Madrid. La lista de asturianos incuestionables con la camiseta blaugrana es gloriosa: Quini, Abelardo, Luis Enrique… y Villa. Seguiría la lógica Gijón-Barcelona. La otra es la de Maceda y un Luis Enrique que se fue por la puerta chica para triunfar por la puerta grande del Barça.
El presidente del Madrid perdió los papeles -dicen que lo de Cristiano Ronaldo estaba apañado por Calderón y costaba más echar para atrás que para adelante. Pero los papeles se los ha recuperado Caja Madrid. Pídale usted a la entidad del oso un crédito en un plis plas. Sin embargo, el presidente Laporta se dedica a abuchear a Florentino con que si te has pasado o has reventado el mercado. Engolosinados andan los medios con tan jugosas declaraciones.
Los medios de comunicación, estimat president son así. Medios, y por tanto compañías mercantiles, puras y duras, sin sentimiento. Aunque se llamen Sport. Venden a quien venden. Y gozan de menos respeto que una revista del corazón.
Otra cosa es los sentimientos, que a veces se dejan en el retrete de un hotel (como Figo). Ojalá Villa no se los deje en el bidé.
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