domingo, 7 de diciembre de 2014
viernes, 5 de diciembre de 2014
PARA TAN LARGO VIAJE. SINOPSIS.
Año 1996. Recientemente el Partido Popular ha ganado las Elecciones Generales. Un crepuscular Matías Verdón, el detective del Zaidín, recibe el encargo de una anciana para hallar a su nieto desaparecido dos años atrás. Pero tras el escaparate de una familia recta, formal y célebre, se esconden misterios y secretos que el detective tendrá que desvelar con la ayuda de su inseparable Desastres. La historia de un largo viaje se cruza en la investigación de Matías Verdón, una historia que se hunde en la ciénaga de las guerras yugoslavas y que termina por tener unas implicaciones políticas que el detective no esperaba.
Foto de Joaquín Puga
sábado, 15 de noviembre de 2014
MESA REDONDA: EL PROCESO DE ESCRITURA
Jornadas organizadas por la Editorial Dauro. Lunes 17 de noviembre 20:30 h. Aula 8 Facultad de Derecho de Granada.
EL PROCESO DE ESCRITURA
LUNES 17 DE NOVIEMBRE 20:30
Modera:
Mariana Lozano Ortiz (editora)
Participan:
Francisco Gil Craviotto
Andrés Cárdenas
José Luis Entrala
Alfonso Salazar
EL PROCESO DE ESCRITURA
LUNES 17 DE NOVIEMBRE 20:30
Modera:
Mariana Lozano Ortiz (editora)
Participan:
Francisco Gil Craviotto
Andrés Cárdenas
José Luis Entrala
Alfonso Salazar
Ausias March
Como el enfermo que hace mucho tiempo convalece
y se esfuerza un día en levantarse
y su virtud no puede ayudarle
y más que ponerse en pie, súbitamente cae.
Así me ocurre a mí,
que contra amor me esfuerzo
y quiero conseguir lo que mi juicio manda.
Pero cumplirlo no puedo.
La misma fuerza me lleva al mismo mal
conducido por el amor mismo.
(trad A.S.)
y se esfuerza un día en levantarse
y su virtud no puede ayudarle
y más que ponerse en pie, súbitamente cae.
Así me ocurre a mí,
que contra amor me esfuerzo
y quiero conseguir lo que mi juicio manda.
Pero cumplirlo no puedo.
La misma fuerza me lleva al mismo mal
conducido por el amor mismo.
(trad A.S.)
sábado, 11 de octubre de 2014
CIEN AÑOS DE HISPANIDAD
Hace unos
cien años que un político asturiano y alfonsino propuso la celebración de la
efemérides del día en que Rodrigo de Triana avistó Guanahaní. Un abogado
gijonés propuso como primera denominación Día de la Raza, de la raza española,
se entiende. El artífice
fue el gijonés Faustino Rodríguez-San Pedro, un antepasado de Rodrigo Rato, que
por entonces presidía la Unión Ibero-Americana. La fiesta fue convocada y se extendió por todo el territorio y los estados
americanos. En 1917 el Ayuntamiento de Madrid asumió la celebración y al año
siguiente fue sancionada ley por el rey Alfonso XIII para que la fiesta se
instituyera de manera nacional, una fiesta que la Unión Ibero-Americana
celebraba en su domicilio desde 1914, y sirvió al municipio madrileño para
darle un toque entusiástico a sus fiestas populares de otoño.
Muchos de los “estados prósperos” americanos a los que se refería el gijonés en su convocatoria también publicaron legislaciones que reconocían tal efeméride, tomando como
título desde el Columbus Day de los
EEUU hasta el Día de la Identidad y
Diversidad Cultural en República Dominicana, pasando la fiesta desde Chile
hasta México. Cada país le coloca un título, y España mantuvo el de “Raza”
hasta que el alavés Ramiro de Maeztu insistió en adoptar la denominación de “Día de la
Hispanidad” y así lo reconoció el gobierno franquista cuarenta años más tarde,
en un Decreto en el que subrayaba el «inolvidable privilegio de la República
Argentina y de su insigne Presidente don Hipólito Irigoyen de extender a todo
el ámbito de la Hispanidad la celebración de la Fiesta del Descubrimiento,
hasta entonces limitada a sencillos y conmovedores actos rituales, sin
reconocimiento oficial». Irigoyen dijo en 1917 que el doce de octubre consagraba
“esa festividad en homenaje a España, progenitora de naciones, a las cuales ha
dado, con la levadura de su sangre y con la armonía de su lengua, una herencia
inmortal que debemos afirmar y mantener con jubiloso reconocimiento».
Detrás del
término “hispanidad” se puede rastrear a Unamuno, al periodista socialista Luis
Ariquistain y sobre todo a Maeztu, por entonces embajador de Buenos Aires, quien se
hizo eco de la propuesta del sacerdote, también vasco, Zacarías de Vizcarra
(autor de libros con títulos tan jugosos como Vasconia españolísima. Datos para comprobar que Vasconia es reliquia
preciosa de lo más español de España) establecido en Argentina desde joven,
que reflexionó acerca de lo impropio del concepto de raza –nada que ver con la
inexistencia del concepto desde el punto de vista antropológico– sino porque
Hispanidad, decía, «constituye una unidad superior a la sangre, al color y a la raza de
la misma manera que la 'Cristiandad' expresa la unidad de la familia cristiana,
formada por hombres y naciones de todas las razas, y la 'Humanidad' abarca sin
distinción a todos los hombres de todas las razas, como miembros de una sola
familia humana. Es una denominación que a todos honra y a nadie humilla».
Venía al
pelo su coincidencia con el Día de la Virgen del Pilar, que establece, en el
oscurantismo de la leyenda, la relación de Hispania con el apóstol Santiago,
allá por el año 40 DC, cuando en una visita a Caesaragusta se le apareció la
virgen al pie de una columna de jaspe que, parece ser, María dejó allí antes de
su Asunción. La fiesta de la virgen la asumió el municipio de Zaragoza en el
siglo XVII cuando proclamó a la virgen patrona de la ciudad. De esta manera, se
entrelazan en el calendario Hispanidad
y Cristiandad, cumpliendo el fin nada
imprevisto de Vizcarra, esto es, que la estirpe española y «toda la Hispanidad,
debe cumplir todavía dos brillantes misiones en la Cristiandad, para salvar a
la Humanidad en su más terrible crisis: 1.º Debe derrotar al Anticristo y a
toda su corte de judíos, con el signo de la Cruz (...), 2.º Debe España
completar la obra iniciada en Covadonga, Las Navas, Granada y Lepanto,
destruyendo completamente la secta de Mahoma y restituyendo al culto católico
la catedral de Santa Sofía, en Constantinopla».
Pero no fue
la paternidad única. Ricardo Monner Sans, catalán y cónsul de España establecido
en la Argentina, donde en 1892 había organizado el primer homenaje a Cristóbal
Colón en Buenos Aires, andaba obsesionado con la pureza de la lengua española e
introdujo en un discurso que pronunció en 1918 la apostilla de que le repugnaba
el título de Fiesta de la Raza, «ya que hoy, en el siglo XX, no acierto a ver
más que una raza, la humana (…) A mi parecer, y bien puedo andar descarriado en
mi raciocinio, el día 12 de octubre de cada año, no es la fiesta de ninguna
raza; es, a lo sumo, y ello ya es mucho y grande e interesante para nosotros,
la fiesta de la gran familia española (...) Apellidar Fiesta de la raza a lo
que es sencilla y netamente fiesta de la familia hispanoamericana, se me antojó
siempre inadmisible hipérbole, pues pugna con la lógica y con la historia».
La
denominación fue refrendada en 1981, pero tuvo que enfrentarse a cierta
oposición que reclamaba el día del refrendo de la Constitución Española, el 6
de diciembre de 1978, como Día Nacional. La Ley 18/1987 ratifica como
festividad nacional de España el día asociado al Descubrimiento, y «establece
el Día de la Fiesta Nacional de España en el 12 de octubre», aunque prescinde
de la denominación «Día de la Hispanidad» aunque sin derogar formalmente lo establecido en
1981, andando así a medio camino, descontentando a los unos –aquellos que
siguiesen el espíritu de Vizcarra– y a los otros que querían concebir el V
Centenario como un “encuentro” entre culturas.
Es, de todas
las maneras, interesante considerar cómo el origen de la celebración se alumbra
en un preciso momento: pocos años después del desastre en las Filipinas y Cuba,
en un arranque de patriotismo que mira hacia atrás para olvidar qué hay
delante. La postura parece que se mantiene incólume.
Pero ¿qué
vigencia tiene hoy en día la fiesta? Sabemos que no hay ninguna fiesta que
esté exenta de una tendenciosa ideología que remita al enaltecimiento de
valores determinados en su momento histórico. Ni una fiesta se salva de que
fuese alumbrada en una relación con el calendario litúrgico, con el profano,
por seguimiento o por oposición. Es una predilección acostumbrada de quien
manda y ordena la de predisponer al pueblo en la celebración para mayor gloria
de cualquier idea: no se salva ninguna. Incluyamos las celebraciones de "años
dedicados" a tareas sociales que propone habitualmente la Unesco, las magnas
celebraciones religiosas o los desfiles militares que celebran el día en que
comenzó –o fracasó– una revolución o un golpe de estado.
A día de hoy
la Hispanidad anda revuelta en su propio feudo de fundación. Sus nacionalismos intrínsecos, que siempre se han sentido en segunda división, vuelven en el péndulo histórico
a reclamar la independencia. La Historia ha dado la victoria a un nacionalismo
español y unionista frente a los rebeldes nacionalismos catalanes,
aragoneses, leoneses, castellanos o vascos, que llegan a ser tantos o más que
Comunidades Autónomas, con mayor o menor fortuna. España, que fue las Españas durante tanto tiempo, es un
producto histórico aglutinado desde la capitalidad de Madrid –que a veces puede
ser opuesta al concepto de “castellano”–, fundado por la dinastía borbónica, y
que se ha sostenido en los últimos siglos enredado en el concepto de
cristiandad, de unidad, de oposición a los nacionalismos de la periferia y
finalmente, por singularidad en tópicos. Hasta el siglo XIX España seguía siendo un territorio
que se extralimitaba de la península ibérica, que había aplastado los fueros singulares
de sus territorios con los decretos de Nueva Planta de Felipe V, que no dejaron de
ser una consecuente decisión ante un condado catalán que manifestó preferencia hacia las dinastías austriacas frente a la constante amenaza francesa más allá
de los Pirineos durante la Guerra de Sucesión.
Pero el
siglo XIX trajo el nacionalismo como una canción romántica y apasionada. Ese
fue el fortalecimiento de Europa, con sus agrupaciones máximas –como en el caso
de Alemania o Italia– y sus disgregaciones mínimas que fraguan a partir de
1900, pues Europa pasará de 24 países en 1906 a 46 a finales del siglo pasado.
Si el
ejemplo en el siglo XIX era la Francia unida se justificaría históricamente ese
empeño nacionalista español, pero no podemos perder de vista su fundamento en
el espíritu católico, muy diferente al espíritu ilustrado y ciudadano del francés.
De ahí que los intentos reorganizadores en el siglo XIX, como la I República, recojan
los afanes cantonalistas y se plantee la primera constitución federalista en 1871,
que jamás vería la luz. A partir de ahí, España descarrila en un proceso
reaccionario que desembocaría en la derrota de la República y la revolución, proyectos
que observaban la reestructuración y modernización del Estado atendiendo a demandas
históricas de los territorios, auspiciados por los movimientos románticos de
regionalismo y nacionalismo, como la renaixença catalana, el rexurdimiento
gallego, el aranismo vasco o el nacionalismo andaluz.
La extraña
situación de denominación del territorio surgido tras la Guerra Civil, cuando
el país no era ni Reino ni República, indujo al franquismo a acuñar el concepto
de Estado Español como régimen político –un concepto jurídico avanzado en la constitución
de la II República–; curiosamente esta denominación ha sido utilizada para
evitar el uso de la denominación España
por parte del nacionalismo periférico y ciertas posturas conciliadoras
progresistas.
Los planteamientos
federales, que posiblemente casaban mejor con el papel histórico de los territorios
de aquellas Españas del Antiguo Régimen, cayeron en el olvido del centralismo,
pero se avivan en momentos de zozobra: ya sea desde la lucha armada y sangrienta
con el franquismo por objetivo –y excusa, cosa que el tiempo terminó por quitarle
razones–, en la quiebra de los conceptos de solidaridad, ante el desplante del
españolismo más burdo, y en ese enredo entre lenguas diversas –que nunca han
sido reconocidas como riqueza y sí muchas veces como pesos muertos ante la supuesta eficiencia del castellano como koiné–,
de identidades patrias, plasmado en la prodigiosa confluencia de ideologías tan opuestas
como partidos agrarios, obreros y liberales, siempre coincidentes en la
necesidad de la separación. Son singulares situaciones que podemos observar en
la escasa defensa de la cultura no escrita en castellano por parte de las
instituciones españolas, como si el catalán o el gallego fuesen realmente algo
ajeno.
La propuesta
catalana que se afianza en el referéndum que la Generalitat quiere llevar
adelante, que ha chocado con la más rápida reacción de un Tribunal
Constitucional jamás vista en la historia de nuestra democracia, se da en un
momento en que el concepto de Hispanidad –de Día Nacional, o como terminemos
llamándolo–, se encuentra en sus horas más bajas. Los vaciamientos por la parte
izquierda, más preocupada por la situación social de los ciudadanos que por una
denominación nacional, el enrocamiento por la derecha, que a veces parece
volver al concepto de Vizcarra –y se sustentan, muy esquematizadas, en una
interpretación de la Constitución del 78, aquella que perdió la batalla del Día
Nacional–, y las templadas posturas
centristas que invocan el proceso de europeización como coartada ante el
nacionalismo periférico, sitúa el tema del nacionalismo en ese campo casi
apolítico que agrupa a muy diferentes tradiciones ideológicas y se llama "sensibilidad".
Es posible
que la cuestión de los nacionalismos españoles sea una cuestión sentimental, aunque
al fondo aflore la cuestión económica, como la basura en un jardín. Si fuese
así, la "falta de cariño" manifestada a lo largo de la historia por el
centralismo español, no deja de ser el principal depósito de gasolina que
enciende una y otra vez la mecha. Si la postura democrática consiste en dar voz
a los ciudadanos, el hecho de que los diversos territorios españoles no puedan
decidir su futuro es un asunto que debe enhebrarse con destreza y cuidado entre
la constitucionalidad y la Ley.
Posiblemente
se limite la cuestión a conocer quiénes son los que tienen derecho a decidir
sobre su futuro: si los ciudadanos de un territorio en particular o los ciudadanos
de todo el conjunto. Ese camino apenas transitado da por hecho ese derecho a
decidir, aunque quede por decidir el cuerpo del sufragio pasivo. La discusión sobre este cuerpo electoral tiene
antecedentes en nuestro país: en los referéndums propuestos para decidir el camino
que tomarían los procesos autonómicos, que tuvieron sus bases en el
municipalismo, nunca fue el cuerpo general de la ciudadanía española, sino
los cuerpos particulares de los territorios los que se constituirían a través del proceso.
Quizá
existen otras vías, denostadas tanto por los tibios y despreocupados como por
los unionistas y los separatistas. Esas terceras vías abogan por la
denominación de federación o confederación del concepto de compromiso que fue
el “autonómico” –que este sí, es “Marca España” y desconocido en el resto del
mundo– o bien, aparcar por el momento, y otra vez, decisiones sentimentales que
arraigan desde hace siglos en territorios del país. Aparcar es dejar a futuras
generaciones volver a enfrentarse al dilema. Los nacionalismos no desaparecen
ni siquiera bajo el mayor paraguas de las transnacionalidades, como el
europeísmo. Todo lo contrario. Y ni siquiera hemos hablado de banderas,
símbolos, himnos y selecciones nacionales de fútbol.
Alfonso Salazar
Etiquetas:
ANTROPOLOGÍA EN ZAPATILLAS,
BREVES ENSAYOS,
FIESTAS
sábado, 4 de octubre de 2014
TALLER INTENSIVO DE POESÍA
Los Talleres Intensivos Tusitalas completan los Cursos de Escritura Creativa Tusitalas que se celebran de octubre a mayo en La Expositiva y en la Fundación CajaGranada. Se desarrollan en fines de semana en Open Cultura, C/ Jarrería, 5, local a 18009 Granada. Más información en www.tusitalas.org o en el tlf 620240125. Nos puedes encontrar también en las principales redes sociales.
POESÍA ERES TÚ. Taller de escritura poética.
Un fin de semana intensivo. Sábado de 10 a 14 h y de 16 a 20. Domingo de 10 a 14 h. Precio total: 50 €. Número mínimo: 5 alumnos.
Nivel 1. Fin de semana del 25 y 26 de octubre 2014.EL KIOSKO DE POESÍA
Entre mayo de 2002 y otoño de 2006 estuve montando regularmente un kiosko de poemas en la web que abrí por entonces: www.laplazahumana.com que tenía su versión en radio y su manifestación como revista en internet. Por entonces no había redes sociales, los blogs eran cosa de profesionales e internet era un mundo por explorar, como una ciudad que comenzaba a construir y vivía los inicios de su propia burbuja. Aquella recopilación de kioskos sigue por ahí, con su aspecto desaliñado de web avejentada, en la red: http://www.laplazahumana.com/paginasplaza/poesia/hemerotecakioskos.htm
Etiquetas:
ACTIVIDADES DEL AUTOR,
SOLUCIONES POÉTICAS
miércoles, 17 de septiembre de 2014
PODEMOS Y LA IDEOLOGÍA
Cuando hace poco más
de tres años irrumpió el Movimiento 15M en la vida política, ciudadana y social
de España, los carteles de la campaña electoral de las elecciones municipales
del 22 de mayo de 2011 envejecieron de pronto. En este blog nos hicimos eco de aquella situación en que, de pronto, pareció que los modos
tradicionales de hacer política se tambaleaban ante una demanda que buscaba relacionar políticamente a los ciudadanos entre sí. No se trata
solo de derrumbar unas estructuras piramidales, o diseñadas de arriba-abajo, sino de la relación
política concebida como la relación social: un ovillo, una maraña de
relaciones.
El tradicionalismo
político se parapeta en los aparatos de los partidos, ajados,
corroídos por unas escuelas de formación añejas, generalmente conducidas por
aquellos que llevan lustros enganchados al grupo, hacen y deshacen a través de
la fidelidad y proyectan unos principios que poco importa sean violados en la
práctica cotidiana. Se ordena y manda en plaza, se promociona y se despeña, se
amamanta y se cría en una suerte de academia que pasa por las juventudes y
termina en los cargos públicos. Todos tienen su mentor, casi nadie llega de
improviso, se medra y se curra uno el puesto, el salario y el futuro. Se
progresa por dos vías: la interna del partido y la externa de la representación
pública –o llámenlo cargos de asesor- que puede llevar desde una concejalía remota al
Parlamento. Esos son los cauces que los Partidos Políticos, en nuestra
democracia, han establecido tradicionalmente; y las deudas, con el tiempo, generan
falta de transparencia; el celo y los rencores surten de facciones y venganzas;
las rencillas personales se enmascaran en discusiones ideológicas; la
estructura vertical dificulta el intercambio y la regeneración. Tanto el miedo
a la infiltración como el acatamiento de las órdenes sin más, son males que
provienen de los caldos de cultivo donde, con tantas dificultades, afloraron los
partidos españoles: un pasado de miedo y represión, y en algunos casos de malas prácticas aprendidas en casa del padre.
Hay personas que llevan decenios insertos en los aparatos de los partidos. El concepto precisa una refundación desde el prisma de la confianza democrática y de la participación ciudadana, es decir, partidos de las personas más que partidos para las personas. La tradición requiere de una mirada que descorche el tapón de las anquilosadas estructuras y acerque la ciudadanía a una de las formas fundamentales de promoción de la participación en la vida democrática y que contribuye a fraguar sus representantes constitucionales.
Hay personas que llevan decenios insertos en los aparatos de los partidos. El concepto precisa una refundación desde el prisma de la confianza democrática y de la participación ciudadana, es decir, partidos de las personas más que partidos para las personas. La tradición requiere de una mirada que descorche el tapón de las anquilosadas estructuras y acerque la ciudadanía a una de las formas fundamentales de promoción de la participación en la vida democrática y que contribuye a fraguar sus representantes constitucionales.
El 15M ha
cristalizado en diversas iniciativas, y Podemos es la que ha calado, al menos
según los resultados de las Elecciones Europeas de hace unos meses. Pueden ser
muchas las razones: la oportunidad, el alcance en los medios, el anuncio de su argumentario,
la operación madurada desde el poder académico, y también se valoran teorías
conspiranoicas, sobre las válvulas de escape que el Poder va colocando de
manera estratégica. Hay quien identifica el fenómeno con el castrismo, hay quien
con el bolivarianismo, hay muchos que con el populismo, pero tendríamos que
preguntarnos ¿qué populismo? Ninguno
de estos fenómenos de manifestación del Poder son extrapolables –ni el Frente
Popular, ni el Partido Nacionalsocialista, ni la República de los soviets- de
manera que se puedan aplicar alegremente de unas a otras sociedades, de una a otra época: la teoría
política ha mostrado en el último siglo que cada fenómeno acarrea sus peculiaridades.
Por eso los derroteros aún no los conocemos, pues todo está en marcha. Pero sí observamos efectos: incluso en los partidos más alejados en la curva ideológica empiezan a hablar de primarias y otros, ya miran por la contención de los salarios de los cargos públicos.
Según recientes
encuestas -tomadlas con pinzas- el perfil del votante de Podemos es lo suficientemente
transversal como para que no se ciña en el perfil de estudiante de una
universidad madrileña, ni de desharrapados sociales, ni perroflautas, ni
anarquistas, ni sencillamente, descontentos e indignados. Cada cual tiene una
visión del “podemista”. Cada cual de nosotros tiene algún conocido que nos ha
dicho de su cercanía al fenómeno. Algunos quizá provengan de la protohistoria
del 15M, arraigada en formas de trabajo que arrancan de movimientos que
empezaron a organizarse a principios de este siglo, como modelos de alternativa
de participación ciudadana. Otros son rebotados de formaciones donde no
pudieron o no les permitieron dedicarse a la cosa pública. Otros, descontentos
con las estructuras tradicionales de los partidos. Algunos, iluminados, entregados y doctrinales. También habrá quien sea una persona aburrida y sin otra cosa que hacer. Como en todo grupo humano. Muchos, se sienten fastidiados con el
rumbo del sistema, con sus injusticias y sus privilegios.
El retrato robot del
“podemista” ha dado tantos bandazos en los medios de comunicación que la
cercanía del fenómeno deja los argumentos en suspenso. Decía Bourdieu que uno se termina rodeando de
iguales, que la estructura social en los países occidentales mantenía unos
elementos de rigidez. Basta con que cada cual mire a su alrededor y se verá
rodeado de personas con niveles de formación académica similares al suyo, de
posición económica parecida, de inquietudes culturales semejantes. La
estructura social hace que el matrimonio entre los inmediatos descendientes de
un notario y un obrero de la construcción sea una excepción. Usted se reúne con
iguales, en los bares, en las invitaciones a casa, en las actividades lúdicas. La
estructura no es totalmente estanca, por supuesto –ni siquiera lo son las
castas hindúes-, pero solamente ciertas estructuras como los centros
educativos, los centros de salud o los polideportivos –si son públicos- reúnen
diversos segmentos sociales y la estructura se retuerce, se ovilla en la
aplicación práctica. Estos centros, cuando son privados, tienden a mantener la
separación de la estructura social y vuelve ésta a su posición, como un muelle.
El carácter transversal del votante es a lo que han aspirado los partidos
políticos, es decir, que sus perfiles no se centren en un segmento de esa
estructura social. Y esté usted en el segmento que esté, tendrá algún conocido
que habla de Podemos y se muestra como “podemista”. Las encuestas solo han
hecho fijar el carácter transversal del votante.
Por eso, la
ideología del fenómeno suscita una discusión profunda y se encuentra abierta en
canal, sobre la mesa de operaciones de la observación pública. Si en todos los
segmentos puede apreciarse, en mayor o menor medida, afinidad con las posturas
ideológicas de la mayoría de los partidos políticos al uso, lo mismo sucede con
Podemos.
Pero ¿cuál es su
ideología? Es un síntoma que Wikipedia discuta desde hace meses –desde la
irrupción del fenómeno y la aparición de los primeros representantes públicos
tras las Elecciones Europeas- acerca de cuál es la ideología de este partido en
formación. Solo conocemos el programa electoral presentado la primavera pasada.
Y poco más. Hay declaraciones sueltas de miembros de Podemos, personas que aún
no ocupan ningún tipo de cargo orgánico. Pero son declaraciones individuales,
no hay una postura institucional. Porque estamos asistiendo en directo a un
proceso efervescente de una nueva manera de hacer política, cuyo resultado solo
puede ser aventurado, pues nadie tiene constancia de adónde va. De hecho, en
esa efervescencia, está abierto a la participación de todos, y por tanto, el
proceso de afiliación en el que se encuentra inmerso, determinará y mucho hacia
dónde se dirige Podemos.
Primero, debería
establecerse un acuerdo en la definición de ideología cuando los medios de
comunicación ahondan en identificar la de Podemos. Pero sea cuál sea, es muy
probable que termine estableciéndose un concepto de ideología cercano
al conjunto de ideas sobre cómo debe desempeñarse la sociedad, un programa
político que indique la prioridad de los fines sociales, la asignación del Poder
y los métodos para alcanzar tales fines. Podemos está en ello, y se inspira en
muchos de los principios que se establecieron a raíz del 15M. Pero insistamos,
está en proceso, abierto y participativo. Y hasta que esa “ideología” no quede
fijada en un argumentario político del partido, todo serán conjeturas.
Pero podemos
conjeturar que estos principios se sustentarán sobre la revisión del desempeño de los cargos políticos sitiados por la desconfianza ciudadana
(absentismo de los cargos electos, supresión de privilegios y aforamientos,
equiparación de salarios, aumento en la sanción de los delitos de corrupción,
reducción de cargos libremente designados); las políticas de desempleo y vivienda golpeadas por la crisis económica
(políticas dirigidas hacia la reducción de la jornada laboral, la reducción de
la edad de jubilación, revisión de la política y legislación de despidos y de
los conceptos de flexibilidad laboral, establecimiento de subsidios mínimos,
rentas básicas, fomento del alquiler, política sobre desahucios y viviendas
vacías, dación en pago…); la defensa de los servicios públicos
(control de los gastos de la Administración conforme a nuevos modelos de
prioridad, la gratuidad y calidad de los servicios públicos educativos y
sanitarios, ley de dependencia, reducción de los gastos militares…); el control de las entidades bancarias, las
grandes fortunas y las grandes empresas cuando entran en contacto con el dinero
público (en cuanto se refiere a los rescates, los paraísos fiscales, mayor
progresividad de los impuestos, la especulación, las SICAV, la tasa Tobin); y lo referente a las libertades ciudadanas (la
representatividad del sistema electoral, la independencia del poder judicial,
la democracia interna de los partidos).
Grosso modo, un
programa que se identificará mucho más con la socialdemocracia –que ha dejado
un vacío en la representación pública- más que con cualquier otra ideología
política, dada la tendencia hacia el mantenimiento y viabilidad del Estado del
Bienestar y la Justicia Social. Si bien, quedará en el aire su entronque en el
sistema capitalista de gastos e ingresos, donde todo se vende y todo se compra,
y se resume a una cuenta de resultados. Ahí estará la clave de la credibilidad
del proyecto político.
El sistema adoptado
de decisión orgánica se encuentra en constitución, buscando una viabilidad que
entronca con los procesos asamblearios, pero se tiñe con la irrupción en
nuestras vidas de las redes sociales. En todo lugar hay riesgo. Las asambleas
pueden ser rígidas y tediosas, impermeables, dogmáticas. Pueden optar por el
mandato imperativo que lleva al callejón sin salida de la negociación
imposible. Los Círculos, que es la base de funcionamiento, se organizan
territorial y sectorialmente, pero ¿es esa la base apropiada para una sociedad
interrelacionada y que busca romper los muros que estancan unos grupos de otros,
que anda tras la glocalidad? ¿Es la
herencia sindicalista del sectorialismo una aplicación actualizada para
sectores sociales que se agrupan por tendencias demográficas, de desclase
social, de inquietudes y anquilosamientos culturales? El movimiento se
demuestra andando.
Sea cual sea el sistema de decisión que se tome, en los principios
que cimentan los conceptos ideológicos esbozados se percibe en unos una impresión de la
vaga y deseable noción de sentido común (pero ¿no es la dación en pago algo “de
sentido común”?), en otros la Declaración Universal de Derechos Humanos, y
muchos se encuentran ya –sin que nos debamos sorprender- en la Constitución de
1978, si bien su desarrollo legislativo ha tomado en determinados casos un
aspecto fantasmal. Pero, en su mayoría giran en torno a dos aspectos
principales: el equilibrio igualdad-libertad y llamar la atención sobre algo
que la sociedad empieza a vislumbrar con temor: el ahondamiento de la brecha
social.
La prevención frente al stalinismo, el castrismo, el chavismo
y otros “ismos” se enfoca en las sombras y las luces. Depende de cómo se mueva
el foco se percibe mayor o menor temor a uno u otro derrotero. La implicación
ciudadana en la política siempre debe ser consciente de los peligros a los que conducen
las ideologías totalitarias: el equilibrio entre igualdad y libertad en las
sociedades modernas tiene mucha paleta de grises. Y es una importante lección
histórica cómo la democracia no casa con las limitaciones de las libertades
públicas, así como viene siendo otra cómo las libertades individuales no deben
interferir en un reparto igualitario y equilibrado de la riqueza. El binomio
libertad-igualdad, con la aplicación de la variable seguridad, no debe quedar
en una bipolaridad sistémica que sí conduce inevitablemente al populismo: populismo
en el sentido de tomar medidas contrarias al estado democrático para defender
la hegemonía política de unos pocos.
Pero pareciese que una parte de la sociedad está marcando un
camino, señala unas líneas rojas que considera que ni el Estado ni la Sociedad
deben traspasar. Esas líneas están abocetadas en la Constitución y en la
Declaración de Derechos Humanos. Hay por supuesto aspectos constitucionales que
serían revisables desde el acuerdo pues las sociedades avanzan sobre las
constituciones, no deben quedar aferradas a sus pesos muertos. Hay que atender
a los desvíos tomados en el desarrollo legal de aquellos asuntos que en el
marco constitucional, a veces demasiado laxo, han derivado hacia una pesada
cadena que tira para detrás más que hacia una sincronía que mira el ahora. Y
como paisaje de fondo el deambular de una agarrotada manifestación de la
política, alejada de la ciudadanía, vetada, sustraída por acuerdos tácitos
político-financieros. Marcar las líneas rojas del sistema es una solución de
excepción es una situación excepcional, cuando la regeneración y la higiene
democrática se hacen imprescindibles.
Alfonso Salazar
martes, 16 de septiembre de 2014
CURSO ESCRITURA CREATIVA 2014-2015
Ya está convocado el Curso de Escritura Creativa en La Expositiva para el curso 2013-2014.
viernes, 12 de septiembre de 2014
ANTECEDENTES DEL SISTEMA BECARIO
El siguiente texto es un extracto del capítulo IV de la
segunda parte de “La Forja”, el primer tomo de La forja de un rebelde, escrito
por Arturo Barea en 1951, donde el protagonista charla hacia 1915 con un compañero
de trabajo sobre los meritorios. El “Sistema Becario” que se ha impuesto en
nuestro país, parece que tuvo su prehistoria.
- Hay en Madrid veinte bancos; a cincuenta meritorios cada
uno son un millar. En España habrá un promedio de doscientos bancos con veinte
meritorios cada uno, son cuatro mil chicos; hay millares de casas de comercio
que tienen meritorios sin sueldo; así que hay millares de chicos que trabajan,
no ganan nada y además quitan de trabajar a los hombres.
- Pero, Pla .le digo yo-, es el aprendizaje.
- ¿Es aprendizaje? Es la explotación sistemática del chico.
Está muy bien estudiada. Cuando lleves aquí siete u ocho meses, un día te
pondrán en la calle; si entonces vas a otro banco y cuentas que has estado aquí
ocho meses y te han despedido, no te admiten. Si te callas, tienes que estar
otro año de meritorio, para correr el riesgo de que te despidan a los ocho
meses. Y te encuentras en la misma situación. Si buscas un trabajo en una
oficina particular, te dirán que aquel negocio no es un negocio de banco y que
si quieres puedes entrar de meritorio, para que aprendas sus particularidades.
La única posibilidad de romper este círculo vicioso es aprovechar ahora y pedir
trabajo mientras estás trabajando en el banco. Así es más fácil encontrar una
casa que te dé cinco o seis duros de sueldo al mes.
- Pero yo quiero ser empleado de banco.
- Bueno. Pues entonces prepárate a tener paciencia.
(La forja de un rebelde. Arturo Barea, 1951)
Etiquetas:
ANTROPOLOGÍA EN ZAPATILLAS,
TOMA YA
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
















